El ‘shock’

03 de marzo 2026 - 03:07

En aquel tiempo, él me mandaba fotos de los mercados de Teherán, de los umbrales de Persépolis, de la luz traspasando las vidrieras de siete colores de la mezquita Nasir al-Mulk, de sus avances semana tras semana en caligrafía persa. Una mujer –comentábamos– no podría hacer un viaje allí y así, largo y sin compaña, del mismo modo que tampoco me siento segura cuando voy sola a otros países culturalmente más próximos. (El feminismo ha llegado demasiado lejos –dicen algunos–, pero las mujeres no podemos doblar según qué esquina). Pero todo esto era antiguamente, hará lo menos cuatro días, cuando hacíamos escala en Doha o atisbábamos desde este lado del Jordán –ya sin rastro de turistas– la humareda que levanta la espada de Israel. Ahora, él no estaría seguro en Irán ni yo en Jordania. Ni nadie en Ucrania, Venezuela, Rusia, Haití, Líbano, Palestina…

Como cuando Venezuela, se pone dura la cosa para quien pretenda armar, para tranquilidad de su cristiana y europea conciencia, una justificación moral a este nuevo ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, pues Trump y Netanyahu ya no se tapan, lo que exige a quienes les apoyan a dejarse de “cursilería” (Ayuso dixit) democrática y esas mandangas del derecho internacional, y quitarse también la careta. Al menos, les vemos el rostro. Esto no va de acabar con regímenes teocráticos ni dictaduras bolivarianas en aras de la libertad: va de poder y dinero, punto. Europa se esmera en esconder la cara. Su silencio la delata.

Después del shock del genocidio de Gaza, después del shock de Venezuela, el ataque a Irán y la mayor desestabilización del polvorín de Oriente Próximo nos pilla retuiteando no sé qué de los therians o la vida cañón de los boomers (los de mi casa tienen más bien el espinazo roto de trabajar). Cada nuevo salto mortal nos pilla más noqueados. Es como si hubiéramos asumido que a partir de ahora puede pasar cualquier cosa, y que nos va a dar lo mismo mientras tengamos datos en el móvil. Las preguntas más urgentes y evidentes (¿Cómo es que las bolsas, de pellejito tan fino, no se desploman cada día, arancel tras arancel o con el colapso de Ormuz?) nadie se las formula. Más acá que el shock de la barbarie, me dejan en shock quienes ya no callan solo y miran hacia otro lado: aplauden, quien sabe si también en shock. Nos urge salir claros de la turbación.

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