Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Si nos ponemos tan dramáticos con Groenlandia, no veremos el drama. Mantengamos, pues, la calma para aterrorizarnos por las razones correctas.
Trump no tiene la intención de forzar la anexión militar del territorio de un fiel aliado, miembro de la OTAN y de la Unión Europea. Pero sí la tiene de hacerse con Groenlandia por un cóctel explosivo de geopolítica, recursos, prestigio nacional (y personal) e inercia histórica. No hay que olvidar nunca que es, ante todo, un hombre de negocios neoyorquino. Ha visto una oportunidad redonda y quiere amarrarla a toda costa.
O sea, que quiere comprarse Groenlandia. No es algo novedoso. La expansión de Estados Unidos ha sido, en buena medida, a golpe de chequera, algo muy elocuente de una súper potencia en los tiempos del capitalismo. Dime cómo te expandes y te diré qué imperio eres. El español lo hizo con la cruz por delante; el norteamericano, con la billetera. Compró Luisiana a Napoleón Bonaparte en 1803, y duplicó el territorio estadounidense: quien entonces decía “Luisiana” decía Luisiana, Arkansas, Misuri, Iowa, Dakota del Norte y del Sur, Nebraska, Kansas y Oklahoma enteritos, y parte de Montana, Wyoming, Colorado, Nuevo México y Texas. El precio: 15 millones de dólares. Luego vinieron Florida, comprada a España; la compra de Gadsden, a México; y Alaska, a Rusia. Con Groenlandia Dinamarca no perdería la virginidad: en 1917 ya vendió a los estadounidenses las Islas Vírgenes. Por supuesto, no fueron negocios limpísimos: hubo presiones y se jugó con la baza del mal menor. O con la maza. Trump no está siendo original tampoco con su apelación al “mejor vamos a llevarnos bien”, un clásico de la diplomacia.
Lo dramático es que el negocio le va a salir baratísimo. Dinamarca –como buena parte de Europa– ha hipertrofiado los derechos de autodeterminación de sus pueblitos mientras adelgazaba su músculo militar, su sentimiento de pertenencia, la conciencia de su dignidad y su prestigio internacional. En una sociedad donde todo se vende, se vende todo, por decirlo con Perogrullo. Estados Unidos está mostrando el palo y la pela, pero tirará de dólares. Contentar a 57.000 groenlandeses descontentos va a ser muy fácil. El drama no son los tambores de guerra, sino la trama sorda de la decadencia europea. Lo de Groenlandia va a ser muy frío.
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