Notas al margen

Teófila da miedo

Los populares están obligados a ir a por todas pero tendrán complicado buscar al sustituto de alguien con tanto carisma

El PP tiene tan complicado encontrar al sustituto de Teófila Martínez que le da miedo pensarlo. Han pasado casi siete años desde que perdiera la Alcaldía y aún no se decanta por el próximo cartel electoral, tras el fiasco de 2019. No lo tiene fácil porque Teófila era tan carismática, que arrastró a muchos más gaditanos de los que votarían a la derecha más o menos moderada en condiciones normales. Al conocer que ella presidiría el último congreso del PP, en Sevilla, no pocos lo vieron como la confirmación de que el PP medita pedirle que se presente. Pero una cosa es admitir que los populares no tienen las ideas claras y otra apostar en serio por Teófila. Sería como admitir un fracaso colectivo y es difícil creerlo porque, además, la ex alcaldesa se lo tendría que pensar dos veces. Tiene muy poco que ganar -más allá de quitarse el regusto amargo de dejar la Alcaldía a la fuerza- y bastante que perder, y no sólo por la posibilidad de sumar otra derrota.

Teófila, en cualquier caso, tendría la última palabra. No está en una posición tan comprometida como la de otros compañeros como la diputada María José García-Pelayo, a quien la dirección sí podría presionar para volver a ser candidata, en su caso en Jerez -idea que cada vez suena con más fuerza- para mantener intactas sus opciones de seguir en primera línea. El caso de Teófila, de vuelta de la catedral hace tiempo, nada tiene que ver. Los populares son conscientes de que esta vez no se podrán conformar con otro resultado que no sea la victoria y para ello necesitan a alguien con capacidad de liderazgo, lo que ni se compra ni se vende. José Manuel Cossi y Bruno García están llamados a dirigir el destino de las nuevas generaciones a las que se corre el riesgo de condenar si no se les permite demostrar su valía. Juancho Ortiz ha liderado la oposición, pero sería una apuesta continuista. Y lo mismo pasa con Mercedes Colombo, de la que también alguno habla, mientras que los jóvenes se resignan a la espera de que, tras más de 25 años, se deje de contar con las mismas caras. Frente a un PSOE que renovó cuando tocaba sus listas en la provincia, y al que no le tiembla el pulso para dejar en la cuneta incluso los cadáveres (políticos, se entiende) más insospechados, al PP le cuesta romper con el pasado, en detrimento de su imagen. Apenas falta un año para las municipales y Kichi se mantiene entre dudas en la rampa de salida buscando a quién entregarle el testigo. El PSOE no termina de repuntar, lastrado por sus bandazos y por el desgaste del Gobierno de Sánchez, que podría marcar el ciclo electoral. Resulta paradójico que justo estos días los populares de Chiclana hayan presentado un proyecto para la "regeneración del partido", lo que no ha sido acogido con gran entusiasmo porque el lema puede parecer confuso. Pero tiene gracia que una localidad de la Bahía donde los jóvenes del PP sí gozan de protagonismo sea en la única que se habla abiertamente de renovar los rostros y las ideas. Sin duda, porque nadie tiene nada que perder.

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