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Ricos y pobres

Más libertad y más justicia serían también buenas recetas para problemas educativos de fondo

El País ha publicado un meticuloso estudio sobre el nivel de renta de las familias según los colegios. Se titula, muy dramáticamente, "¿Escuela de ricos, escuela de pobres? Cómo la concertada y la pública segregan por clase social".

Los datos son indiscutibles: hay diferencias de renta entre los colegios. Lo importante y difícil es hacer bien la lectura y dar con las soluciones correctas. A ver si estamos confundiendo causas con consecuencias. Si los colegios privados cuestan una pasta y no hay desgravación ni ayudas, ¿no va a ser que lo que segrega es la ley de la oferta y la demanda? ¿No será lógico que los empresarios pongan sus colegios donde hallan demanda? En la pública y concertada también hay segregación. En su caso, porque, como se impone un criterio de admisión residencial, los colegios e institutos en barrios más ricos tienen alumnos con mayor nivel de renta familiar.

Esto no tendría demasiada importancia si no fuese porque los alumnos con mayor nivel socioeconómico obtienen, en términos generales, mejores notas, y la enseñanza no parece capaz de reparar ese sesgo.

¿Qué solución se ofrece? La tentación es imponer en los colegios porcentajes de alumnos desfavorecidos y mirar con creciente desconfianza a los privados, a los concertados y a la autonomía organizativa de los públicos. Esto es feo por los alumnos a los que se marca como "de cuota" y por poner el énfasis en el control.

¿Por qué no la más absoluta libertad de elección de centro y la instauración del cheque escolar? Con el cheque, el Estado ofrecería a cada familia el dinero que cuesta una plaza escolar por hijo, con la que podrían pagar cualquier centro de su elección. Desaparecerían los impedimentos burocráticos y los impedimentos económicos para una mayor variedad de alumnos en los centros elegidos según criterios ya exclusivamente formativos o de ideario educativo.

Pero la respuesta automática a la propuesta del cheque escolar es: "Si quieren un colegio privado, que lo paguen". Eso discrimina a aquellas familias que preferirían un colegio privado, pero no pueden pagarlo; y a aquellas que pagan religiosamente sus impuestos, pero que tienen que pagar, además, otra educación por ejercer su derecho constitucional a la libre elección. Encima, se ha generado, como vemos, el problema de fondo de la segregación escolar. La auténtica solución pasa, como casi siempre, por más libertad y más justicia.

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