En tránsito

Kremlinólogos

Lo que no es más que subidón de ego o codicia de los políticos se interpreta en una clave lógica que ya no tiene ningún sentido

En los años de la Guerra Fría existían los kremlinólogos, esos supuestos expertos que en Estados Unidos se dedicaban a analizar con una fría lógica las decisiones que se tomaban en el Kremlin. Si por ejemplo se ordenaba un nuevo despliegue de tropas en la frontera con Irán o se deportaba a Siberia a un ministro de armamento acusado de espiar para la CIA, estos expertos se devanaban los sesos buscando una clave lógica que pudiera explicar la decisión. "El zar rojo del Kremlin da muestras de prudente pragmatismo desplegando tropas en la frontera sur y apartando del núcleo duro del poder a Iván Ivánovich Ivánov, conocido halcón del ala más dura del gobierno". Eso decían los kremlinólogos. Los pobres no sabían que Iván Ivánovich Ivánov había sido enviado a Siberia porque Stalin, borracho como una cuba, había tomado la decisión en medio de una de sus interminables francachelas en el Kremlin, mientras sus jerarcas, también borrachos como cubas, participaban en un ruidoso concurso de pedos a las cinco de la madrugada.

Y algo así está pasando ahora entre nosotros. Si nuestros jerarcas de la Moncloa o de las comunidades autónomas toman decisiones que parecen arriesgadas o incomprensibles, nuestros kremlinólogos corren a buscar una explicación lógica que pueda relacionar esa decisión con una calculada estrategia a largo plazo. "Jugada maestra de Pablo Iglesias, que de un plumazo aniquila a Errejón, descoloca a Pedro Sánchez y se asegura la supervivencia de Podemos en Madrid. Iglesias sigue siendo un estratega de primer nivel". Eso dicen nuestros kremlinólogos. En realidad, lo más probable es que Iglesias haya tomado la decisión a las cuatro de la madrugada, después de haber visto los seis episodios seguidos de La conjura contra América y en medio de uno de sus habituales subidones de ego que le hacen creer que Hitler ha ganado las elecciones en España y que sólo él puede salvar el mundo de las garras del fascismo.

Y así estamos. Lo que es pura locura o pura codicia desenfrenada de agarrarse a un nuevo sueldo o a un nuevo cargo -el que sea-, lo que no es más que subidón de ego o despecho o estupidez o maldad, se interpreta en una clave lógica y racional que hace siglos que ya no tiene ningún sentido. Y mientras tanto la economía se desploma y sube la electricidad porque -según dicen- no hay viento. Portentoso.

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