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Yo te digo mi verdad

Humanos como insectos raros

Hay alcaldes que creen que su permanencia en el cargo depende de que cada Navidad sea más larga y brillante que la anterior

Algunos, muchos, de nuestros responsables políticos deben de tener una concepción de su público electoral que los lleva a considerarnos como insectos. Ya saben, como si fuéramos una especie muy grande de lepidópteros que han perdido las alas pero seguimos acudiendo frenéticos hacia la luz. Lo malo es que, en este supuesto metafórico, puede que tengan razón. Consideran que si encienden muchas bombillas, con mucha potencia y muchos colores, muchos de nosotros acudiremos simplemente a verlas, a dejarnos hipnotizar por sus destellos. Y luego, como aquellos niños de Hamelin, pero sustituyendo la flauta por el interruptor y la música por las candelas, desfilaremos cegados y sumisos a los comercios del centro, ya sea este urbano o comercial, para sacudir con alegría nuestros bolsillos y pasar la tarjeta bancaria por el censor electrónico. Y todo eso, con la euforia de la cigarra que ha dejado atrás por unos días su disfraz de hormiga.

Hay ciudades en nuestro país, como Vigo y Málaga, que están haciendo del encendido del alumbrado navideño una seña de identidad. Cientos de miles de personas-insectos acuden de toda España y de buena parte de Europa simplemente a contemplar su luz, como niños embelesados por las velas de su tarta de cumpleaños pero sin querer apagarlas nunca. Creo que sus alcaldes están convencidos de que uno de los secretos de su permanencia en el cargo es precisamente que cada Navidad sea más larga y más brillante que la anterior. En la ciudad gallega, la iluminación extraordinaria se acabará convirtiendo en ordinaria (en el sentido que se le quiera dar al término), dado que este año alcanzará casi los dos meses de duración. Y todo, con el no muy bien fundado criterio ideológico de "animar a la gente a salir y gastar".

Transcurre este fenómeno con el beneplácito entusiasta de la ciudadanía, que mientras contemplamos este derroche de gasto en el año en que está más cara la elecricidad, y nos organizamos en familia o grupos de amigos para ir "a ver las luces", igual a continuación nos da por criticar, en la barra del encantado y céntrico bar, que se facilite un bono cultural a los jóvenes para comprar libros, acudir al cine y ¡oh gran pecado! gastar en videojuegos. O que se destine algún millón a promocionar la igualdad. Como especie de insecto, la verdad es que los humanos somos muy raros.

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