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A paso gentil

antonio brea

Circunloquio educativo

Nuestros políticos carecen, por convencimiento o incapacidad, de un modelo firme de arquitectura estatal

Circunloquio es uno de los innumerables vocablos de origen latino que constituyen el corpus fundamental de la lengua española. La RAE lo define como "rodeo de palabras para dar a entender algo que hubiera podido expresarse más brevemente". Conforme se suceden los mandatarios, estos son cada vez más aficionados a semejante figura retórica, como evidencia la extraña denominación de la nueva Consejería competente en materia de enseñanza, dentro del organigrama diseñado por Moreno Bonilla y sus asesores.

Patricia del Pozo, sin antecedentes en el terreno de la docencia y la pedagogía, es desde la semana pasada la flamante consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional. Desconcertante nombre para un órgano administrativo que cae en manos de la mujer que estaba al frente de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico.

Obviando el polémico desglose en dos términos de lo que siempre se plasmó en uno solo, nos encontramos ante la última reestructuración de una realidad que anteriormente se ha compuesto de educación y ciencia; educación, cultura y deporte; educación y deporte y, por supuesto, de educación a secas. Cambios similares, aunque sin coordinación entre ellos, a los padecidos por su Ministerio homólogo.

Despilfarro aparte en actualización de impresos y soportes que quedan obsoletos en cada uno de estos giros, se pone de manifiesto que nuestros políticos carecen, por convencimiento o incapacidad, de un modelo firme de arquitectura estatal, optando por una constante experimentación en la distribución de competencias.

En su descargo hay que decir que no resulta fácil determinar los campos de actuación con los que está más íntimamente ligada la educación no universitaria. De hecho, sorprende que los asuntos relacionados con la Universidad se regulen en otros departamentos, teniendo en principio mayor vinculación que los del deporte, por ejemplo. De tal fractura entre el mundo universitario y no universitario deriva igualmente la tendencia a que la dirección política de la educación y la ciencia no sea común, contrariamente a lo habitual en épocas próximas en el tiempo.

Ciertamente, la complejidad de gestión de los niveles educativos preuniversitarios justifica sobradamente la existencia de una Consejería de Educación, o en su caso Ministerio, sin más perejiles. Y eso es de veras la nueva entidad, por más que se afronten innecesarias piruetas lingüísticas o se resalte a la FP como parcela con personalidad autónoma, lo que indiscutiblemente posee.

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