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Chirigótico

La argamasa de la historia es esta cosa de que el último Papa auténtico fue Pío XII; los posteriores fueron falsarios

José Luis García Cossío El Selu (Cádiz, 1962) ya tiene, si quiere, el armazón de su próxima chirigota: Las Clarisas de Belorado y el Obispo que está al lado. No, no creo que le ponga este nombre, los hay mejores. Entre otras cosas porque no es Obispo, sería en todo caso el supuesto obispo nacido en la provincia de Jaén, el obispo travestido de obispo preconciliar, porque en verdad no es obispo, es este adelanto del tipo de la chirigota que puede que haga mi admirado Selu. Mas qué tirón mediático tiene el tío. Sale en prime time casi todos los días en todos los informativos de televisión, tan estirado y almidonado. Sale ‘dando’ misa en latín, de espaldas al pueblo de Dios; sale saliendo de su casa de Bilbao, antes asistido por una asistente de cofia y un exbarman de alzacuellos y sotana muy planchada; salir del portal de su casa; entra en el monasterio de las clarisas castellanas… Y al fondo del escenario dos grandes conventos de esta orden antigua, sobre todo uno, famoso por su chocolatería. Sobre el que se cierne la sombra alargada del dinero, caso de que entre el ladrillo en su superficie. La argamasa de la historia, ciertamente escandalosa si no fuera tan chirigótica, es esta cosa de que el último Papa auténtico fue Pío XII, los posteriores no lo fueron sino falsarios, pese a los cónclaves y todo lo demás. Así así con la llamada iglesia palmariana y su intrahistoria interminable desde las supuestas apariciones en el Palmar de Troya, el pequeño y humildísimo pueblo campesino de la provincia de Sevilla, hasta nuestros días. El verdadero obispo de Jaén, monseñor Chico Martínez, puede que se haya estremecido alguna vez con la patria del chirigótico, de nombre Pablo de Rojas, en la actualidad refugiado en el convento de clarisas de Belorado y excomulgado por el obispo de Bilbao en 2019. Es aquí también pertinente la pregunta definitiva: ¿qué nos pasa? Vamos de la enemiga de un ministro a la tauromaquia a las graves acusaciones del presidente de la república argentina a la mujer del presidente Sánchez. Y esto de don Pablo de Rojas vestido de obispo al que no le falta un perejil de la indumentaria de un obispo de entonces, cuando reinaba en la iglesia universal Pío XII sentado en la silla gestaroria. La lupa está puesta sobre la especulación posible y los títulos de propiedad de los conventos y solares en donde están asentados desde hace siglos. Y de camino en este sujeto vestido de obispo preconciliar, de chirigota. ¿El fin de la historia? Es para un hagan apuestas. Mientras mejor meter la cabeza bajo las alas.

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