El Alambique

Juan Clavero

jclaverosalvador@gmail.com

Estamos vendíos

Llevo tres semanas intentando conseguir una consulta telefónica con mi médico de familia; eso lo dice todo de cómo está nuestra sanidad pública. Están desbordados, y nosotros desatendidos. Soy de los que siempre ha defendido la sanidad pública, y me creí eso de que era una de las mejores del mundo; pero ante el embite de la pandemia, se ha desmoronado. Tantos y tantos recortes en personal y presupuesto la han llevado al colapso.

Como funcionario del estado, nos dan la opción de escoger entre la sanidad pública o empresas privadas. Escogí la pública, y siempre me he mostrado satisfecho de la atención recibida. Sabía que estaba en manos de los mejores profesionales.

Ahora ya ni siquiera puedo hablar con un operador para solicitar cita médica. Me contesta un ordenador (no soporto eso de hablar con una máquina), que me interroga: si su llamada está relacionada con receta o trámites administrativos, marque 1; si está relacionada con una cita en su centro de salud, marque 2; si con coronavirus, marque 3. Pues marco 2, y me pregunta por mi DNI y la fecha de nacimiento, para seguidamente preguntar si yo soy yo; pregunta estúpida donde las haya. Le confirmo que soy yo. Y todo para terminar diciéndome que no hay citas disponibles, que deje mi teléfono que ya me llamarán. Y sigo esperando.

Voy al centro de salud, espero mi cola en la calle, pido cita, informo que llevo dos semanas de espera, y me dicen que no hay, que la agenda de cada semana se abre el jueves de la semana anterior; como es jueves, pido cita, pero me dicen que tiene que ser más tarde, que mejor llame por teléfono, y me dan cinco números de teléfono. Llamo, y llamo, y llamo... y nadie responde.

Me modernizo y bajo la APP de Salud Responde. Solicito cita y me sale un anuncio: en 14 días no hay agenda disponible.

La primera oleada de la pandemia cogió a todo el mundo desprevenido. Esta segunda ola era de esperar; ¿a qué se han dedicado los responsables de la Consejería de Salud? Nuestro dicharachero consejero -que no sé si lo entendería el senador Maroto- barrunta que todo funciona bien. ¿A qué centro de salud irá él?

La situación es tan preocupante, que por vez primera vez me da miedo enfermar, y no tanto por la enfermad en sí, sino porque sé que no me van a atender como es debido.

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