Esto no se hace, loco. Tú no puedes irte así porque sí de la noche a la mañana. Tú no puedes dejarnos huérfanos de tus coplas porque a ti te dé la gana. Tú no puedes morirte sin avisarnos y sin más. Pero qué te has creído, Capitán Veneno. Todos sabíamos de tu locura, pero nunca hasta el punto de llegar a hacernos lo que nos ha hecho. Y ahora qué vamos a hacer cuando llegue febrero. Contra quiénes vamos a revelarnos sin que tú lo vayas pregonando en tus versos. Quién va a cantarle como tú le cantabas a la vida, al amigo, a la madre, al padre y al espíritu santo. Quién va a enfrentarse al poder establecido como tú lo hacías en un solo golpe de copla. Quién va a despertar a Cádiz cada mañana para hacer que siga luchando.

Yo no sé qué estarán haciendo ahora tus admiradores. Seguramente andarán llorando con tus recuerdos sin saber siquiera que no te has ido. Que tú no te irás nunca. Que tu espíritu rebelde andará revoloteando eternamente por cada rincón de Cádiz. Que los duendes del Gran Teatro Falla saldrán cada noche a buscarte en la sombra entre los bastidores, las butacas, los palcos, el anfiteatro y el paraíso para que les siga arrastrando hacia el infinito de tu locura con la que nos contagiaste a todos con tus coplas irreverentemente incorrectas pero certeras. Dinos qué nos ha hecho. Con qué irrespetuoso personaje pretende sorprendernos como siempre. Qué andas rondando tu quijotesca cabecita. Cuántas verdades como puños hecha coplas te llevas contigo sin llegar a cantarlas para resarcirnos del desagravio de tanta injusticia, de tanto ultraje y de tanta inmundicia a la que siempre te enfrentaste haciendo que nos sintiéramos libres oyéndote cada año.

Ahora escúchame tú, loco amigo. Hoy al saber de tu ausencia, me ha llegado a la memoria aquellos años setenta, cuando aquellos veranos con tus padres Juan y Estrella nos sentábamos juntos a la orilla de la playa Victoria. Delante del Hotel Playa. Tú eras solo un renacuajo. Y cuántas veces, a instancias de tu padre, fui a sacarte de entre las olas para que no siguieras tragando agua. Ojalá, mi querido Juan Carlos, hoy hubiese podido rescatarte de ese mar ingrato de la vida, como cuando eras niño, para seguir teniéndote entre nosotros y conseguir así que la locura de tus coplas no nos faltase nunca.

Hasta siempre, gaditano empedernidamente loco.

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