El parqué
Caídas generalizadas
La Corredera
Es materia delicada y no me voy a pasar, simplemente comentar y decir algunas cosas que entiendo son necesarias saber, sobre todo para quienes se inician en relacione sexuales. Y es porque en nuestras revistas profesionales nos alertan que incorporemos a nuestros consejos el hecho que hay un aumento importante de enfermedades de transmisión sexual. Ni más ni menos. En la botica estamos boticarios y boticarias. A veces solemos comentar el tema, por delicadeza, los unos a los unos y las otras a las otras. Todo con la suficiente delicadeza y sin pasarnos. Pero no pasa nada y es natural que todos lo expliquemos siempre que haya lugar u ocasión.
En estas enfermedades, las más corrientes son herpes genital, gonorrea, ladillas, sífilis, tricomoniasis y hasta hepatitis. Pero todo se puede evitar con las suficientes garantías. Yo no soy cura y mi intención no es moralizar. Pero si alertar profesionalmente para evitar males, que algunos tienen carracuca. Y es que cuando llega la pubertad, sobre la primera juventud, ellos y ellas tienen las tendencias propias y derivadas de las hormonas femeninas y masculinas que producen sus efectos, sobre todo, las apetencias hacia el otro sexo. La naturaleza es sabia y nada es malo, solo que hay reglas y que no hay que ser idiota, porque dejándote llevar por la androsterona o la progesterona, te contagies y lleves la cruz no se sabe cuánto tiempo y encima lo transmitas.
No hay que tener miedo a preguntar o a informarse debidamente. Nadie se extraña de tus preguntas y, además, con el debido secreto profesional. Pues hay, aparte de consideraciones sociales y religiosas, prácticas y métodos que te salvan de complicaciones. Lo que es necesario e imprescindible es que si sientes algún síntoma o lo parece, debes ir al médico.
Para no hacer el artículo demasiado pesado o técnico, os cuento alguna anécdota al respecto. Me pide uno en la farmacia unos preservativos marca ‘Duralex’; le digo que ‘Duralex’ le va a hacer daño, que se llaman ‘Durex’. Otro llega a las tres de la madrugada y pide unos preservativos. Se le dice: “Hombre, que la guardia es para asuntos urgentes, por favor”, a lo que contesta: “No será urgente para usted, pero para mí si lo es”. Y tercero, una señora que me pide con urgencia un consejo y me exige que sea en el despacho, que es muy delicado el asunto. La llevo al despacho y me dice: “Por favor, no le dé usted más pastillas de ‘Bisagra’ a mi marido que me trae loca”. Son anécdotas para no hacer muy serio el artículo. Ahí quedan con el debido respeto y por supuesto, “decir el pecado pero no el pecador” o lo que es lo mismo, con el máximo respeto a los protagonistas.
P.D. Así pues, ojo ojito al tema, que todo es posible, pero estas enfermedades son cada vez más frecuentes y luego difíciles de erradicar, y además que uno contagia y el otro la propaga y así sucesivamente. Y, por otra parte, permítaseme decir que el amor es lo más grande que hay en la vida y que no necesariamente exige pasarse de la raya.
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