Tráfico Las cámaras que multarán en Cádiz por entrar en el centro de la ciudad sin cumplir los requisitos

Estuve años ansiando un limonero. Mi entorno los lucía en sus jardines tan cargados que daban ganas de alargar la mano y coger algunos solo para que no se desperdiciaran. Mi padre en la casa familiar tenía uno, hermoso y generoso, capaz de madurar por los menos 200 limones a la vez. Yo quería el mío. Me encanta su olor, el verde perenne de sus hojas, la posibilidad de cogerlos yo misma. Planté varios y se estropeaban, no daban fruto aunque yo los trajera del vivero con algún limón colgando como prueba de que realmente los sabían hacer. Mi hermano me había regalado otros cítricos para intentarlo, probamos con un naranjo, un pomelo... Nada.

Finalmente he conseguido uno. Se ha adaptado, es lunero, echa flores en cualquier época del año. Me gusta ver el milagro del fruto engordando y cambiando de color. A veces me desespera su lentitud. Pasan meses hasta que transmutan totalmente el verde por el amarillo y, cuando lo hacen, es como si se contagiaran, maduran casi todos a la vez.

Tengo una amiga que va este fin de semana a coger cerezas a Las Hurdes a la finca de su hermana. El año pasado se perdió toda la cosecha; este año hay poca también. Se les abren en el árbol. Cosas del tiempo, parece. La higuera de otra amiga, de higos riquísimos, no consiguió madurar sus brevas la pasada primavera y esta parece que tiene también problemas para endulzar sus semillas. Habrá que esperar a los higos. El huerto de una agricultora portuense donde nos surtimos de riquísimas y ecológicas frutas y verduras, va campeando el temporal de plagas, sequías, heladas y lo que toque. Solo tiene tomates de temporada, por lo que llegado el buen tiempo, vigila las tomateras, espera con los dedos cruzados a que alcancen el punto exacto para cogerlos.

El campo. Tiempo, saber hacer y paciencia, mucha paciencia para no desesperar cuando viene una plaga o cae una helada a destiempo o una granizada traicionera o deja de llover durante meses... Sin embargo, salgo a la calle y me topo con las ofertas ¿cinco kilos de tomate pera a 3,50? No puedo dejar de pensar en la frustración de quienes viven de la tierra ¿A cuánto sale su trabajo?¿Cómo no desesperar cuando no se atienden sus protestas?

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