Hasta yo, que soy muy de matices, reconozco que hay cosas que no aceptan los tonos grises. O son, o no son. Viene esto al caso por el culebrón de los últimos días sobre la existencia o no de licencia para las atracciones de Valdelagrana y la noria junto al río. Las licencias se tienen o no. No hay lugar para puntos intermedios, igual que yo nunca podría estar más o menos embarazada ni aproximadamente muerta.

Sin embargo, como si de un serial televisivo se tratara, aquí llevamos semanas embromados con el cruce de argumentos entre gobierno y oposición. Digo mal, porque en las series, incluso las que estiran temporadas, la acción avanza. Esta bronca política, por el contrario, se parece más a los enfados infantiles en los que dos pequeños debatientes se quedan enganchados en un has sido tú - yo no he sido - que sí - que no - sí - no - sí - no… y así hasta que uno vence por agotamiento.

Aquí la riña la ha zanjado la realidad. En el momento de escribir estas líneas, Urbanismo acaba de comunicar que otorga licencia a la noria después de analizar y validar el expediente. Esto significa, entiendo, que hasta hace bien poco no contaba con ella, que empezó a funcionar antes de que el expediente recibiera el visto bueno. Es decir, que en el momento del rifirrafe (y cuando muchas personas habían hecho ya uso de la atracción) no tenía licencia.

Por otro lado, leo que las atracciones de Valdelagrana han quedado precintadas por la Policía Local por no contar con permiso. Aquí tampoco parece haber matices. Simplemente, no estaba en regla. La administración debe ser pulcra y escrupulosa con sus trámites. Quiero pensar que si estas instalaciones han estado funcionando antes de tener todos los parabienes ha sido solo por las prisas por poner El Puerto en el mapa este verano, por sumar una atractivo que sirviera de gancho a una ciudad a la que una temporada sin turismo puede causar mucho daño.

Pero no nos hagamos trampas. Los atajos no sirven. Al final, en lugar de dar imagen de una ciudad diligente e imaginativa, quedamos como unos chapuceros.

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