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Análisis

Rafael Duarte

De las Andalucías y el habla

Pero los andaluces heredamos además palabras hibernadas cuasi medievales

Me apena el estado autonómico de aquella Andalucía de la que se apropiaron unos cuantos listos para aprovecharse de ella. La gran Andalucía de Susana Díaz con la Sanidad y la Educación en quiebra técnica, cortijo socialista desde siempre, y además, desde siempre, denostados por el habla, por la pronunciación, por los tipismos, por…

Andalucía se distingue por ser un conjunto de hablas. Es decir, no llega a ser si una lengua ni un dialecto, pero nadie, ningún político ha luchado por eso tampoco, ni los que se llenan las bocas de istas ni de los que contraponen banderitas y banderías.

Nos destacamos por -creo- hibernar una serie de arcaísmos, gitanismos, arabismos, etc. inconmensurables, por pronunciar mejor que nadie la jota, letra que es árabe puro, infraglotal sonido que le da más sabor al jamón, a la jáquima, al jabugo, que el castellano y no digamos que el catalán o el vascuence. Un obispo criticó hace poco tiempo, no la pronunciación andaluza, sino la imitación de la misma en su modalidad de capataz de paso de la semana santa.

Nosotros zezeamos, ceceamos y seseamos y veces ceseamos, le damos un polimorfismo serio al habla según seamos orientales u occidentales, recordemos que alguien escribió sobre los cuatro reinos de las Andalucías, pero no tenemos un sistema gramatical independiente y sí a lo mejor, un sistema léxico independiente o casi independiente. Esa riqueza léxica hizo posible que los escritores andaluces en Madrid, constituyesen la generación del lenguaje y que, sin apoyos ni de gobiernos centrales ni propios, nos descabalgaran los ginferreres y asociados, como en tantos negocios catalanes.

Pero los andaluces heredamos además palabras en desuso o anticuadas o hibernadas en formas cuasi medievales, -el manque pierda del Betis- construido con las confluencias de maguer y anqué, o melecina o medecina, procedentes de la Celestina. Así en esta gran confluencia de disparidades, casi rasgos independientes, hasta el gran lingüista rumano Eugenio Coseriu, reflexionó sobre nuestra habla, creo recordar, que en un congreso de Huelva. El otro día José Acosta Martínez, decía que la mariposa, esa llama anticuada que ardía ante los retratos de los difuntos, estaba compuesta de aceite, agua y la estrevilla. Palabra hibernada en Gallineras, que no refleja ningún diccionario y que presumo pudiera ser un diminutivo de estreves, trípode para llamas, que tampoco recoge el de autoridades.

Si con una palabra podemos iniciar una polémica, que no haremos con las presuntas normas reguladoras. Con las vocales abiertas o las cerradas, según regiones andalusíes ajenas a ditirambos de políticos, críticas fonológicas y graciosillos topiqueros. Así nos va en er cortijo. Y como dice la letra inmortal referida al habla: Aqué que tenga una pena/ que no se la cante a nadie/ que lo harán más esgraciao/ manque digan de ayudasle.

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