Soy villana porque el mundo (y el hombre) me hizo así

José Joaquín Rodríguez realiza un recorrido histórico a través de la imagen de 'las malas' de los cómics

El profesor e historiador José Joaquín Rodríguez, durante su intervención en la Feria del Libro.
El profesor e historiador José Joaquín Rodríguez, durante su intervención en la Feria del Libro. / Jesús Marín
Tamara García

Cádiz, 09 de mayo 2017 - 10:46

Esas malas malísimas nos hablan desde las viñetas. Y José Joaquín Rodríguez descifra sus mensajes. Atractivas, inestables, ambiciosas, ambiguas, auténticas dominatrix... Las villanas hablan más allá de su propio bocadillo o de las sinuosas líneas que delimitan sus curvas porque son una proyección de una realidad, de un tiempo, de una sociedad, de sus deseos y de sus miedos. "Sobre todo, de sus miedos", dice el profesor que ayer en la Feria del Libro analizó el papel han jugado a lo largo de los años algunas de las villanas más famosas del noveno arte porque son hijas de su tiempo y del imaginario que rodeó a sus creadores.

Así, bajo el título de Sensuales y perversas: las villanas de los cómics y sus mensajes, el historiador, apoyado en un clarificador power point, emprendió con la mirada analítica del investigador y el discurso divertido del aficionado un viaje en el tiempo a través de las historietas de los años 40 a los años 90 para demostrar "cierto avance" en la estética y laética de las villanas como reflejo de los diferentes contextos históricos en los que fueron creadas.

"El cómic, como producto cultural que es, también nos ayuda a entender la sociedad"

"La II Guerra Mundial, con lo que ello supuso, la incorporación de la mujer a todos los sectores productivos" generó "un miedo", el miedo al empoderamiento de la mujer, al que de alguna forma nos podemos asomar en la imagen de la Catwoman de los años 40 -la muestra recostada en un sofá, fumándose un cigarrillo y dando órdenes a diferentes hombres- y que se "perpetúa más adelante", tal y como Rodríguez demostró, con imágenes de la Reina Blanca o Malicia o la clarificadora estética de Valkiria (Air Fighters) vestida como un hombre y con el héroe maniatado y derrotado a sus pies.

Pero el miedo también se ha visto mezclado y potenciado con "el deseo". Mujeres físicamente atractivas, imágenes insinuamentes o explícitamente eróticas -desde la pierna al aire de los 40, al destape de los 90- es el denominador común de las villanas en contraposición tanto al villano clásico -la fealdad como detector intantáneo de la maldad- como a la chica buena o la heroína que en los cómics clásicos se distinguen por una belleza más pura y la ingenuidad. "Las chicas malas no son para quedarse con ellas, vienen a decirnos estas historias", apuntaba el experto.

Rodríguez también demostró la interesante distinción entre lo que buscan los villanos y el objetivo de las villanas. "En los cómics clásicos ellas bien sólo se conforman con dominar a los hombres, robar cosas bonitas y brillantes, cuales urracas, simplemente llamar la atención del hombre o, incluso, seguir a uno de ellos. En Valkiria, por ejemplo, vemos como recibe órdenes de uno de sus jefes nazis y cómo renuncia a esos ideales, que por lo visto no los tenía bien asentados, cuando se enamora del héroe".

Estas motivaciones van cambiando con los años y las villanas empiezan a tener más profundidad haciéndose más "ambiguas" como es el caso de la propia Catwoman o de Fénix, entre otras. A ambas en los años 90 se les empieza a crear un pasado, la vida de prostituta de Catwoman, que tiene que robar para sobrevivir y salir de ese mundo, o la intromisión en su cabeza ("¿violación?", apunta el ponente) a la que es sometida por Mente Maestra Marvel Girl que hace que se rebele y se vuelva iracunda. "Las villanas son así porque son productos de las inquietudes y los gustos de su época y del hombre, claro, ya que la llegada de más mujeres guionistas a las editoriales también contribuye a ese cambio en la construcción de los personajes", culminaba Rodríguez que animó a a emprender líneas de investigación sobre el cómic, "que como producto cultural nos ayuda también a comprender la sociedad".

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