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Ignacio Ollero García-Agulló | Escritor

“Al publicar mi primera novela valoro más el esfuerzo que hay tras cada libro que leo”

Ignacio Ollero posa con su libro en su casa de Madrid.

Ignacio Ollero posa con su libro en su casa de Madrid.

El gaditano Ignacio Ollero García-Agulló tiene ya su primera novela en las librerías. Cuando dejamos de ser jóvenes es el título de la obra con la que debuta en el panorama literaria, una suerte de reflexión novelada sobre el paso del tiempo y el salto a la edad adulta que Ollero enmarca en territorios de su Cádiz natal. Aquí nació en 1982 para, trece años más tarde, mudarse con su familia a El Puerto de Santa María. Fue en el año 2000 cuando comenzó la Universidad: Derecho en Madrid. Allí vive desde entonces, donde actualmente trabaja como abogado de Banca de Inversión. Estoy casado y tengo un hijo de 5 años. Acude con frecuencia a El Puerto, donde vive su madre, y el viaje le sirve para reencontrarse con los amigos con los que hace décadas compartió la efímera juventud de la que habla en la novela. Casado con una ciudadana francesa a la que le encanta Cádiz, ambos tienen un hijo de 5 años que, explica el padre, ejerce de embajador de la provincia de Cádiz y del Cádiz en su colegio madrileño. En esta entrevista, Ignacio Ollero relata cómo ha sido su primer contacto serio con la literatura a través de la editorial Caligrama.

–¿Qué trata de transmitir al lector con esta novela? ¿Qué historia cuenta?

–La idea principal de Cuando dejamos de ser jóvenes es el paso del tiempo y cómo nos afecta en nuestra vida: en un abrir y cerrar de ojos pasamos de los años de viajes entre amigos y las salidas hasta las tantas de la madrugada al matrimonio y la responsabilidad de los hijos, de la libertad de la universidad a la asfixia de las obligaciones en el trabajo, vemos cómo algunos seres queridos empiezan a enfermar o a irse... Pero también quería transmitir cómo esta nueva etapa, pese a sus responsabilidades, pese a todo lo que perdemos, tiene algo que realmente merece la pena y que en parte solo puedes valorar cuando estás en ella.

Estas reflexiones fluyen en el marco de la historia de un grupo de amigos que podría ser la de cada uno de nosotros. Uno de esos amigos, Alberto, tiene un accidente de coche que le deja al borde de la muerte. La novela cuenta cómo el resto del grupo, que sigue igual de unido que en su infancia pese al paso de los años, se vuelca en la recuperación del accidentado y va confrontando su vida en la actualidad con las vivencias que disfrutaron en su juventud.

–Es casi inevitable preguntarle si la obra contiene elementos autobiográficos o biográficos cercanos.

–La respuesta corta es que no se trata de una autobiografía pero, sí, sin duda tiene elementos autobiográficos. Es decir, hay una base general cuya conexión con mi vida es obvia: la adolescencia en El Puerto, el posterior movimiento a Madrid, la existencia de un grupo de amigos enorme, haber vivido muchísimas experiencias divertidas en la juventud, la reciente paternidad... Pero, sobre esa base, hay ficción pura o mezcolanza entre historias propias y ajenas. Por ejemplo, todos los personajes de la novela pueden tener algo gente a la que quiero, pero no hay identidad; hay anécdotas inspiradas en situaciones que he vivido, pero están mezcladas con otras que oí de terceros y que, a su vez, modifico por medio de la ficción.

Algunas de las referencias autobiográficas son tan generales que muchas personas que han leído el libro y que son ajenas a mi círculo directo me han escrito para decirme que se han sentido muy identificadas con la historia y que la novela les ha hecho recordar muchas situaciones que ellos mismos habían vivido en el pasado.

–El paso del tiempo, la pérdida de la juventud... Son temas que, creo, tienen también una visión un tanto filosófica: ¿aparece así en la novela o ha huido de ello?

–Son cuestiones que, por su naturaleza, tienen cierta carga filosófica pero, en la novela, es una filosofía de andar por casa. Es decir, estos temas se tocan y son temas ya de por sí profundos, pero no se tocan de una manera trascendental o puramente filosófica. Quería que fuera un libro con tintes divertidos y algunos temas más serios, como estos, en línea con la idea de la vida como tragicomedia que se menciona a lo largo de la novela, pero era esencial que resultara fácil de leer. Por ejemplo, se puede tratar la pérdida de la juventud con una perorata filosófica o comparando las noches de acampada en la playa con el dolor de cuello que tienes ahora si no usas tu propia almohada o simplemente mostrando los sentimientos de un padre que se sorprende por preferir quedarse en casa con su mujer y sus hijos en vez de salir de copas. El enfoque en la novela es más este último.

–Cómo se decide a plasmar esta historia en una novela; además, su primera novela.

–Llevaba mucho tiempo queriendo escribir un libro, pero no acababa de dar el paso. Por un lado, por lo complicado que resulta salirse de la rutina y enfrentarse a un proyecto que requiere tanta dedicación como este; por otro, por el miedo de no ser capaz de conseguir algo que me hacía tanta ilusión. La posibilidad de tomar como referencia una historia similar a la mía y unas reflexiones tan propias de mi momento vital me facilitó dar el paso, romper la barrera que supone enfrentarse al folio en blanco por primera vez.

Además, elegir esa historia era también una forma de lanzar un mensaje a la gente que quiero y de rendir una suerte de homenaje a mis amigos, mi familia y a Cádiz mismo.

–¿Algún referente literario que destaque en su proceso de creación?

–Son muchos y muy variados, la verdad. Si tuviera que citar a mi autor favorito, sería Miguel Delibes, pero quizás quien más me ha influido para redactar Cuando dejamos de ser jóvenes es Mario Vargas Llosa, por la forma que tiene de jugar con el tiempo y los personajes, sobre todo en sus primeras novelas. De hecho, fue tras leer Conversación en la catedral cuando decidí dar el paso. Pero hay muchos más: Bukowski, Edward Bunker y John Fante me encantan por la crudeza con la que describen la vida; Milan Kundera, por cómo mezcla reflexiones trascendentales con situaciones banales o incluso absurdas; el humor de Mendoza me parece increíble... Y la lista se extiende todo lo que quieras: Roberto Bolaño, Vasili Grossman, Murakami, Cortázar... De estos autores y de muchos otros he incluido algunas citas en la novela, tanto en el cuerpo de la misma como para abrir los capítulos. Es mi particular forma de rendir otro pequeño homenaje a esos autores que han sido y son importantes para mí...

–¿Qué resumen hace después de ver su primera novela publicada?

–Por un lado, la reacción de la gente: cómo se han volcado en felicitarme por la publicación, en comprar el libro y en dedicar tiempo a darme su opinión o a colgar una reseña después de leerlo. Y cómo algunas librerías de Cádiz y El Puerto me han dado todas las facilidades del mundo para vender la novela. Quórum, Jaime o Manuel de Falla en Cádiz o Ágora y Casiopea en El Puerto han sido un ejemplo, pero me quedo con Judith, de la Papelería Vistahermosa, que incluso me llamó al móvil después del primer libro que vendió, porque sabía la ilusión que me hacía. Te das cuenta de que estamos rodeados de gente buena. Y, también, lo difícil que es escribir una novela y, más aún, publicarla. Muchas veces, al leer un libro, no nos damos cuenta de la dificultad que tiene escribirlo. Al menos a mí me pasaba y ahora valoro más el esfuerzo que hay detrás de cada libro que leo.

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