A la sombra de la guillotina
libros | doble o nada
Dos acercamientos distintos a la Revolución Francesa de la mano de Wu Ming y Fred Vargas: a través de la novela histórica, con 'El Ejército de los Sonámbulos'; o del género negro, con 'Tiempos de Hielo'.
Gran parte de la fascinación que causan los tiempos revolucionarios de Madame Guillotine la genera la enorme disrupción que supusieron en un orden establecido desde hacía siglos. Una ruptura brutal, bien armada en teoría y práctica. La colección de personajes, momentos estelares y lamentables, ejecuciones, escapadas, anécdotas, temblores en el tablero geopolítico y cambios de todo pelaje (incluso en la moda) ofrece espacio más que suficiente para espabilar la imaginación de varias generaciones.
Entre las aproximaciones más sugerentes al tema se encuentra la que hizo hace algunos años el colectivo Wu Ming con El Ejército de los Sonámbulos (Anagrama): una novela a varias voces que resulta mejor estructurada a varias manos de lo que muchas lo están a sólo una. La trama ocupa únicamente dos años (el plazo que va de 1793 a 1795) en los que –como suele suceder en los tiempos, ya saben, interesantes– parece que transcurren varios lustros. Sus protagonistas son, entre otros, un actor de tercera transmutado en precario Robin Hood; una costurera empujada por la realidad a lo que llamaríamos lucha feminista; un médico fascinado por el mesmerismo y un villano de alta cuna escondido en un psiquiátrico. Únicamente con esto, el dado da juego, como verán, para varias partidas. Y mientras las vidas de todos ellos se enredan y desenredan, la cuchilla sube y baja en un demencial baile de la sillas –recuerden esa viñeta de la época, con Robespierre solo en el palco de ejecución ante una plaza vacía: nadie sabe si esa madrugada comisarios, voluntarios, buenos ciudadanos terminarán llamando a su puerta– .
Por supuesto, los autores toman muchos de los obsequiosos momentos proporcionados por la realidad de la época, lo que le otorga potencia a la trama. Pero lo que hace que esta avance son las propuestas que llegan desde la invención, siempre pegadas a lo veraz: las mujeres afines a La Montaña (que reunía en sí varias facciones y a nombres como Marat, Danton o Robespierre) son Las Brujas de la Montaña; hay un misterioso Café de los Autómatas; mientras París convulsiona, las autoridades mandan al magnetista D´Amblac a un tour por el interior de Francia en busca de lo paranormal –uno de sus episodios, 'La Dama de Blanco', es por sí mismo un inquietante relato de terror–. En esta mezcla de realidad y ficción, quien le toma la medida al antagonista es Philippe Pinel, precursor de la psiquiatría.
Será, precisamente, ese resquicio que permite la invención el que termine dando una nota esperanzadora al libro –cumpliendo así la función máxima del invento de fabular, que no es otra que el hacernos creer contra todo pronóstico–.
La evocación que arrastran los tiempos de la Revolución Francesa late también en Tiempos de hielo, de Fred Vargas, dentro de la serie protagonizada por el comisario Adamsberg. En esta ocasión, una sucesión de aparentes suicidios terminan conduciendo a la Asociación de Estudio de Robespierre: un círculo de amantes de la historia en el que no se limitan a repasar artículos o hacer cinefórums en el salón, sino que se reúnen para repetir, en ciclos de dos años y con escrupulosa puesta en escena –caracterización incluida– las sesiones de la Asamblea Nacional.
Unos encuentros en los que los personajes terminan hablando por sus voces actuales, y en los que los actores acaban amenazándose y saltándose el texto: “Al cabo de un año, cada uno de los diputados se había impregnado totalmente de su personaje y de la causa de su grupo, ya fueran centristas de La Llanura, moderados de la Gironda, radicales de La Montaña, dantonistas, robespierristas, rabiosos o exagerados. Se convirtió en una auténtica batalla campal”. Una vuelta de tuerca más, si lo pensamos, en el hecho de ir mezclando fabulación con los mimbres de la Revolución Francesa como base. Así, la investigación se va desarrollando, a la vez, en varios tiempos: el actual, el de la Francia de finales del siglo XVIII, y el de una pequeña isla islandesa donde se sucedieron dos asesinatos sin resolver a mediados del siglo XX.
#LOSLIBROSPERDIDOS: 'Encyclopédie', de Phillip Blom
Entre los motores causantes de los flujos y reflujos que trajeron los acontecimientos de 1789 está, sin duda, la publicación de la conocida como Enciclopedia de Diderot y D´Alembert. En esta ocasión, las alas de mariposa eran de papel, y los guardianes del mundo tal y como se conocía eran bien conscientes de ello. Philipp Blom realizaba en Encyclópedie Encyclópedie(Anagrama) un recorrido por la esforzada gestación de uno de los referentes del pensamiento humano. Y no porque fuera, como indica el autor en su prólogo, la mayor enciclopedia que se hubiera publicado, ni la primera, ni la más popular. Pero sí fue la primera que osaba definir conceptos bajo un prisma humanista, libre de las bridas de la monarquía y la Iglesia. Ejemplos de esto son entradas como negres, que califica el tráfico de esclavos como “denigrante y contra la ley natural”; presse (prensa) es un alegato por la libertad de expresión, mientras que Inquisición no sólo es un artículo sobre la historia de la institución sino una condena a la intolerancia religiosa. Lo que un grupo de conocidos (Diderot, D´Alembert, Louis de Jaucourt, Voltaire y Rousseau) se propusieron en un principio para pagar el alquiler –la traducción de la Cyclopaedia de Ephraim Chambers– se convertiría en una gesta que se alargaría durante más de veinte de años.
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