Los horrores de la guerra

La Hora del Bocadillo

‘Blazing Combat’, pese a su corta existencia como revista, supuso un clarividente jarro de agua fría para aquellos que apoyan el belicismo

Una de las ilustraciones de portada.
Una de las ilustraciones de portada.
José Luis Vidal

18 de enero 2026 - 08:00

Creo que no había mejor momento que este que estamos viviendo para que la reedición de este cómic regresara a las librerías. En la actualidad estamos viviendo un momento de una fragilidad absoluta en esa paz que todos creíamos que ya no iba a volver a romperse nunca más.

No hay más que leer la prensa o estar atento a los informativos para que un sudor frío recorra tu espinazo, ya que la ‘oportuna’ llegada a la presidencia de los Estados Unidos de un tipo como Trump, que tan solo piensa en su propio beneficio y juega al matonismo, está haciendo que la balanza se incline hacia un terreno muy oscuro y peligroso, el del conflicto entre países, ya sea con o sin razón alguna.

Pero no soy politólogo, ni lo pretendo. Así que viajemos al pasado, en concreto al ya lejano año 1965, en el que el hábil editor James Warren lleva a los quioscos y tiendas de prensa de la época una revista titulada Blazing Combat. Imagino la cara de muchas de las personas que compraron aquel primer número, obnubilados por la increíble portada del mítico Frank Frazetta, esperando encontrar en su interior un canto al patriotismo yanqui, que si por algo se ha caracterizado a lo largo del tiempo es por tomar un papel de tutor mundial que nadie le había encomendado, metiéndose en un buen puñado de conflictos y teniendo que salir pitando de algunos con el rabo entre las piernas… (Léase Vietnam, por ejemplo).

No, aquella revista no contenía una loa a la batalla, para nada. Y no lo era porque el creador que estaba tras el buen puñado de historias que contenía era un anti belicista convencido, pero además uno de los mejores guionistas que ha tenido el mercado norteamericano del cómic, Archie Goodwin.

Este en sus historias se centra en el ser humano, y en las terribles consecuencias que la batalla, el resonar de los disparos y, sobre todo, la obligación de sujetar un fusil o una ametralladora tienen sobre el equilibrio psíquico de una persona, la mayoría de la veces demasiado jóvenes para estar metidos en un trinchera, rodeados de podredumbre y muerte.

He de deciros que todas y cada una de las historias contenidas en este imprescindible volumen son auténticas joyas. Goodwin nos lleva en su particular máquina del tiempo atrás y adelante, desde la famosa batalla de las Termópilas, donde tan solo trescientos duros espartanos se las hicieron pasar canutas al ejército de Jerjes, saltando a la guerra civil norteamericana y sus estragos, y de ahí al conflicto en Vietnam, o la guerra aérea, la submarina, etc…

El proceso de documentación del guionista debió ser brutal, ya que creo que ningún historiador puede poner una sola pega a lo que nos narra en todos estos relatos (tan solo hay una divertida viñeta en la que digamos que no se comprendió demasiado bien el funcionamiento de un mortero… Cosas que pasan, no hay nada perfecto).

Para conocer los entresijos del nacimiento de la publicación, os remito a las dos interesantísimas entrevistas con las que culmina este volumen, que también contiene un staff de dibujantes que lo sitúan en una posición de calidad pocas veces logradas en este formato de revista.

Agarraos porque vienen curvas: Joe Orlando, Angelo Torres, George Evans, Gary Morrow, Reed Crandall Blaisdell Jones y Whitman, John Severin, Al McWilliams, Alex Toth, Gene Colan, Wallace Wood, Russ Heath.

Todos y cada uno de estos artistas, dibujantes, han escrito su nombre en la historia de los cómics, auténticos titanes de la viñeta que en estas páginas van a dar lo mejor de su arte.

Como ya os decía anteriormente, todas las historias escritas por Goodwin me parecen una maravilla, pero si tuviera que recomendaros las que más me han impresionado, ya sea por el arte o por el mensaje que contenía, os recomendaría las que llevan por título ¡Enemigo!, ¡Consecuencias!, ¡Paisaje! Por solo elegir tres, pero ya os digo que el mensaje antibelicista de los relatos en potente, sin pretender en ningún momento ser un panfleto, más bien todo lo contrario. Tan solo utilizando la realidad como medio, los autores logran que nos demos cuenta de la experiencia tan terrible que supone ser un soldado en un conflicto y las consecuencias que esto tiene también para todos aquellos que no luchan, pero se ven golpeados por la incomprensión de las armas en medio de la batalla.

Debido precisamente a esa incomprensión, ciertos intereses, y la cortedad de miras de parte de la sociedad norteamericana de la época, la revista tuvo una muy corta vida, y en julio de 1966 se publico su último número. Aunque como suele decirse, “Lo breve si bueno, dos veces bueno”. Y en este caso Blazing Combat es superior.

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