Cultura

Por la gracia divina de Chirigóticas

  • La compañía gaditana puso ayer en escena su obra 'Tres monjas y una cabra' en la plaza de la Catedral ante un numeroso público que hizo frente a la lluvia

Por la gracia divina de Chirigóticas se congregaron en la plaza de la Catedral. ¡Qué pronóstico de tormenta echa para atrás al pueblo "que sólo vive de la risa"!, como tildaba a Cádiz sor Ana López Segovia. LLegaron con sus paraguas y sus ganas de pasarlo bien y se reencontraron con la fe, con la fe en una extraña santísima trinidad, la formada por el teatro clásico, el carnaval y la sátira social. Se reunían llamados por la palabra, la palabra del FIT, y se fueron llenitos de gracia tras su encuentro con Tres monjas y una cabra, el espectáculo de calle que la compañía gaditana logró poner en pie en un domingo lluvioso.

Predicaron las gaditanas el verso clásico de textos clásicos a través de ese código que tan bien han logrado traducir en sus diez años de trayectoria. Sí, diez años, Chirigóticas está este octubre de aniversario. Así, no se vienen abajo ante el reto de llevar a la calle, esa cuyas leyes conocen al dedillo, las palabras de dos mujeres del teatro del Siglo de Oro y una del medievo alemán en una reivindicación, tan sutil como contundente, de la contribución de la mujer al mundo de las letras. ¿Y qué mujeres podían dedicarse a tan heroica tarea en el tiempo en el que les tocó vivir? Las que encontraron la libertad en un convento. Sor Marcela de San Félix (hija de Lope de Vega), la canonesa Hrotsvitha de Gandersheim y Sor Juana Inés de la Cruz son las protagonistas de este espectáculo (la cabra es un misterio), animado entre cajones flamencos, pitos de carnaval y algún momento de guitarra, donde se tratan los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Cuplés para la ocasión y pasodoble, claro que sí, parodias rimadas al milímetro y dobles sentidos para llevar a los altares dan ritmo a la dramaturgia donde la cultura popular y el teatro refinado hacen comulgar hasta al mayor de los ateos. Hacen el milagro de multiplican la sintaxis satirona del latín, de convertir en rezo el pasodoble de Los Borrachos, y de resucitar a los Hombres necios de Sor Juana Inés de la Cruz e, incluso, mostrarnos su particular reverso de la medalla, Políticos necios, "que es una redundancia", dicen.

Los parroquianos ríen las ocurrencias, aplauden fuerte cada auto sacrametal, disfrutan y creen. Y se mojan. Como se mojan las monjas que al término de la parodia agradecen y se emocionan: "¡qué buen fin de semana, Cádiz!"

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