La canción del ratón de Hamelín

Gerónimo Stilton firmó ejemplares de sus cuentos en San Antonio

Padres y niños disfrutaron del encuentro con el personaje de Elisabetta Dami.
Padres y niños disfrutaron del encuentro con el personaje de Elisabetta Dami.
Pilar Vera Cádiz

29 de octubre 2013 - 05:00

La pregunta obvia es qué hace un ratón con gafitas firmando libros en el centro de la plaza de San Antonio. La respuesta simple es que Gerónimo Stilton visitará Cádiz para presentar su musical dentro de dos semanas, como parte de la programación del Teatro Falla. Ayer tarde, el personaje creado por la italiana Elisabetta Dami, acudía a la capital gaditana como previa a su cita de mediados de noviembre.

Medio centenar de padres y niños aguardaba a que Stilton firmara sus ejemplares -muchos y diversos Viajes al Reino de la Fantasía- y posara junto a ellos, como un remedo de entrega de carta a los Reyes. No importa la edad: hay niños de tres o cuatro años que se acercan con distintos libros de la colección, aunque las historias no estén pensadas para su franja. Algo que se debe, probablemente, a que uno de los principales méritos de las historias de Gerónimo Stilton es haber sabido trasladar lo visual al texto.

Sus libros se leen con la sensación de que se está viendo una película animada: las historias son dinámicas, las ilustraciones -intercaladas o no con el texto- cobran un gran protagonismo, la caligrafía es cambiante, hay abundantes "notas de página", cuentan con cierto carácter didáctico y se les propone a los críos acertijos y actividades. Es un producto, no cabe duda, hecho para gustar a la mayor parte de los niños.

Aun así, seguirán preguntándose, ¿qué hace un ratón de trapo firmando ejemplares en la plaza de San Antonio? ¿Qué hace un ratón presentado por un concejal de Cultura? ¿Qué hace un ratón protagonizando cinco funciones del Falla? Y aquí es cuando acude otra respuesta, también simple, pero no tan evidente. Como bien saben las salas de cine que aún sobreviven, la máxima optimización entre una propuesta y su recepción está en el público infantil. Por eso, las películas orientadas hacia los más pequeños abundan en cualquier cine, y en cualquier época. Garantizan, con un poco de suerte, una carambola perfecta. Más el bonus track de las palomitas seguras. Igualmente, los espectáculos infantiles tienen hueco en cualquier programación cultural no sólo por una deferencia hacia las familias, sino porque garantizan idéntico pleno: el número de asistentes se triplica con facilidad. Digamos que en este caso se han invertido las tornas y Stilton ejerce, en efecto, de cautivador flautista de Hamelín. Y los niños, por supuesto, lo siguen tan encantados.

Eso es tan cierto como el que, en un final todavía muy diluido, todo el espectáculo montado en torno al ratón Stilton puede tener una buena causa. Viendo a los críos saltar en torno a un roedor de paño uno piensa que bueno, que tal vez los ratones de la biblioteca los terminen atrapando por siempre entre los libros, cosa que está bastante bien. Porque eso los hará más libres, menos manipulables, más tolerantes. Aunque tan graves pensamientos aún queden muy lejos y ahora sea, simplemente, la hora del ratón de trapo.

stats