"Siempre estoy pensando en cuáles serán las historias de la gente que me cruzo"
Almu Ballester presenta en Las Libreras 'Normas de inseguridad': un selección de relatos que se asienta en la incertidumbre
Al leer las Normas de inseguridad (Relee) de Almu Ballester, se tiene la sensación de estar ante alguien que ha estado escribiendo siempre, continuamente, aunque el título dé nombre a una primera colección de relatos. Y así es. De cara al público, digamos, Almu Ballester ha escrito guiones para distintos cortometrajes -una opción que llegó, cuenta, de manera un tanto colateral pero que frecuentó tras ganar uno de los certámenes del Notodofilmfest-. Y algunas de sus historias -también en formato corto- han ido apareciendo en distintas antologías. Normas de inseguridad -que presenta mañana por la tarde en Las Libreras, en compañía de Aida Agraso- nace en gran parte gracias al aliento de Eloy Tizón, al que el libro debe razón de ser y espíritu: "Yo había estado antes en varios talleres de escritura, y tenía buenas impresiones por parte de los profesores -cuenta la escritora-. En el último, le presenté un proyecto a Eloy Tizón, que es un autor que siempre me ha encantado, para que me diera su feedback, y me animó a que arriesgara más. Tras un año y medio dándole forma, al final me lo publicaron en la editorial". Relee, la plataforma Red Libre de Lectura y Edición, va un paso más allá del taller de escritura convencional: en ella, se trabaja mediante el concepto de escritura colaborativa, "en el sentido de que, además de que lo que son las propias clases, seminarios y demás, los alumnos que destacan o los que los profesores consideran, pueden publicar en sello propio, que saca dos títulos al año", explica Ballester.
Las historias reunidas en Normas de inseguridad comparten con las de Tizón "mirada y voz y, sobre todo, ese tono un poco lírico. Desde luego, tengo una deuda con él en ese sentido". Y la zonas de incertidumbre, claro: "Todos esos conflictos que parecen pequeños pero que son la vida misma, cómo abordar esos puntos exactos en los que el personaje se plantea todo, eso me gusta -continúa la autora-. Siempre te basas en experiencias cercanas aunque, para lo bueno y para lo malo, tengo mucha imaginación y siempre estoy pensando en cómo pueden ser las historias de la gente con la que me cruzo". Por eso, el Metro de Madrid, por ejemplo, es un escenario recurrente: "Allá donde la vida de la gente famosa no me interesa nada, lo que sugiere la vida de la gente corriente me atrae muchísimo: siempre veo algo extraño, algún detalle del que tirar y sacar una historia".
Para Almu Ballester, escribir es un ejercicio terapéutico. Escribe diarios desde los doce años, "como desahogo, para empezar -desarrolla- , pero luego, como terapia también he explorado esta vía: es muy buena para sacar automáticamente lo que en ese momento te bulle, y aún hoy llevo un diario. Me alivia del mundo por un lado, y me ayuda a entenderlo, y a entenderme, por otro". Al hilo de este pensamiento, en uno de sus cuentos, se menciona que los niños cada vez empiezan a hablar más tarde, y con más dificultad, debido a la superabundancia de imágenes: "En el caso de los niños, también es porque hablamos menos con ellos, pero todos estamos muy entretenidos en general: el mundo tiene muchos estímulos, sobre todo audiovisuales, rápidos, inmediatos -reflexiona-. Parece que no hay mucho tiempo para explicarnos las cosas con palabras; nos cuesta más explicarnos a nosotros mismos y lo que ocurre es que estamos más acostumbrados a la inmediatez. Vemos, como se dice, pero no miramos. Nos falta paciencia".
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