Cultura

De la 'Riña de gatos' al catálogo de mujeres libres

  • En sus dos primeras décadas en la corte, Goya realizó obras maestras con motivos inéditos

La naturalidad casi humana con la que el autor de La maja desnuda retrataba a los animales es una de las claves más gozosas de Goya en Madrid. Las representaciones animales adquieren desde fecha temprana en el catálogo del artista la relevancia de obras maestras, como prueba su Riña de gatos. Un talento que desborda sobre todo en las composiciones caninas y, por eso, las comisarias han puesto a dialogar lienzos como Perros en traílla (1775)con la Fábula del perro y la presa (1636-1638) de Paul de Vos, una relectura del mito de Fedro donde un lebrel deja caer su propia presa para apropiarse de la que, engañosamente, ve reflejada en el agua del río. "Por el reflejo de algo que no existe, lo pierde todo", señala Mena, atenta al mensaje moral de la obra que ha rebautizado como La Menina de los perros.

"Goya pintaba los perros mejor que nadie", continúa la comisaria contrastando las patas de Goya con "las uñas de tejón" que les pintaba su cuñado Bayeu, artista de estilo amanerado y dulzón al que el genio tuvo que subordinarse durante años. "Cuando Goya llegó a la Corte con 28 años no era nadie, sólo era el cuñado de Bayeu, que era el pintor de cámara. Llega por amiguismo, por nepotismo. Bayeu era un artista ambicioso y lo trajo de Zaragoza porque lo necesitaba y no quería trabajar con nadie a quien no controlase, de ahí que sólo se fiara de su hermano y de él".

Del encargo servil de los cartones el genio de Goya sabrá extraer múltiples lecciones pictóricas y sociales, siendo un pionero también en mostrar la enorme variedad de tipos de mujeres de la España de su tiempo. "Hasta ese momento sólo había habido vírgenes marías y santas. Ahora Goya introduce a las mujeres reales, las que se mueven por Madrid y trabajan en las fábricas reales de porcelana, o las tabaqueras, que eran muy famosas y tenían ya dinero y libertad", añade Mena sobre estas mujeres de mundo con una libertad de costumbres que la pintura no había recogido hasta entonces.

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