Cultura

Paco Ibáñez, por partida doble en el Teatro Moderno de Chiclana

  • El cantautor icono de la lucha contra la dictadura, aún subversivo, ofrecerá hoy una charla coloquio y mañana un recital dedicado a Miguel Hernández

Paco Ibáñez, el cantautor referencia de la época de la lucha contra la dictadura franquista, el artista cuyas letras cantaban todos los progresistas de esos largos años, el autor de un legendario álbum doble grabado en el Teatro Olimpia de París, ofrece hoy y mañana un programa doble en el Teatro Moderno de Chiclana, en el que rendirá su particular y extraordinario homenaje a Miguel Hernández, el poeta de Orihuela de cuyo nacimiento se cumple este año el centésimo aniversario. Esta tarde a las ocho dará una charla coloquio, con entrada libre hasta completar el aforo. A sus 76 años bien cumplidos, el músico valenciano de sangre vasca, se mantiene con la misma rebeldía y espíritu subversivo que dieron cuerpo a su obra musical. Dado que a cierta edad cierta gente que nunca se ha mordido la lengua no va a empezar a hacerlo, se supone que tanto la charla como el recital no defraudarán las expectativas.

Ibáñez ha edificado toda su obra, que algunos críticos han calificado de monumental, sobre los cimientos de la poesía española de todos los tiempos. para muchos, es imposible pensar en las Coplas de Jorge Manrique sin acudir a la música que Paco compuso para ese poema inmortal, igual que si los andaluces de Jaén son aceituneros altivos para el resto de los españoles es gracias tanto al poema de Miguel Hernández como a las notas del cantautor. Desde muy pequeño aprendimos que si queríamos ser como el poder establecido esperaba de nosotros teníamos que seguir los consejos del Me lo decía mi abuelito, me lo decía mi papá de José Agustín Goytisolo. Lo que pasa es que si cantábamos esa canción era porque ese modelo nos repugnaba moralmente. Paco Ibáñez nos había deleitado antes de eso con las maravillas que había hecho con la grandísima poesía española del Siglo de Oro, y había tenido el gran mérito de triunfar en la España de finales de los 60 y primeros 70 cantando a Góngora y a Quevedo, sonando en una televisión en blanco y negro (a sus discos les venía bien esa casi monocromía) con Déjame en paz, amor tirano y Poderoso caballero es don Dinero.

Luego, con la democracia y la riqueza que nos vino de Europa, parecía no ya que no hiciera falta la poesía reivindicativa de Alberti, Celaya, Hernández o los Goytisolo. Ni siquiera parecían interesar los acordes clásicos con que Ibáñez adornaba tan adecuadamente el Siglo de Oro ni la lección enamorada de vida que era Palabras para Julia, ni sus versiones de George Brassens. El cantautor pasó a ser visto como una reliquia ajena al mercado, pero el resistente tiene más vidas que un gato, y eso que Paco Ibáñez no soportaría que le comparasen con los viejos que practican el rock que él desprecia. Y aquí está: mucho más que una reliquia, un trozo de la memoria cercana de este país.

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