pablo gutiérrez | premio edebé "La épica está en sacar a los chicos de TikTok"

  • El autor recibe el máximo galardón de literatura juvenil a nivel nacional con ‘El síndrome de Bergerac’, inspirada en el aula de teatro de su instituto en Sanlúcar

El escritor onubense Pablo Gutiérrez, al poco de recibir el premio a la mejor novela juvenil. El escritor onubense Pablo Gutiérrez, al poco de recibir el premio a la mejor novela juvenil.

El escritor onubense Pablo Gutiérrez, al poco de recibir el premio a la mejor novela juvenil. / D.C.

–¿Qué tiene que ver Cyrano de Bergerac con un adolescente del siglo XXI?

–Pues precisamente tiene un perfil muy adolescente. Va de valiente y de gallito, pero tiene el corazón roto y un miedo enorme a su propio aspecto. Encaja perfecto en el marco de la adolescencia, con el miedo a la imagen y la opinión de los demás. El síndrome de Bergerac nombra también, de hecho, cierto trastorno de conducta, de esconder los propios méritos detrás de la figura de otro. El actuar, el teatro, me sirve también como ejemplo de saltar ese complejo: ¿qué mejor manera de hacerlo que subirte a un escenario disfrazado de fantoche y ponerte delante de tus compañeros y que se emocionen contigo?

–Eso lo sabe también por propia experiencia.

–Esta novela se inspira directamente en un montaje sobre Cyrano que hicimos con mis alumnos, en Sanlúcar hace año y medio, justo antes de la pandemia. Un montaje que finalmente conseguiría hacerse con decorados y vestuario pero que, en principio, fue en chándal, y en el pabellón deportivo más desangelado que puedas imaginar. Poner los ensayos por la tarde y hacer que acudieran, esa es la épica de la novela. Sacarlos del TikTok. Una de las ideas que intento transmitir con El síndrome de Bergerac es que el talento está muy bien, pero sirve de poco si lo guardas en casa.

–¿Qué les ofrece a los chavales el teatro frente a un continuo de inmediatez, de estímulo y neón?

–Si les encanta ponerse delante de una cámara a hacer monadas, no es tan difícil cambiarles el formato. El teatro tiene 3000 años de historia registrada, y sigue siendo un instrumento pedagógico formidable para interactuar con ellos y hacer que salgan de sus propias casillas. Como decía Lorca, el teatro hace que el libro “se levante”: los propios griegos lo usaban para discutir cuestiones públicas; el machismo que pueden vivir muchas mujeres en tantos lugares, las conductas integristas, se entienden perfectamente con La casa de Bernarda Alba... En los 17 años que llevo dando clases, hemos montado obras cuando hemos podido pero, si no, hemos dramatizado en clase... Lo que no puedes hacer es forzarlos, porque habrá siempre quien piense que eso es hacer el tonto; pero luego, siempre, hay seis o siete que tienen mucho interés. Tristemente, montar una obra de teatro no es algo que todos los centros puedan acometer, porque necesitan espacio físico. En la mayoría de centros que he conocido, era un brindis al sol.

–’El síndrome de Bergerac’ tiene como protagonistas a adolescentes, pero es un periodo de la vida que está muy presente en todas sus historias.

–Sí, en Nada es crucial los personajes se hacían mayores conforme avanzaba la novela. En Cabezas cortadas, la protagonista va recordando su adolescencia; en Los libros repentinos tenemos a Robe y una señora mayor que dice que le han robado la adolescencia... Imagino que me sale de natural porque es lo que vivo, y porque los adolescentes son muy potentes en todo lo que hacen y dicen. Por eso mismo creo que el tránsito de novela adulta a juvenil ha sido sencillísimo, aunque sí he tenido en cuenta que quien lo va a recibir se encuentra en ese meollo. Van a tener la sensación de leer sobre sí mismos, que Marta Sanz dice que es la lectura adolescente: ese “me siento como este personaje”.

–Se corre el peligro, como con los niños, de tratar al público adolescente como si fuera tonto.

–”¿Has jugado fuerte, no?”, me decía la editora. Pero es que no puedo tratar a los chicos como tontos porque no lo hago en clase. Esta no es una novela fácil en ningún sentido, tiene espectro amplio, se puede leer en capas... Pero no tiene un lenguaje masticado: el tener en cuenta al lector al que va dirigido ha sido más bien a nivel de ritmo. He tratado de no ser aburrido, de tener una acción con momentos picos y valle propia de los guiones de serie y cine... sí que he buscado, en general, el golpe de efecto, pero me han salido al mismo tiempo párrafos muy largos o expresiones con complejidad. También hay que tener en cuenta que este es en parte un canal escolar, que está pensado para que llegue a parte de su público en clase.

–Pues le acaba de quitar encanto.

–Te la puedes llevar por gusto, claro, pero también son unas obras pensadas para que el profe las lea en clase y te pueda explicar qué es Ab ovo... por eso estos premios se editan también en bolsillo desde el primer momento, para que circulen por colegios e institutos.

–A propósito, de tanto en tanto surge la cuestión de si es conveniente o no someter a chavales de 13 años a ‘La Celestina’ para despertarles el amor por la literatura.

–Sé que hasta yo lo he dicho a veces pero, ¿por qué no va a serlo? ¿Por qué no va a ser obligatoria? Lo ideal en una lectura es que te guste, de acuerdo, pero incluso aunque no te guste, te ayuda a desarrollar habilidades y competencias de decodificación del mensaje. También parte de la tarea del profesor es animar y convertir esos clásicos en algo vivo e interesante. Hoy día, la literatura juvenil que se publica es riquísima, hay que pararse a buscar, que es algo que los profes tenemos que hacer, leer el libro antes de endosarlo. Hay que leer La Celestina, y lo mismo no es la obra que les pondría a mis alumnos pero en 1º de Bachillerato hemos leído Romeo y Julieta, y cuentos del Decamerón y obras que hay que pelear con ellas...

–Respecto a las lecturas “entreveradas”: libros para adultos que vea funcionan con los chicos. Y viceversa.

–Pues yo he visto que algunos relatos de Mala letra, de Sara Mesa, funcionan muy bien con los alumnos. También Los caballos de Dios, de Mahi Binebine, que leímos en el club de lectura que tenemos los profesores y vimos que podía funcionar para los chicos... Dos clásicos que también ruedan bien, y no fueron concebidos para adolescentes, son El guardián entre el centeno y Fahrenheit 451. En el sentido contrario, de abajo hacia arriba, en su momento lo flipé mucho con Marina de Carlos Ruiz Zafón, y con La leyenda del rey errante, de Laura Gallego.

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