Mario Maya, crónica de una desolación"¿Ha venido la chica de Cádiz?"
Flamenco
El fallecimiento del bailaor y coreógrafo deja una estela de dolor en el mundo flamencoEl maestro siempre mantuvo una relación con la ciudad a través de Charo Cruz
Se nos fue Mario Maya. En silencio y por sorpresa. Sólo los más íntimos sabían de la existencia de la fulminante enfermedad que ha acabado con su vida. Cuando el pasado día 13 de este mes se presentó el espectáculo Mujeres dentro de la XV Bienal de Sevilla, el artista ya no estuvo presente debido a lo que se interpretó como unas molestias de su vieja úlcera.
Pero tan sólo unos días antes sí que había asistido a la actuación de su hija Belén en Granada y nada hacía presentir su rápida y fatal enfermedad. La noticia cayó como una bomba en una lluviosa mañana sevillana y tuvo un efecto concentrado y multiplicado por la fecha en que se producía: dentro de la celebración de la Bienal y en un día en el que nos despertábamos todavía con el gran sabor de boca que había dejado la actuación de María Pagés en el Teatro de la Maestranza. Son días en los que es grande la reunión de artistas, periodistas y críticos de flamenco en la capital hispalense y los teléfonos sonaban muy temprano por la mañana, ante la incredulidad de quienes recibíamos la noticia.
La capilla ardiente, que el Ayuntamiento hispalense instaló en una de sus salas, fue el lugar de encuentro de muchos artistas y compañeros del desaparecido. Entre ellas, dos muy especiales, las bailaoras a las que había dirigido en su última producción, Merche Esmeralda y Rocío Molina, quienes, desde distintos puntos -la primera desde Madrid, la segunda desde Cádiz donde prepara su próximo estreno en la Bienal-, se acercaron a acompañar a la tercera del elenco, la hija del bailaor, Belén Maya. También, en el mismo lugar, se darían cita una larga serie de autoridades para dar su condolencia a quien fue Medalla de Andalucía en 1987.
Más tarde, a la noche, la fiesta del V aniversario de la productora A Negro (Miguel Poveda, Israel Galván, Pedro Sierra…), que no pudo ser suspendida, reunió a una buena cantidad de artistas y aficionados. Ni que decir tiene que el tema de conversación, entre rostros compungidos de personas que no terminaban de asumir la noticia, no fue otro que la desaparición del maestro. Así, el bailaor Israel Galván reconocía un bajón que, según pasaban las horas, se acentuaba. "Creo que se me ha quedado pendiente una larga conversación con él. Siempre hemos discutido mucho de baile y, para la próxima ocasión, tenía preparadas muchas cosas que decirle".
Desolado, el guitarrista, escritor y experto en flamenco José Manuel Gamboa se quejaba preguntándose cómo se podía haber ido alguien "que era tan importante para nosotros". Unas palabras que sintetizan la amplia desolación que la muerte de Maya ha llevado a las gentes del flamenco.
CONVERSADOR, CABALLERO Y SABIO
En los últimos años, Mario Maya se hizo un asiduo del Festival de Jerez, donde presentó sus últimas producciones. Más allá del trabajo, uno es de la opinión de que en el ambiente cercano que se crea en la cita jerezana, donde conviven en cercanía artistas, alumnos y periodistas, el maestro encontraba el medio idóneo para dar suelta a una de sus grandes pasiones: conversar y discutir sin prisas del baile y del flamenco. Hacerlo con él siempre fue un privilegio. En la mayoría de las ocasiones, era el propio artista el que buscaba la excusa para iniciar la charla y, si se empezaba, no había límites. Gustaba de escuchar al interlocutor y exponía sus opiniones sabias con extrema modestia. Su largo conocimiento afloraba en cada afirmación, pero él no se daba importancia. Era exigente en la concepción del arte, pero en todas sus manifestaciones mantenía una caballerosidad de otro tiempo.
Eso y una tremenda dignidad que inundaba hasta sus pasos al andar. Más de uno se ha sorprendido al conocer que se había ido con los setenta cumplidos. Será difícil olvidarlo, pero qué huella tan hermosa deja entre nosotros.
Gracias al ciclo Flamenco viene del sur de la Consejería de Cultura, en la pasada primavera se pudo presenciar en el Gran Teatro Falla la obra Mujeres, la última producida por Maya, que precisamente concluía, en un claro guiño a Cádiz, con unos caracoles coreografiados por Manuel Liñán. El director del espectáculo nunca aclaró si la inclusión de esta pieza tenía algo que ver con el debate que se produjo hace dos años, en la anterior edición de la Bienal sevillana, cuando en el espectáculo inaugural, Andalucía, el Flamenco y la Humanidad, no fueron incluidas unas alegrías dentro del recorrido que con el Himno andaluz se hacía por las ocho provincias. Cuando se le preguntaba por su aportación a la obra se limitaba a decir que el sólo había puesto los años y un poco de orden. Pero, sin duda, poco importa a estas alturas ese debate.
Mario Maya, que conocía bien Cádiz, mantuvo en los últimos años su vinculación con la ciudad a través de la bailaora y maestra Charo Cruz, que durante muchos años mantuvo su academia en las Murallas de San Carlos. Cuando se acercaba al Festival de Jerez y veía a gente de Cádiz, era muy común que preguntara por ella. Charo reconoce que se hartó de llorar al conocer la noticia, pero que, a lo largo de la tarde del sábado, trabajando ya con su compañía, recobró el recuerdo dulce del maestro a base de citarlo continuamente a sus alumnos, algo que es más que corriente en sus enseñanzas. La gaditana se integró en la compañía de Maya a principios de los años ochenta del pasado siglo y se mantuvo en ella gran parte de esa década participando principalmente en los espectáculos ¡Ay Jondo! y El Amargo. De ese tiempo reconoce que, debido quizás a la juventud, no era consciente de lo que estaba viviendo, pero que cuando puso su academia no paró de tener a Mario en la boca. "Cualquier cosa que enseñaba -cuenta con voz entrecortada por el llanto- me la había dicho él. Cualquier alumno es testigo de lo que digo. Siempre, haga lo que haga, me he parado a pensar qué le parecería a él". Cuando se le pregunta a Charo si puede haber huella de Maya entre algunas de sus discípulas, contesta que "incondicionalmente, tienen que tener algo de él, porque una transmite lo que ha vivido, pero es que, además, siempre me ha gustado comunicar lo que le pertenecía". También recuerda Charo la generosidad del artista para con sus discípulos. "Si estábamos de gira y coincidíamos, qué te digo yo, con una actuación de Marta Gram. (bailarina contemporánea) nos invitaba a todos. Siempre estaba preocupado por el conocimiento, la disciplina y la técnica.
La relación de Charo con Maya se ha mantenido viva en los últimos años. "Siempre que nos juntábamos, hablábamos del flamenco y de la enseñanza. Incluso llegó a dar un cursillo en la academia. No hace mucho, vino a verme y le llevé a conocer a mis nuevas alumnas, a las que no paró de darles consejos". Cruz destaca de su maestro su permanente preocupación por el arte -"siempre muy pendiente de las raíces y, a la vez, muy atento a las novedades"- y su sutileza a la hora de plantear el trabajo: "No sólo estaba pendiente del baile, sino de la puesta en escena y de la forma de utilizar las músicas y los cantes". "Era el maestro total y un enamorado del arte", concluye.
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