manuel menchón | director y guionista "Fue Lorca quien salvó a Unamuno en el paraninfo"

  • El realizador y coautor de ‘La doble muerte de Unamuno’ acudió a las jornadas de la UNED en torno a la figura del escritor e intelectual del 98

El realizador Manuel Menchón, durante su estancia en Cádiz.

El realizador Manuel Menchón, durante su estancia en Cádiz. / Lourdes de Vicente

–La pregunta evidente, tras ‘La isla del viento’, ‘Palabras para un fin del mundo’ y ahora, ‘La doble muerte de Unamuno’, publicado por Capitán Swing es... ¿cómo llega al escritor?

–Pues imagino que como todos, en el instituto, con San Manuel Bueno, mártir y Niebla. Ocurre que su figura me llamó mucho la atención por aquello de estar continuamente haciéndose preguntas, cosa con la que me identifiqué. Y ese otro rasgo... el de no estar nunca, el de no pertenecer nunca al lugar que le correspondía. Como adolescente de Málaga en Madrid, también lo vi como algo propio.

–’La doble muerte’ juega en el título con los cabos sueltos sobre la muerte física de Unamuno. Pero, también, con la muerte de lo que significó.

–Si mataron o no a Unamuno, pues lo dejamos Luis García Jambrina y yo abierto al lector. Pero mucho más dolorosa fue la muerte simbólica, porque Unamuno pretendía transcender con su obra, y anularon su pensamiento. Tras su muerte, se amputa su legado intelectual. No sólo hizo campaña por la República, sino que su nombre aparece en una asociación paneuropea junto al de Zweig, Einstein, Freud, en lo que sería el germen de la UE; formó parte del comité antifascista en España... Luego fue crítico con Azaña, y apoyó en un inicio el levantamiento, pero después no dejaba de hablar de los “hunos y los hotros” y los arribistas del “Arriba España”. La fagocitación de su figura se da en el bando sublevado a nivel de propaganda y se subraya con la apropiación del propio entierro de Unamuno. Tan fuerte es que el único campo de concentración con el nombre de una persona, lo tuvo él, en Arganzuela.

–Y, ¿por qué este afán con apropiarse de Unamuno, precisamente?

–Porque había sido un referente de la República.

–El pecador recuperado...

–Unamuno en esa época tenía más peso internacional que Lorca. Mientras los falangistas le hacían honores como a uno de los suyos, muchos de sus libros eran perseguidos y quemados y la Iglesia lo nombro hereje máximo.

–Esta investigación pone en jaque otra asunción: que no le dan el Nobel por apoyar al fascismo.

–Ese es un ejemplo que sale en muchos libros de historia. Nosotros mostramos los documentos del III Reich que presionan en contra del Nobel a Unamuno precisamente porque lo consideran el mayor agente contra el régimen alemán en España... A este punto llega la manipulación.

"En su relato de los hechos de Salamanca, Pemán los suaviza, reduciéndolos a un choque de egos"

–Sabiendo lo que sabemos ahora, uno no puede evitar pensar que Unamuno se salvó de la depuración porque... Por la muerte de Lorca.

–A Unamuno, en el paraninfo, lo salvó Lorca. Y esto es otra cuestión, porque hasta que aparecen los documentos de Serrano se cuestionó incluso que los hechos de la Universidad de Salamanca hubieran sido tan graves, cuando se llegó a escuchar ruido de armas, de seguros que se quitaban. Tras la intervención de Unamuno, Millán Astray exclamó que los catalanistas debían morir, al igual que los intelectuales traidores, rodeado de sus seguidores, lo que se podría interpretar como una orden. Tampoco es cierta la versión de que es Carmen Polo, de alguna forma, la que lo salva...

–La que muestra Amenábar.

–Es Millán Astray el que le dice a Unamuno: “Dé la mano a doña Carmen”, porque está la prensa en aquel momento, un tanto como salvoconducto. Lo que transcendió, a través de la plataforma de Prensa y Propaganda que el propio Millán Astray dirigía, fueron los discursos de Pemán y Maldonado. Además, al día siguiente, todo el profesorado de la universidad le retira su apoyo a Unamuno, y el jefe provincial de Falange le manda una carta a uno de los hijos del escritor aconsejándole que no salga de casa. El día 14 de octubre, lo destituyen del cargo de alcalde vitalicio. Seis días después, para colmo, es la proclama de Millán Astray en el requetés de Salamanca. El propio Franco lo destituye como rector.

–Tras los meses de reclusión, Unamuno muere en una escena novelesca al máximo.

–Precisamente. Parece una especie de Cuento de Navidad:el frío extremo, el brasero, la zapatilla... Yo pienso que es tan bueno que era un relato de propaganda.

–¿Quién era Bartolomé Aragón?

–Pues no formaba parte, desde luego, del círculo de amigos del escritor –¿cómo iba a ser amigo de alguien que ordenaba la quema de libros?–. No tienen mucho sentido ni su presencia allí, ni la excusa con la fue. Miguel de Unamuno cumplía el perfil de los intelectuales represaliados, porque era liberal y republicano. Nadie puede decir cómo murió exactamente Unamuno, pero sí que es cierto que hay una serie de irregularidades en torno a lo que ha sido la versión oficial de su muerte...

–Entre ellas, destaca el informe médico, con un diagnóstico imposible sin autopsia.

–El médico que realizó la autopsia era un cirujano de enorme prestigio. Pero era, también, amigo de Unamuno, y estaba más que señalado.

–Y, ¿qué le empuja a redactar ese informe?

–Para mí, era una manera de decir a los hijos de Unamuno, cuatro médicos, que había algo irregular que no podía contar.

–Como apunta, uno de los que estaba en esa mesa del paraninfo era José María Pemán. ¿Se conoce cuál fue su reacción al respecto?

–Años mas tarde, rememora por escrito en ABC aquellos hechos y los suaviza bastante. Lo traduce como un cruce de egos entre Unamuno y Millán Astray. Omite cosas como las amenazas de muerte de este último, o la provocadora referencia a José Rizal. Pero la gente que estuvo allí lo recuerda.

–¿Qué opina de la ejecución de la Ley de Memoria Histórica?

–Pues, realmente, yo tengo envidia de los alemanes: creo que su asunción del tema fue modélica. Ocurre que en España ganaron los que perdieron en Europa, y todo esto llega tarde y mal. Creo que la aplicación de la Memoria Histórica no es una cuestión de ideología, sino de salubridad democrática. Hay que comenzar a asumir qué pasó, qué somos como país. En Alemania se ha hecho; y en Italia, también.

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