Literatura | Luis García GIl

"Ahora que se habla tanto de empoderamiento, Ana Belén es un buen modelo"

  • El autor acaba de publicar 'Víctor Manuel, Ana Belén. Los latidos de un país' (Efe Eme), donde repasa por primera vez la trayectoria de ambos 

El escritor Luis García Gil, en La Clandestina. El escritor Luis García Gil, en La Clandestina.

El escritor Luis García Gil, en La Clandestina. / Jesús Marín

-Ana Belén y Víctor Manuel han sobrevivido cincuenta años dentro y fuera del escenario. Una consistencia que no siempre ha actuado a su favor:en ellos se piensa cuando se piensa en la progresía, en “los de la ceja”...

–Todos tenemos prejuicios, y en el caso de Víctor y Ana es fácil despertar odios, ya que han demostrado ser una pareja muy estable a pesar de todos los avatares. Creo que, en los últimos tiempos, tendemos a relativizar demasiado lo que fue la oposición al franquismo. Olvidamos que en el año 69, se declaró el estado de excepción en España, y que a principios de los setenta se dieron los casos de Ruano y de Puig Antich. Víctor Manuel surge como una cantautor muy apegado al folclore, que escoraba hacia temas muy sociales y hacia composiciones reivindicativas y valientes, que a menudo tenían dificultades para pasar la censura. Ambos se unen al PCEy reciben amenazas de muerte. Se la juegan en muchos momentos con una serie de reivindicaciones.

–Entre las polémicas del momento, estuvo la de la obra Ravos, en México... ¡salió a defenderlos Julio Iglesias!

–Ahora que está tan de moda el tema de la bandera, el conflicto surgió porque se creía que pisaban una bandera de España: no era cierto, aunque Ravos sí cuestionaba elementos del nacionalcatolicismo, del folclore... Julio Iglesias acababa de dar el salto al estrellato americano, tuvo muy claro que su carrera estaba enfocada a lo internacional. Lo curioso es que en Mundo joven, la revista de música del momento, podías ver juntos a Julio, Mike Kennedy, Miguel Ríos y Juan Pardo.

–Eso es algo que destaca:la diversidad del panorama musical de la época.

–De finales de los 60 hasta los 80, junto al auge de los cantautores, los grupos de pop seguían en activo, y la canción melódica ocupaba también su lugar. Junto al rock de Miguel Ríos estabaVíctor Manuel pero también Triana o Nino Bravo. Y las mujeres: nombres como Mari Trini, de influencia francesa, o Cecilia, de influencia anglosajona. La lista de éxitos de la época tenía una heterogeneidad que ya la quisiéramos. Había un afán de atrevimiento, también en el cine... Si alguien hace ahora Ana y los lobos, no aguanta en las salas. Había una rebeldía que estaba en primera línea.

–¿Cómo llega a 'Los latidos de un país', este proyecto sobre ambos?

–Sobre todo fue el sorprendente hecho de que, a pesar de ser rostros icónicos para todos, no existía un libro que hablara de su trayectoria juntos. Sobre Víctor se había escrito muy poco, aunque tiene unas memorias muy interesantes; y sobre Ana Belén, tampoco mucho. Pienso que es algo demasiado frecuente en este país:hay muchos músicos esperando que alguien ponga en valor su obra.

–También ha escrito un libro sobre Marisol (Marisol, Pepa Flores:corazón rebelde):un referente tan parecido y tan distinto al de Ana Belén.

–La principal diferencia es que Marisol fue un fenómeno estratosférico. Zampo y yo no cuaja en taquilla y Ana Belén tiene claro que lo que tiene que hacer, a los 17-18 años, es romper con esa imagen aniñada y dedicarse al teatro. Otra gran diferencia es que Marisol tuvo a Goyanes como productor, mientras que Ana Belén tuvo a Miguel Narros, que sabrá sacarle el potencial, al igual que luego Víctor Manuel, que era quien estaba convencido de que debía dedicarse a la canción. Su unión es la de dos cómplices que se juntan. No estoy diciendo que dependieran de ellos, pero está claro que el entorno y la estabilidad emocional influyen muchísimo:sobre todo, en el caso de Ana Belén, tocando tantos palos a la vez. Es verdad que, a Marisol, Antonio Gades la ayudó durante un tiempo... Hay que destacar hasta qué punto Marisol lucha por tomar las riendas de su carrera. Hasta el 86 está en activo y hace trabajos muy buenos, también en la tele, como Mariana Pineda; y en su carrera discográfica tiene cosas muy interesantes. La conquista personal de Pepa Flores tarda, pero consigue desembarazarse de esa imagen naif, por ejemplo, con el desnudo de Interviú.

–Probablemente, de pocos artistas sepamos más canciones. Quizá por ser tan conocidos, los hemos dado por hechos.

–Yo propondría mirar donde no se suele; en aquellas canciones que no han tenido tanta repercusión. De hecho, creo que esa ha sido mi principal labor a la hora de hacer este libro. Javi Álvarez, por ejemplo, recordaba cuando la fecha de salida de un disco de Víctor y Ana era un acontecimiento, del bombazo de Rosa de amor y fuego. Creo que, en los ochenta, supieron muy bien huir del sonido convencional aunque asumieron muchas influencias, con arreglistas que les daban el tono del momento. Siempre hay tiempo para la ternura es un trabajo con buenos descubrimientos. Hay temas en los que se ve que su compromiso no es impostado, por ejemplo: ya hay desencanto en los años en su Canción de la esperanza. A los artistas les exigimos que sean tan combativos como cuando tenían 20 o 30 años, pero ni nosotros mismos lo somos. Para mí, Víctor Manuel y Ana Belén representan un tipo de honestidad que no me parece justo que se ponga en duda, ahora que hablamos tanto de memoria histórica. Casi nada está en su sitio, el último trabajo de Víctor Manuel, no es la propuesta de un artista acomodado. Por no hablar de Ana, que desarrolló dos carreras con muy buen equilibrio entre ambas facetas, con papeles muy exigentes en el cine y el teatro. Ahora que se habla tanto de empoderamiento, ella es un buen modelo.

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