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Alberto Romero Ferrer | Profesor de la Universidad de Cádiz “Lola Flores puso color en los tiempos del blanco y negro”

  • El autor del premiado ensayo sobre la jerezana analiza las claves tanto del personaje popular como de la artista, para la que reivindica un acercamiento que resalte su faceta cultural

El profesor Romero Ferrer, con un ejemplar de su ensayo sobre Lola Flores. El profesor Romero Ferrer, con un ejemplar de su ensayo sobre Lola Flores.

El profesor Romero Ferrer, con un ejemplar de su ensayo sobre Lola Flores.

Alberto Romero Ferrer, profesor de Literatura Española en la Universidad de Cádiz, logró hace cuatro años acercarse a la figura de Lola Flores desde un criterio académico. Su ensayo Lola Flores. Cultura popular, memoria sentimental e historia del espectáculo, que fue premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos, desveló una nueva manera de enfocar a la artista. Ahora, desde la distancia, el profesor gaditano repasa las claves de su trayectoria y aboga por destacar sus virtudes artísticas más allá de su popularidad, también tangible y valiosa y que centró una parte de la historia escénica de la posguerra española.

–¿Cuáles serían, 25 años después de su muerte, las claves de la figura de Lola Flores?

–Creo que con Lola Flores hay un problema que es ella misma, el personaje que ella crea, el personaje más popular de la televisión se come en parte a la artista. Creo que eso tiene una parte positiva, porque le da mayor proyección, pero por otra parte es una sombra sobre aspectos que para mí sí tienen un valor: ella es un peso de oro en el mundo del espectáculo, de la interpretación del arte flamenco. Y en la balanza entre esas dos figuras, según adonde miremos, nos vamos a encontrar la Lola Flores del “si me queréis irse”, de Hacienda, la del Interviú, que tiene un interés sociológico importante, y al lado, conviviendo, está la artista. Es una clave para entender el personaje.

–¿Creó de alguna manera Lola Flores ese personaje social para eclipsar su parte artística?

–No, no, no, vamos a ver. Yo creo que ella, por su trayectoria y por la propia historia política y periodística de España, se tiene que ir adaptando. Ella, en principio, es una mujer de teatro, sus inicios son en el mundo del teatro, con espectáculos folclóricos, con Manolo Caracol, después ella sola con la famosa Fantasía lírica de Quintero, León y Quiroga, que es un episodio muy importante del teatro español de la posguerra y que está infraconsiderado pese a su calidad artística y el peso de las letras de muchas canciones. Después, Lola Flores se adapta al cine, da el salto de la mano de Cesáreo González que la convierte en una estrella en México y España. Claro, el cine ya son otros códigos, diferentes, y la artista va perdiendo intensidad. Pero es que después ella se reconvierte al mundo de la televisión, que es otro formato distinto donde vuelve a aguarse la artista y florece más, o se ve más, esa otra Lola Flores que es más popular, como la famosa Lola Flores de la boda de Lolita. ¿Qué bueno tiene la parte suya de cine y de televisión? Pues que, de vez en cuando, aparece la artista. Aunque sus películas son de una calidad relativa, sin embargo cuando interpreta las canciones, ese momento da por válido el resto. Y en la televisión, igual.Después, yo creo que con Lola Flores, y es otra clave de su popularidad que explica esa cola interminable en el Teatro de la Vila cuando murió, se produce una identificación de igual a igual con su público...

–Estoy viendo a mi madre...

–Claro, claro, tu madre, mi padre...

–Donde se ponía Lola Flores no se ponía nadie.

–Nadie, nadie... Es una artista que cuando llega al cine se ha recorrido toda España, teatros, plazas de toros... Incluso el espectáculo de Zambra, que fue un gran éxito con un montaje bastante complicado, después de estar varios meses en Madrid, salió a todas las provincias y todos los pueblos. Esto le dio una extraordinaria popularidad, con gran proximidad con el público. Y con el cine llega a más público; y con la televisión, Lola Flores se mete en tu casa.

–¿Por qué Lola Flores fue un mito antes de morir, quizás porque decía las cosas en la forma que la gente quería oír, con esa manera de hablar tan directa?

–Sí, posiblemente. Otra clave para entender el personaje lo da Carmen Martín Gaite en su novela El cuarto de atrás, en la que la escritora cuenta cuando se echa un novio, cómo tenían que ser las relaciones sexuales, y decía que cuando escuchaba una copla, Tatuaje por ejemplo, que eso era el amor de verdad, la pasión de verdad. Y ese cuarto de atrás de la moral española lo representa muy bien Lola Flores. Ten en cuenta que su relación con Manolo Caracol, por mucho que le moleste a sus hijas, fue una relación muy tormentosa y muy escandalosa en la época. Primero, porque era un hombre casado; segundo, porque era gitano con todo lo que eso significa de los códigos, y luego, en los años 40, el régimen, la moral del régimen, toleraba eso y se exhibía sin ningún tipo de pudor dentro y fuera de los escenarios. Ese elemento de transgresión, ese icono femenino que estaba en las antípodas de la Sección Femenina, creo que enganchó a muchísima gente. Y tiene que ver con ese carácter tan extraordinariamente sencillo, fresco y muy espontáneo. Además con el talento que ella tiene, porque incluso en las situaciones más disparatadas hay que reconocerle muchísimo talento y muchísima capacidad de salir airosa de situaciones muy delicadas, como la de la boda de Lolita que ha quedado como un icono de los años 80.

–Nos dicen que es una obra de teatro y nos lo creemos.

–Y te lo crees, sí. Y ves los personajes secundarios como El Cordobés, que se lo está pasando estupendamente (ríe), todo tan disparatado, y ella viviendo ese momento con una intensidad lorquiana.

–¿Ha mantenido algún contacto con la familia de Lola Flores desde que se publicó el libro?

–No, no. No era ese el objetivo del libro, que no entra para nada en la vida privada y ni siquiera en el anecdotario, aunque en algún momento se alude a él para dar una imagen completa, desde el punto de vista sociológico, de lo que ella representa. Aquí se pretendía un estudio cultural, sociológico, artístico e histórico.

–¿Qué queda hoy en día de Lola Flores? ¿Hay que recuperar algo de su figura?

–Hombre, yo creo que hay que recuperar a Lola Flores dentro de lo que sería hacer la historia de la cultura en la posguerra española. Se han hecho muchos estudios históricos, económicos, algo de sociología, pero ver un poco cómo se entretenían nuestros padres y nuestros abuelos en los años 40 y en los años 50 falta, y yo creo que ahí Lola Flores, dentro del complicado contexto de censura, aporta dentro del horror algo de luz, algo de color, aunque sea un color chillón. Y Lola Flores aporta mucho a ese mundo, hace un poco como más tolerable, entre comillas, la vida de los españoles. Claro, sus canciones, una vez que tenían éxito en el teatro pasaban a la radio y ahí ya se disparataba todo.

–Hoy se diría que se hicieron virales...

–Sí, claro. Mira, en el año 41 la copla Tatuaje se convierte en un auténtico hit parade, es la canción más interpretada en el teatro y la que se pone más veces en la radio. Y tú dices, cómo es posible, porque si tú lees la letra ves que cuenta una historia... y piensas en la censura. Ahí hay una asignatura pendiente, ver qué hay detrás de todo eso, ver que hay unas calidades artísticas importantes, ver que esa convivencia con el franquismo, que le ha hecho tanto daño a todos estos artistas, era lo que había. En los años 40 y 50 si estabas aquí y eras artista, no había opciones. Otra cosa es que después el régimen intentara apropiarse de todo esto, como lo intentó por ejemplo con Marisol. Pero de ahí a que eso sea todo una comunión cien por cien de lo que representaba Franco, para nada. Me parece muy injusto, porque la sociedad española en esos 40 años fue muy franquista pero no en el sentido de apoyar a Franco, sino lo que yo llamo un franquismo sociológico, de supervivencia. Y Lola Flores representa muy bien eso, esa supervivencia. Ella pone color en tiempos de blanco y negro.

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