Josele Santiago ofrece hoy 'Lecciones de vértigo' en la sala Supersonic

El carismático líder de la banda Los Enemigos recala en Cádiz a lo largo de su gira por todo el país para presentar su cuarto trabajo en solitario · El artista es un señor de letras y narraciones con sones clásicos

Josele Santiago, en una de sus fotografías promocionales.
Josele Santiago, en una de sus fotografías promocionales.
Pablo Bernardo Caveda / El Puerto

14 de octubre 2011 - 05:00

La era dorada del pop español, que se produjo a lo largo y ancho de los dilatados, malinterpretados y siempre mitificados años ochenta, no consistió sólo en una prolongada juerga financiada por Tierno Galván; también hubo espacio para milagros sonoros como el de Radio Futura, o tiempo para hacer rock clásico con letras inteligentes y repletas de contenido, como demostraron Los Enemigos.

No deja de ser curioso que, a pesar de todo el tiempo transcurrido desde aquella multicolor barra libre que fueron los ochenta, la mayor parte de las bandas irrepetibles que integran nuestra escueta historia musical sigan procediendo de su legado, gracias sobre todo a figuras de la envergadura de Santiago Auserón o Josele Santiago; durante los noventa sólo Los Planetas y el primer Señor Chinarro lograron escapar del embrujo británico; y los grandes músicos que han surgido durante esta última década aún están pronunciándose acerca de su forma de comprender la música, su identidad, la industria o el público.

Ahora bien, nuestros músicos más gruesos se resisten a decir su última palabra (lo que agradecemos infinitamente), y si hace unas semanas Santiago Auserón se dejaba caer por Cádiz para presentar su último espectáculo, ahora es Josele Santiago el que nos trae a la Sala Supersonic, recién sacado del horno, Lecciones de vértigo, su cuarto disco en solitario.

Por todos es (o debe ser) conocida la vida pública del artista de Madrid: nació a mediados de los sesenta, y veinte años después formó el grupo Los Enemigos en el corazón del meollo contracultural: una banda de rock urbano con personalidad y unas letras a medio camino entre lo humorístico y lo lírico. Durante veinte años se hicieron con el cariño de crítica, público y compañeros de profesión, hasta que en el año 2002 se separaron. Entonces Josele Santiago emprendió una nueva carrera, esta vez en solitario.

Si existiese alguna palabra capaz de describir la música del artista madrileño, esa palabra sería 'inventiva'. Santiago es un señor de letras y narraciones aupadas por unas estructuras musicales clásicas. Aunque ahora se suba al escenario solo (es una forma de decirlo), y el trasfondo instrumental siga siendo inequívocamente similar al de Los Enemigos (quizás algo más suave), su singular universo rockero sigue estando determinado por su asombrosa capacidad fabuladora.

La edad le ha dado pausa, profundidad vocal y muchas más cosas que recordar, pero, al fin y al cabo, se trata de la misma idea que propició la creación de su célebre banda hace ya dos décadas y media.

Sus tres primeros discos en solitario recibieron una cálida acogida por parte de crítica y público, que agradecieron el viaje de Josele Santiago desde las letras urbanitas de sus catorce discos (y cuatro EPs) con Los Enemigos a unos registros más líricos (aunque llenos de desparpajo y, en muchas ocasiones, muy mala leche).

Su último trabajo, Lecciones de vértigo, ha sido publicado hace sólo unos meses, y ha sido producido, de nuevo, por su inseparable colega Pablo Novoa. El disco contiene registros poéticos, irónicos o sarcásticos, e incluso guiños a sus primeros trabajos con Los Enemigos (como en Canción de Próstata), aunque desde una perspectiva sonora más popera, menos estridente (aunque igual de efectiva).

Como viene siendo habitual en su producción en solitario, la totalidad del disco ha sido grabado en directo en el estudio, y vuelve a redundar en la capacidad inventiva de Josele Santiago, que a pesar de los años, sigue recordando por su humor y sus letras al mismísimo Frank Zappa.

En resumidas cuentas: la Sala Supersonic nos propone esta noche a partir de las 23.30 horas un ajuste de cuentas con lo más inteligente y afortunado de nuestra memoria musical colectiva, que, lejos de estancarse en los marchitos ochenta, sigue creciendo y alimentándose de los nuevos tiempos.

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