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OBITUARIO

Jesús Morillo (Cádiz, 1951-2018):un auténtico independiente

Jesús Morillo acaba de representar su última función en el gran escenario del mundo. Sin embargo, el telón nunca caerá sobre él porque ha sido protagonista de un importante capítulo de la historia de las artes escénicas, tanto en su aspecto local como nacional: el teatro independiente. Un fenómeno artístico que, entre 1962 y 1980, revolucionó los escenarios, presentándose como alternativa al teatro comercial, para continuar la senda que habían marcado los grupos de cámara y los universitarios. La ciudad de Cádiz fue un núcleo bastante activo dentro de este movimiento donde surgiría la compañía Carrusel en 1970, precisamente fundada por Jesús Morillo en la que ejerció como director, actor, escenógrafo y figurinista, además de escribir varias piezas.

De formación autodidacta, como la gran mayoría de sus compañeros de farándula, se reconocía en sus trabajos un amplio abanico de tendencias teatrales donde destacó el estilo de Lindsay Kemp, a la que supo dar un sello particular para crear unos espectáculos de una estética fuera de lo habitual que gozaron de gran aceptación del público.

Su primera puesta en escena fue Los Justos de Camus, en 1970, para continuar con Las criadas de Genet en 1971. Siguieron, de autoría propia, Tríptico inacabado sobre una conjura de libertadores (1973), luego titulada La balada perdida en 1976. Posteriormente, escribió Romance de un pueblo olvidado, también conocida como Misa negra y réquiem de sublevados. Igualmente llevó a cabo una adaptación de La divina comedia y dos, sobre el Marat-Sade de Peter Weiss. La de Medea, con el sobrenombre de Rito y ceremonia sobre una leyenda inmortal, estrenada en 1979, constituyó el montaje más conocido y admirado de Carrusel.

Tras la disolución de este colectivo, trabajó y colaboró con distintas compañías y entidades, como la también gaditana Teatro del Mentidero, de escenógrafo y figurinista para el espectáculo Espacio (1983) sobre textos de Juan Ramón Jiménez; como ayudante de dirección en el Centro Andaluz de Teatro en El hombre que murió en la guerra (1990) de los Machado; o en la puesta en escena de Antes que el tiempo acabe (1991), sobre textos de Cernuda, con la compañía de Luca Nicolai, entre otros muchos trabajos. Combinó toda esta actividad con variadas intervenciones en cine y televisión, llegando a compartir escenas con David Carradine en la película El caballo y el águila (1994) de Elber Colber.

Durante toda su vida continuó su formación realizando cursos con profesores de la talla de Juan Carlos Corazza, John Strasberg, o Carlos Gandolfo, para cuya escuela en Buenos Aires (Argentina) fue becado por la Junta de Andalucía. En los últimos meses, además de realizar un curso de interpretación con Miguel Rellán en la Escuela de Cine de la UCA, donde tuvimos la gran suerte de coincidir, andaba embarcado en dos proyectos teatrales. Según nos informó uno de sus compañeros, Fernando Bonat, participaba en el montaje de Baño de damas de Rodolfo Santana, con el grupo La Gaviota Teatro, además de ensayar Historia de una escalera de Buero Vallejo en La Diligencia Teatro. Una existencia, en definitiva, dedicada plenamente a la escena; vivida, por tanto, como un sueño; soñada, por supuesto, ahora, eternamente. /Désirée Ortega Cerpa

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