Cultura

"Frente al pesimismo de la lógica está el optimismo de la voluntad"

  • Antonio Muñoz Molina recorrió, acompañado de Elvira Lindo, su trayectoria vital y literaria

  • El escritor analizó también la actual "involución social" y llamó al compromiso personal

Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina en la abarrotada Aula Magna de Filosofía y Letras. Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina en la abarrotada Aula Magna de Filosofía y Letras.

Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina en la abarrotada Aula Magna de Filosofía y Letras. / JOAQUÍN PINO

Recordaba Elvira Lindo en la presentación a Muñoz Molina su primer encuentro en unos Cursos de Verano, donde el escritor le pareció "más alto y más delgado y con más sentido del humor", y donde "pasó casi de inmediato a ser Antonio". Al público asistente a esta cita de las Presencias Literarias en la Universidad -que llenaba el Aula Magna de Filosofía y Letras- probablemente le ocurrió algo parecido. Antonio Muñoz Molina -académico de la RAE, Premio Nacional y de la Crítica, Premio Príncipe de Asturias de las Letras- se hizo enseguida un tipo cercano, que nunca tuvo "expectativas muy grandes" acerca del devenir literario, más allá de "acabar un libro y escribir lo mejor que pudiera", algo que ha hecho siempre sin atender a "modas"; que ha "disfrutado muchísimo escribiendo" ya que las cosas que le gustan le "enloquecen", al mismo tiempo -afirmó- que "me ha disgustado muchísimo, desde niño, cualquier obstáculo o injusticia social"; y que odia la pompa y el protocolo, "cosas a las que uno a menudo accede por falta de carácter", aunque disfrutó de la oportunidad de "hacer un trabajo público" mientras fue director del Instituto Cervantes en Nueva York.

"Sí, a veces me dan ganas de seguir escribiendo como tú haces tan estupendamente. Me siento bastante bien representado", apuntó, respecto a si echaba en falta su labor de articulista, su compromiso social público: "De hecho, Cuando todo era sólido, al principio lo contemplé como una compilación de artículos que había escrito desde el año 91, hablando precisamente de todas esas cosas: la cultura del espectáculo, el folclorismo de la fiesta, las tradiciones... -explicó-. Con muchas tradiciones, incluido el Carnaval de Cádiz, se dice esto es vanguardia, creación, pero si luego te sales del canon, te crucifican".

Respecto a la sensación de involución general que parece vivir la sociedad, Muñoz Molina apuntó que el "derrumbe es en gran parte una consecuencia de lo que no se hizo en los 80. No hemos construido una cultura democrática sino una cultura política de partido, no forjada en el diálogo con la realidad, con poca cultura institucional y civil y poca sustancia educativa. No se ha enseñado a tener cultura democrática -continuó-. Antes, la cultura era algo que se adquiría: uno se formaba, algo que es vital también para la existencia de algo tan necesario como la opinión pública. Esa cultura de formación se ha sustituido por una cultura de nacimiento, antropológica, ya dada: andaluza , murciana, identitaria; algo que refuerza la pertenencia al grupo, el sentirse protegido, y también el sentirse ofendido ante cualquier disidencia, y lo de fuera será, indudablemente, peor. Si no formas parte de ese corpus, te solucionan diciendo: Ese no lo entiende porque no es de aquí, o Se ha ido fuera, qué va a decir".

"Han vuelto las peores tradiciones -prosiguió el escritor- que con la derecha se defendían porque eso era lo que había que hacer y de ellas y con ellas, además, emanaba la figura de autoridad. Cuando los de mi generación éramos jóvenes, nos fascinábamos hacia lo de fuera precisamente porque lo que queríamos era un internacionalismo. Luego resultó que la izquierda adoptó esas mismas tradiciones porque eran expresión popular".

Al recordar su pasó por Estados Unidos, Muñoz Molina mencionó "el espejismo de Obama" y al "personaje este, Trump: estos dos meses han sido una continua guerra feroz de los ricos contra los pobres, y todo ello, con la colaboración de aquellos a los que están masacrando".

Sin embargo, frente al "pesimismo de la lógica", el autor llamó al "optimismo de la voluntad: si uno hace algo bueno, eso tiene un valor absoluto, más allá de que creas que el mundo se hunde. Pienso en todos los grandes desertores, todos los que han llevado la contraria. ¿Qué nos puede pasar por decir lo que creemos que es justo? ¿Que nos masacren en Twitter?".

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