literatura

David Monthiel: "La política tiene en sí algo de misticismo, de fe irracional"

  • El autor recogió esta semana el L´H Confidencial de Novela Negra por 'Nuestra Señora de la Esperanza' 

  • La tercera entrega de Bechiarelli toma como referencia los ayuntamientos del cambio

El escritor gaditano David Monthiel acaba de publicar la novela 'Nuestra Señora de la Esperanza'. El escritor gaditano David Monthiel acaba de publicar la novela 'Nuestra Señora de la Esperanza'.

El escritor gaditano David Monthiel acaba de publicar la novela 'Nuestra Señora de la Esperanza'. / Lourdes de Vicente

–Cuando comenzó la serie de Bechiarelli, temía que sus referencias fueran demasiado gaditas para el mundo “exterior”. Y gana un premio internacional.

–Resulta que los organizadores del premio están relacionados con La Bòbila, una biblioteca especializada exclusivamente en género negro que hay en Hospitalet, y sabían de la existencia de Las Niñas de Cádiz, por ejemplo. Pero ya en el primer filtro de lectores, me dijeron que había causado muy buena impresión. Todos pillaron enseguida la inspiración de Vázquez Montalbán –sobre todo, con Asesinato en el Comité Central– y entendieron al personaje y el costumbrismo de la serie de un plumazo. Diría que lo gaditano ya ha dejado de pertenecer a un ámbito reducido.

–Como ‘Asesinato en el Comité Central’, esta es, también, una novela política: un concejal gaditano aparece asesinado. Es imposible no poner caras.

–Cualquiera que lo lea, verá que ella, la alcaldesa, es una figura muy cercana (Teresa Rodríguez), aunque luego se despegue de su referencia porque era inevitable. Cogí, por ejemplo, lo del falso desnudo, aunque no metí lo del acoso porque era demasiado.

–¿Por qué necesitaba contar ese cambio de agujas de los ayuntamientos del cambio?

–Tengo muchos conocidos, también militantes, que me han dicho: “¿Por qué no haces algo político-social, al estilo de Gopegui?”. Y no sé... Pero terminé preguntándome, en plena vorágine del nuevo ayuntamiento, qué pasaría si, en mitad de toda esa presión, hubiera aparecido un muerto “en extrañas circunstancias”. De hecho, aparece toda la ofensiva de los medios:el desnudo, el cónsul alemán, los cursos de masturbación... Todo ello, junto con una continua reflexión política y la llamada de atención sobre la especulación inmobiliaria.

–La turistificación, con el viejo truco de la pasta base a precio tirado en barrios pintorescos pero “tocados”.

–Eso no sé si es verdad, aunque desde luego se ha dado en otros sitios. La turistificación se está imponiendo, también, porque hay muchas casas vacías. Frente a esa amenaza, he querido mostrar cierta reacción, cierta cohesión de barrio y de asociacionismo que sí es verdad fue surgiendo a partir del 15M.

–Pero en la novela también aparece ese enfrentamiento que ha surgido, a posterior, entre vieja y nueva izquierda.

–Hubo un momento, en los inicios de todo esto, que parecía que iba a darse un encuentro entre esa izquierda de base, de sindicatos y movilizaciones, que está representada en la novela por Manuel Nogales, y los nuevos. Hay cariño en esa aproximación, pero también hay crítica. Manolo es, de hecho, un personaje algo mesiánico, que asimila la religión... Y es que, volviendo a lo mismo, creo que la política tiene una pátina de misticismo. Es como esa imagen de Walter Benjamin, del autómata de ajedrez que era imbatible pero que realmente tenía un enano dentro: para él, la política era el maniquí ; y el enano, la religión. En mi historia, el maniquí es el guapo: Gabriel, el concejal al que asesinan; y el que realmente le aporta el corazón al tema, es Manolo Nogales. También hay un concepto masculino y femenino de la política, donde ella busca el acuerdo y Gabriel va a la guerra siempre.

–El sustrato mítico está presente en todas las novelas de Bechiarelli: el Carnaval, las puellae gaditanae... y ahora, Astarté.

–Era una forma de cerrar la historia. La “alcaldesa del cambio” es, en efecto, Nuestra Señora de la Esperanza en versión virgen negra, que refieren a antiguos cultos a diosas de la fertilidad, como Astarté. Incluso se llama Esther, por lo de estrella del alba. La novela es, en sí, una reflexión sobre la esperanza, sobre la fe. Esther Amberes, mi alcaldesa, es aquella a la que se dirigen nuestras plegarias, la Reina del Asalto a los Cielos, como dice un personaje.

–El discurso neoliberal rampante, que parece algo de los últimos años, aquí lo hemos escuchado siempre: el que no prospera es porque no quiere, están así por su culpa, quieren vivir de la sopa boba...

–Hay que entender que este es un pueblo en déficit desde hace mucho, con una economía sumergida tan larvada... Aquí llevamos en crisis muchos años, escuchando de todo: “Estamos hartos de que la chusma decida, nosotros sabemos lo que necesita esta ciudad, cuáles son vuestros intereses...” Pero sabemos quiénes son las víctimas reales de muchas cosas.

–Pepa Cortés, con ese nombre, aparece como la voz del pueblo, y termina defenestrada.

–Tiene una epifanía, con su inspirada intervención en un pleno (también tomado de la realidad) pero al final, se convierte en un juguete roto. Siempre pierden los mismos. Los utilizan, como al personaje del escritor, que él mismo se da cuenta de lo que hay: cuando creen que puede servirles, que puede tener un valor simbólico, lo llaman para artículos, talleres... Cuando ven que no es tan propicio como piensan, lo dejan de lado.

–Ah, el “todos son iguales”.

–Para no caer bajo el peso de la rueda de la maquinaria política tiene que haber mucha voluntad. El no olvidar ese:“Estáis aquí para servir, trabajáis para nosotros”. No es algo inevitable: hay gente que lo hace, que resiste, pero hay que hacer frente a muchas presiones, mucha guerra sucia, fakenews... Resistir el aluvión, que es muy grande.

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