Cultura

Cepero no hay más que uno

Puede presumir Jerez de tener una guitarra como la de Paco Cepero, una leyenda viva y que ha creado su propia escuela a lo largo de los más de cincuenta años de trayectoria artística que posee. Puede presumir de un músico excepcional, capaz de componer con la misma emoción un tema para guitarra que una marcha procesional o una pieza instrumental. Su sonido no se parece a ninguno y ahí, y en esa maestría que ha alcanzado con el paso de los años, está su grandeza.

Ayer lo pudimos comprobar en Villamarta con 'Tradición y duende', en el que no sólo pudimos saborear parte del numerosísimo repertorio de Paco Cepero, sino que disfrutamos de un espectáculo bien estructurado, bien iluminado y sonorizado y en el que en ningún momento se perdió la tensión. Ayudaron, una escaleta bien organizada, en la que se le dio su tiempo, claro está, a la guitarra del jerezano, pero también al baile de Carmen Herrera, Ana Latorre y Álvaro Paños e incluso al cante de Alonso Rancapino Chico convirtiendo la hora y media que duró el mismo en una velada ejemplar. Ni faltó ni sobró.

Paco, acompañado por sus habituales 'escuderos' guitarrísticos, Miguel Salado y Paco León, la percusión de Chicharito y el violín de Sophia Quarenghi, pronto desplegó sus alas para arropar al teatro. Lo hizo con temas clásicos como los tanguillos Domingo de Carnaval, donde juega con los tiempos como nadie; con Cartuja, rebosante de matices personales, Corazón y bordón, o Ermita de San Telmo, una seguiriya de mucha flamenquería plagada de recursos y silencios embriagadores.

Para no caer en la languidez, 'Tradición y duende' intercaló escenas de baile con el sello de Javier Latorre que interpretaron Carmen Herrera, Ana Latorre y Álvaro Paños. Lo elegido, la obra culmen del maestro, Suite Gades, que en tres pasajes fueron desgranando primero Carmen Herrera (Romance del mar) a la que se le vio en otro registro muy a la 'forma Latorre', luego la joven Ana Latorre (Barrio de la Viña), con mucho empaque sobre las tablas, y finalmente Álvaro Paños (Fenicia), de cuidado movimiento. No sólo fue ese el único momento de baile, ya que al ejecutar Cepero su famosa sevillana 'Calle Encaramá' los tres volvieron a escena, en otro buen detalle del espectáculo, para llevar a cabo una nueva coreografía.

El recorrido musical elegido por el guitarrista se detuvo de seguido en la pieza Fuente de Cristal, un precioso trémolo flamenco; en Capricho, una maravilla creativa que dedicó "a todas las mujeres", y esa bulería que rezuma jerezanía por los cuatro costados, Despertar en Jerez, por citar a algunos.

Después de casi una hora concierto, el violín de Sophia Quarenghi, como siempre exquisito y vibrante, introdujo los sones de una nana para que Rancapino Chico hiciera de las suyas. Cómo modula la voz este chaval y qué condiciones posee. Es un caramelo cantando y que sabe imprimir, cuando llega el momento, un toquecito racial, el preciso, que le hace distinto. Fue una pequeña pincelada la suya, junto a dos o tres letras por bulería posteriormente que pusieron color al baile de los tres protagonistas. Nos dejó con ganas de más.

El último toro de la noche, por expresarnos en términos taurinos, tenía nombre propio, 'Agua Marina'. Cepero agarró el capote con esa maestría que nos tiene acostumbrados y cerró su vuelta al Villamarta por la puerta grande, picando, rasgueando y dando vida propia a un tema histórico que el público quiso corresponder despidiéndole en pie y con palmas por bulerías.

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