Literatura infantil

La fantasía y las matemáticas

  • David Blanco y María Espejo publican 'El bestiario de los números', una propuesta en la que mezclan números, arte y literatura

Ilustración de María Espejo para El bestiario de los números. Ilustración de María Espejo para El bestiario de los números.

Ilustración de María Espejo para El bestiario de los números.

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David Blanco es físico teórico de formación. No sé bien lo que hacen los físicos teóricos, pero sí que da la sensación de que son de esa gente que tiene la cabeza “en otra cosa”. En el caso de David, en otras cosas: “Soy un caso de quien mucho abarca, poco aprieta, porque siempre me ha gustado dibujar, escribir, me llama mucho la atención el mundo de la música... De pequeño, me gustaba mucho la ciencia-ficción, y me sigue gustando –se explica–. Y creo que era porque ahí estaba, literalmente, la clave:lo empírifico y lo fantástico, que es la ciencia-ficción, esa comunicación natural entre dos mundos”.

La gaditana María Espejo no era mala en Matemáticas. O, al menos, nunca vio que pertenecieran a un ámbito completamente distinto del de la creación: “¿Por qué el arte y la ciencia están tan desligados? ¿Por qué incluso en todos los libros divulgativos los dibujos son tan fríos?–reflexiona–. Las dos cosas parten del lado creativo, ¿por que no se puede jugar con eso? Nos atraía muchísimo buscar ese punto de confluencia”.

“A veces, la gente que no conoce a matemáticos, físicos... no sabe que muchos de ellos se meten también en actividades muy creativas –indica David–. Hay montones de construcciones matemáticas que tienen casi firma, el sello de un matemático: una demostración personal distinta a la de otras personas. Y claro que ciencia y narrativa pueden tener puntos de intersección, igual que en la literatura se habla de arte o de arquitectura”.

Así que, tras un tiempo pensando en hacer algún trabajo juntos, cuando surgió el proyecto de El bestiario de los números –que ha sido publicado por Thule Ediciones–, ambos lo tuvieron claro. La idea primigenia partía de la cualidad de ciertos números de actuar casi como fórmulas mágicas: “Creo que la idea surgió al leer uno de esos diccionarios de propiedades de los números –cuenta David Blanco–, y después, el Manual de Zoología Fantástica de Borges. No es que hablaran de lo mismo pero sí que estaban... emparentados, de alguna forma”.

“Al principio, he de reconocer que mi idea era la que todos podríamos tener unos números con ojos y brazos, algo así”, apunta. Justo lo que María estaba empeñada en no hacer: “David me dio un par de números para que probara los diseños, porque no visualizaba el tema gráficamente –continúa la ilustradora–. Yo sí tenía claro que lo que quería era hacer criaturas que la encarnación del número estuviera viva, que la pudiera girar, que se pudiera hacer tridimensionalmente llegado el caso. que funcionara en todos los ángulos, en la antítesis de los dibujos planos. Así que fui haciendo combinaciones”.

La primera cifra, 153, se inspiraba en los insectos palo. Pero hay otras que remiten a dragones, a escorpiones, a pájaros, a ángeles de mar, a brontosaurios:todos, con el número que representa dentro de su forma, o en sus ropajes, o sobre la piel, como referencia. En este punto, la retroalimentación a la hora de crear historias y criaturas era absoluta. “Afortunadamente –dice María–, a los dos nos va la cabeza por sitios parecidos”.

El bestiario de los números tiene tres vertientes: la parte artística y visual, que despierta mucho la curiosidad; la parte de ficción, con los pequeños cuentos dentro del libro; y, por supuesto, las matemáticas. Como es lógico, María encontró parte de inspiración en los bestiarios e incunables medievales, y mantuvo en el libro características reconocibles, como los marcos o las capitulares trabajadas, “que suelen darte referencias de la historia”.

El objetivo principal es entusiasmar con las historias. Las cualidades matemáticas de ciertas cifras sirven para elaborar leyendas de corte fantástico, que recorren parajes muy distintos: cada pocas páginas, las claves cambian. “Creemos que a los niños hay que darles cosas que les llamen la atención, sugerirles nuevos sitios por los que ir –continúa María–. También queríamos que se animasen con las matemáticas a partir de ese elemento casi mágico, que puede ser divertido: que vieran cómo, a partir de un simple número, se puede crear todo un universo”.

“Es un libro hecho para llamar la atención e inspirar a la curiosidad –explica David–. He procurado introducir bastante humor... todo ello, para que se terminen mirando las matemáticas con curiosidad, con esa sensación de que se puede jugar con ellas: llegando a ellas a través de una vía que no es la más común, pero que debería serlo: la curiosidad”.

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