Cultura

Los espacios intangibles del silencio

Agustín Castilla-Ávila. Agustín Castilla-Ávila.

Agustín Castilla-Ávila.

Conocí a Agustín Castilla-Avila a través de Arancha Cala. Me habló de él y me mostró las imágenes de varias de sus obras pictóricas. Me entusiasmó. Era algo diferente, con un lenguaje particularísimo y donde se adivinaba una realidad plástica distinta, con un concepto formal que se apartaba de tanto adocenamiento como acontece, en estos momentos, en lo artístico. Ante aquellos mínimos muestrarios sentí que, en la Sala del Diario de Jerez, podríamos dar sentido a una exposición donde se nos ofrecieran los máximos argumentos para que la emoción de lo bello se hiciera presente y pudiéramos adentrarnos, además de por una obra fuera de lo usual, por los horizontes expectantes que ofrece todo lo relacionado con la música. Después con la obra de Agustín en mis manos y ante los espacios emocionales que la mirada promueve, he descubierto infinitos caminos, he llegado a sentir el pellizco que la obra buena produce y he podido adentrarme por escenarios donde el espíritu ha brillado de manera especial.

Agustín Castilla-Avila es un joven jerezano; un ilustre joven jerezano, que ha encontrado la verdad del arte. Difícil y compleja esta situación. Pocos lo han conseguido. Él es virtuoso en la música. Sus obras están en los manuales importantes. Su trabajo en la guitarra es universalmente conocido. Su oferta musical no ofrece duda, según cuentan los que de esto saben. He buceado en su currículum y sus creaciones; sus actuaciones, sus comparecencias concertísticas, abruman por su importancia. Los mejores han dirigido conciertos de obras suyas. Pero un artista como él no podía quedarse en un sólo lenguaje artístico. Por eso, la pintura le ofrece muchas posibilidades para retratar la realidad de lo que encuentra en su trabajo musical y en aquello y aquellos que giran alrededor de la sublime magnitud de la música.

Si usted, espectador, observa la obra de Agustín Castilla-Ávila contemplará en primer lugar una realidad pictórica distinta. En un segundo paso, la visión, acostumbrada a especialísimas referencias, muchas veces, con una única mirada, asumirá que los espacios representados se asemejan a pentagramas llenos de sus habituales argumentos en forma de notas musicales. La evidencia parece no engañar. Sin embargo, tras estas primeras sensaciones podrá descubrir muchísimo más. Su obra pictórica es un horizonte abierto a los mayores encuentros. En ella lo mediato y lo inmediato funden sus fronteras. Lo abstracto juega, en un misterioso corro silente, con etéreos personajillos que suscitan lúcidas evocaciones. Sus pentagramas asumen realidades infinitas y ante la mirada aparece un universo sin fronteras, pellizcos inmateriales que nos hacen transitar por abiertas emociones. El artista retrata su pasión, los esquemas intangibles de la música, sus intérpretes y algunas de las circunstancias que éstos sienten y desarrollan. En los particulares espacios formales de sus obras el artista describe un mundo presentido, mediato, sin límites físicos

Con la obra de Agustín Castilla-Ávila aprenderemos el sublime canto de lo que no se oye pero se siente; sabremos que existen retratos de almas sin figuras, figuras que muestran las caras del alma; paisajes descritos sin luces, bodegones que eternizan sus impredecibles maneras con las formas imposibles del silencio. Con esta exposición nuestros horizontes se ensanchan y podremos descubrir infinitas perspectivas.

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