Ricardo Chamorro | Ex político y presidente de la junta rectora del Parque Natural de La Breña y Marismas del Barbate "Los personalismos no permitieron que el PA fuera un partido político"

  • El que fuera uno de los referentes del andalucismo gaditano cree que una "tremenda lucha de egos" acabó con el PA.

  • "En el Parlamento preferí ser un tránsfuga antes que traicionar mis principios y mi cariño al andalucismo”

  • "Detrás de la imagen de ese Pacheco engreído hay una persona muy buena, y yo tuve la suerte de dar con esa persona"

Desde que abandonó la política allá por el año 2004, Ricardo Chamorro (Vejer, 1957) no ha hecho declaración alguna sobre el que fuera su partido, el PA, "porque yo he sido siempre partidario del andalucismo vivo y no del andalucismo muerto", aclara. Pero ahora, aprovechando su reciente nombramiento como presidente de la junta rectora del Parque Natural de La Breña y Marismas del Barbate, Chamorro se pone de nuevo delante de una grabadora para hablar de política y del Partido Andalucista, formación de la que fue militante durante un cuarto de siglo. Pero también habla de La Breña, de su etapa de cuatro años como delegado provincial de Turismo y Deportes de la Junta, de Vejer, su localidad natal y de la que fue alcalde entre 1991 y 1995, y de la Universidad de Cádiz, a la que ha estado vinculado durante más de 40 años y donde ha ejercido como bibliotecario hasta su reciente jubilación el pasado octubre.

–¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Vejer?

–Uf, muy buenos, tanto que mis amigos de la infancia siguen siendo hoy mis grandes amigos. Pero realmente mis recuerdos de mi pueblo los tengo de cuando yo regresaba en verano o en vacaciones, porque siempre estuve de interno en Cádiz. Nosotros éramos 12 hermanos, mi padre era militar y nosotros también pasamos por alguna situación económica delicada. Tuvimos la suerte de poder estudiar en el seminario San Bartolomé, de Cádiz, porque el obispo Añoveros decidió abrir los seminarios menores como si de una enseñanza concertada se tratara. Y yo tuve la suerte de formar parte de esa generación.

–¿Y ahí le surge su sentimiento andalucista?

–No. Allí en el seminario experimenté una apertura a la realidad gracias a las charlas del propio Añoveros y de otros curas que él había seleccionado como, por ejemplo, José Antonio Hernández, Luis Charlo, el padre Montado, el padre Cecilio... Era una enseñanza en la que nos hacían ver una realidad distinta a la que se vendía desde el régimen. Y de ahí seguí mis estudios primero en el instituto Columela de Cáliz y luego en el Coloma de Jerez. Allí sí fue donde me afilié al entonces Partido Socialista de Andalucía (PSA), que con los años terminará siendo el Partido Andalucista (PA).

–Y en 1987 llega su estreno en política como candidato a alcalde por el PA.

–Sí. Ya había acabado mi carrera de Magisterio y ya tenía mi plaza de funcionario como bibliotecario en la Universidad de Cádiz, y acepté dar ese paso. Ya llevaba un tiempo en política. Recuerdo que mi primer mitin fue en mi pueblo, en Vejer, pidiendo el voto para la autonomía andaluza en el referéndum del 28-F. En esas elecciones de 1987 sacamos un único concejal, le hicimos oposición a Antonio Morillo, que gobernaba con una clarísima mayoría absoluta, y ya en 1991, cuando Morillo decidió abandonar la política, gané aquellas elecciones y le relevé en la Alcaldía. Fue muy emocionante para mí y para mi partido, porque en ese 1991 le sumamos a las alcaldías de Jerez y San Fernando las de Algeciras, Vejer y Torre Alháquime.

–¿Qué tal fue su relación con Morillo?

–Siempre ha sido muy buena. Él siempre ha estado muy preocupado por las cosas de su pueblo y, pese a nuestras diferencias ideológicas, los dos sabemos que las personas están siempre por encima de la política. Además, mi objetivo era mejorar Vejer, pero sin despreciar o desprestigiar todo lo que se había hecho antes. Creo que Morillo se volcó en mejorar Vejer recuperando su esencia, con sus edificios y elementos más característicos, y yo luego me encargué de poner a Vejer en el mapa. En mi mandato, por ejemplo, fue la primera vez en la que fuimos a Fitur con un stand propio que nos constó unos dos millones de pesetas. Y la gente nos decía que para qué. Pues mira dónde está Vejer ahora. Yo siempre dije como alcalde que en mi pueblo no habría turismo hasta que no se viera a japoneses por las calles. Pues se apostó por eso, se montó toda la infraestructura turística, porque en 1994 apenas había un restaurante en todo el casco urbano y un hotel que tuvo que impulsar el propio Ayuntamiento. Cuando todo eso se consolidó llegó el boom turístico de Vejer, que yo lo situaría a finales de 2010 o en 2011.

–¿Con qué se queda de su etapa como alcalde?

–Me quedo con la ilusión que teníamos en el Ayuntamiento y con el trabajo tremendo de una serie de personas que, aunque pasaron por la política de una manera menos llamativa, fueron cruciales para el desarrollo del pueblo. En Vejer, por ejemplo, teníamos a Antonio Moreno ‘El Tanque’, que trabajaba en el campo, era concejal y era nuestro cum laude para todo lo referido a la agricultura. O José María Doncel Muriano, que era electricista, también concejal y que fue clave para que Vejer tenga hoy su aparcamiento de los Remedios a la entrada de pueblo, o Manolo Esparragosa, o Ramón Astorga... Ellos y muchos más se implicaron de manera decidida en beneficio del pueblo y a cambio de nada. Eso hoy no pasa porque, por lo general, quien entra ahora en política lo ve como una salida y no como un compromiso, dicho esto con todos los respetos.

–El PSOE le gana en las municipales de 1995, pasa usted a la oposición pero apenas permanece un año porque en 1996 es nombrado delegado de Turismo y Deportes de la Junta en la provincia de Cádiz.

–Cierto. En 1995 lo que pasó es que los votos que había logrado cuatro años atrás se dividieron por la alternancia y porque mi legislatura fue muy convulsa, ya que los dos primeros años goberné en minoría y los otros dos fue con un pacto con el CDS. Además, creo que la oposición que me hicieron fue muy exagerada para los tiempos que estábamos viviendo, pero bueno... Y, sí, asumí la Delegación de Turismo y Deportes tras el primer pacto PSOE-PA para gobernar en Andalucía, que fue en 1996.

–Una labor mucho más cómoda que una Alcaldía, supongo.

–Hombre, para alguien que está en política no hay nada más bonito que ser alcalde de tu pueblo. Ahí uno llega a ser profeta en su tierra. Pero también es verdad que ser alcalde era y es muy sacrificado. La actividad en la Junta, por el contrario, es más relajada y también más gratificante. Desde Turismo me volqué para que esta provincia creyera en su potencial, porque eso era algo que veían los inversores pero no los gaditanos. En esa labor incidí mucho. Y en el área de Deportes tenía claro que el reto era que todos los municipios de la provincia tuvieran su pabellón para que la juventud pudiera como mínimo jugar al fútbol-sala. Los proyectos de piscinas, pistas y otras instalaciones deportivas ya se verían después. Para ese fin tuve un gran colaborador en Felipe Márquez, que llevaba Deportes en la Diputación.

–Esa labor en la Junta la compaginó usted con el cargo de secretario provincial del PA, entre 1997 y 2001. Y me imagino que ser secretario provincial del PA en una provincia con alcaldes de tanto peso como Pedro Pacheco (Jerez), Antonio Moreno (San Fernando) o Patricio González (Algeciras) no tuvo que ser fácil.

–Fue muy, muy difícil. Y le pongo un ejemplo: había una reunión del comité provincial del partido presidida por mí y en cuanto llegaba uno de esos alcaldes que usted ha citado, a la fuerza había que dejarle el sitio más predominante porque si no, podía haber problemas. Eso no era de recibo. Había una lucha de egos tremenda. Fue muy duro pero yo no escatimé esfuerzos para hacerles ver que lo importante era el partido, que había que hacer partido y que sin partido no íbamos a ninguna parte. Lamentablemente con el tiempo volvimos a las andadas y volvimos a darnos tortas entre nosotros.

–Pero esos líderes locales del PA también le dieron muchos votos al andalucismo...

–Los personalismos le dieron mucha vistosidad al andalucismo, es verdad, pero no permitieron que fuéramos un partido político. Esos personajes del PA no sabían respetar las diferencias del otro y no admitían una discusión. Y a quien intentara acercar posturas, le trataban de endeble.

–De usted precisamente siempre se decía, tanto dentro como fuera del PA, que era alguien muy bueno y muy manipulable.

–Lo sé. Me consta que había gente que pensaba así de mí. Y yo lo que digo es que si destacan la bonhomía de uno, eso no es algo malo sino todo lo contrario. Y yo sabía respetar la opinión de los demás. Pero siempre dejé muy claro que quien mandaba en el PA de Cádiz tenía que ser su secretario provincial, fuera yo o fuera el que fuera.

–¿Jamás se sintió usted ninguneado?

–Una sola vez. El PP propuso plantear una comisión especial sobre un tema que no recuerdo pero que era competencia de la Junta, en el comité provincial del PA aprobamos integrarnos en ella porque creíamos que era bueno para la provincia y al día siguiente saltó Pacheco con su famosa frase de “yo con la derecha reaccionaria no voy ni a misa” y nos dejo en evidencia. Yo estuve cinco días callado, hasta que Pacheco me recibió en su Alcaldía. Allí le dije que eso no podía seguir así y que yo dejaba todos mis cargos en ese mismo momento. Pacheco me dijo que yo tenía razón, me estrechó la mano, el PA se integró en aquella comisión y desde ese momento tuve en él a un aliado político incuestionable. Jamás volvió a discutir algún otro acuerdo del comité provincial.

–A usted siempre se le colgó la etiqueta de pachequista. ¿Lo sigue siendo?

–Nunca me han gustado esas etiquetas porque, insisto, el problema del PA siempre estuvo en sus personalismos. Pero si ser pachequista es estar al lado de ese referente del nacionalismo andaluz que es Pedro Pacheco, pues sí, lo soy. Yo en todos estos años nunca he dejado de tener relación con él, y el día que le condenaron fui a su casa para que supiera en esos momentos tan duros que no estaba solo. Yo le tengo mucho cariño. Mire, yo sé que hay mucha gente que tiene la imagen de un Pacheco altanero y engreído, lo cual puede hasta ser verdad porque él ha sido el alcalde de una ciudad importantísima, la transformó totalmente y todo eso le cegó. Pero detrás de ese Pedro Pacheco hay una persona muy buena, y yo tuve la suerte de dar con esa persona.

–Con Pacheco también compartió usted cuatro años en el Parlamento andaluz (2000-2004), primero en el Grupo Andalucista y luego en el Grupo Mixto. Ahí se dio usted de baja como militante del PA.

–Todo aquello fue muy doloroso. Yo era parlamentario y secretario nacional de Organización Territorial del PA y el partido decidió primero abrir expediente de expulsión a Pacheco y luego hacer los mismo con muchísimos militantes nuestros en Jerez, El Puerto, Villamartín, otros pueblos de la Sierra... Aquello lo consideré un insulto porque pensaban que quien estaba con Pacheco ya no era del PA. Era una barbaridad, dimití de la ejecutiva, me di de baja como militante y, aunque no quería irme del Grupo Andalucista, me vi abocado a pasar al Grupo Mixto. Antes ya me habían quitado mi despacho en el Parlamento y me habían vaciado una oficina parlamentaria que yo había abierto en Cádiz. Me fui. Yo no iba a ser partícipe de la destrucción del PA y así se lo hice ver a todo el mundo. Pese a todo, hubo políticos que supieron valorar mi labor y mi persona. Y me quedo con que en esa legislatura fui el parlamentario más activo, el que más iniciativas presentó.

–Mantuvo usted su escaño y quedó como un tránsfuga.

–No es que quedara como un tránsfuga, es que yo me autoproclamé así. Desde la tribuna, y en un debate para reformar el reglamento orgánico del Parlamento o para tratar una declaración contra el transfuguismo, yo intervine como portavoz del Grupo Mixto y saludé así al resto de parlamentarios: "Buenas, les habla un tránsfuga". Yo es que no comparto que la palabra 'tránsfuga' tenga que tener un componente negativo o peyorativo o que sea un insulto. No. Lo que hizo la dirección nacional del PA fue tan brutal, tan desolador, que yo preferí mantener mi escaño y ser un tránsfuga antes que traicionar mis principios ideológicos, mi forma de entender un partido o mi cariño al andalucismo

–Y en 2004, al acabar esa legislatura andaluza, adiós a la política y regreso a la Universidad.

–Y tan tranquilo. Se acabó la política y me volví a mi casa y a mi puesto de trabajo, que me estaba esperando. Una vez alguien me reprochó que cómo iba yo en coche oficial cuando era un simple bibliotecario. Y yo le respondí que sí, que era verdad, que yo era bibliotecario y a mucha honra, que esa era mi profesión, y que lo que era circunstancial es que fuera en coche oficial.

–Hoy todos los partidos quieres ser andalucistas...

–Ser andalucista es un compromiso político con una única ideología que es el andalucismo y con un único referente que es Blas Infante, Y punto. ¿Un PP o un PSOE o Adelante Andalucía pueden ser andalucistas? Pueden llevar a cabo políticas andalucistas, pero no serán jamás un partido andalucista.

–¿Cómo valora el nacimiento de Andalucía por Sí (AxSí)?

–AxSí sí es un partido andalucista y tiene para mí todos los respetos. Otra cosa es que logre consolidarse. También en los 70 hubo otros conatos de partidos andalucistas y sólo se quedó el PSA. Lo que está claro es que todo aquel que plantee el andalucismo en clave rupturista o de enfrentamiento con España se estará equivocando con su propio pueblo. Porque el pueblo andaluz es abierto y porque el andalucismo no ha sido, ni puede serlo, un proyecto excluyente o independentista. Yo, por ejemplo, he sido y soy andalucista y me siento muy andaluz pero también muy representado en el estado español. Y también quiero formar parte de Europa.

–¿Se afiliaría usted a algún otro partido andalucista?

–Lo de afiliarme a mi edad me lo tendría que pensar. Pero ojalá hoy hubiera en la sociedad un movimiento masivo de afiliación política, porque ni eso existe ya.

Si los responsables de la UCA se dedican a hacer política y a identificarse políticamente, malo. Sería la perdición de la institución”

–¿Qué ha supuesto para usted la Universidad de Cádiz, ahora que ya está jubilado?

–Yo estoy muy orgulloso de mi contribución a la UCA porque formé parte del claustro constituyente y de la comisión que creó sus primeros estatutos, a finales de los 70. Hicimos una Universidad sin tener nada. Y ahí esta el ejemplo de Mariano Peñalver, que es para la UCA lo mismo que fue Adolfo Suárez para el país. Nos implicábamos, y también nos complicábamos la vida, pero sobreponíamos la carencia de medios con nuestra ilusión.

–¿Qué le falta a la UCA para dar el salto de calidad? Porque no sé usted pero yo la veo en la Segunda División de las universidades.

–La UCA podría estar en Primera División, pero siempre sería de las que estarían luchando por la permanencia. La UCA es una universidad modesta y no tiene entidad para llegar a otras de mucho más renombre en este país. Y no puede porque es dependiente totalmente del erario público y porque es una universidad que tiene una estructura muy reducida. Pero creo que lo que se ha conseguido hasta hoy es mucho y además es muy elogiable. La UCA ha llegado donde nadie pensaba. Nadie daba un duro por esta universidad cuando se creó. Entonces había quien decía que era innecesaria y hoy hay incluso quienes cuestionan que haya tantas universidades. Pues bien, yo no sé si hemos hecho excesos universitarios, lo que sí sé es que hemos acercado mucho más los estudios universitarios a la ciudadanía. Y eso ha sido bueno. Hoy la UCA es además una de las principales empresas que tiene esta provincia y eso ha sido posible gracias a que en la UCA ha habido siempre un compromiso y una implicación de muchas personas para consolidar esta institución por encima de ideas políticas y de intereses personales. Este matiz es importante. Si en la Universidad de Cádiz sus responsables se dedican a hacer política y a identificarse políticamente, malo. Esa sería la perdición de esta universidad.

–¿Lo dice por el actual rector?

–No estoy hablando de alguien. Estoy hablando de la Universidad.

–¿Cómo surge su nombramiento como presidente de la Junta rectora del Parque Natural de Ba Breña y Marismas del Barbate?

–Yo sé que detrás de ni nombramiento está Daniel Sánchez, el actual delegado territorial de Desarrollo Sostenible de la Junta, a quien conozco de toda la vida. Cuando me di cuenta ya me había enredado. Y mi nombre cuenta con el respaldo de los ayuntamientos y de los alcaldes de Barbate y de Vejer, lo cual agradezco porque para mí eso es una forma de sentirse querido y respetado. Y, bueno, esto no es un cargo público remunerado sino que es institucional, de representación. El objetivo es conservar, proteger y mejorar nuestro entorno natural. Además, yo es que estoy muy identificado con este parque natural, quizás porque su nombre se lo puse yo. Éste iba a ser el Parque Natural del pinar del Barbate y nosotros lo rechazamos porque el 66% del parque pertenece a Vejer y porque esto siempre ha sido conocido desde siempre como La Breña. Por eso siendo alcalde propuse a la junta rectora su nombre actual. manteniendo lo de La Breña e incluyendo lo de las Marismas del Barbate porque ese río estaba entonces muy abandonado. Y así fue aprobado.

–¿Y qué se puede hacer para mejorar ese parque natural?

–Bueno, ahí estamos con los dos planes de desarrollo, el PORN y el PRUG, para la ordenación del parque y poder darle un mejor desarrollo. Un parque natural no puede identificarse solamente con que aquí no puede haber actividad. Todo lo contrario. Lo primero es la protección de la naturaleza, algo que ya de por sí genera puestos de trabajo, pero también se puede plantear actividades que permita el entorno como el hotel rural que ya hay en San Ambrosio, rutas turísticas, visitas guiadas y otras actividades que generen economía. Lo que no podemos es seguir haciendo lo que nos dé la gana. Porque lo peor de un parque natural es el comportamiento del ser humano que, a diferencia de los animales que viven aquí, aún no se ha dado cuenta de que esto hay que respetarlo.

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