meteorología

Al final, era tsunami (atmosférico)

  • El descenso del agua del puerto de Conil no tuvo nada que ver con el afelio

  • El fenómeno, parecido al que se da en Ciudadela, se conoce como 'seiche' o seca 

Así baja la marea en el puerto de Conil

El descenso del nivel del mar que vivió el sábado el puerto de Conil es un fenómeno muy conocido, por ejemplo, en el puerto de Ciudadela, en Menorca. “La rissaga (resaca) se da con unas condiciones meteorológicas especiales, que en Menorca hacen coincidir baja presión, mal tiempo, vientos fuertes... que generan una variación muy brusca del nivel del mar”, comenta el profesor de Ciencias de la Tierra de la UCA, Javier Benavente. La alteración del nivel del mar llama allí especialmente la atención por ser una zona sin mareas, “con lo que puede llegar a generar daños y demás. Puertos del Estado, de hecho, tiene un sistema de prevención al respecto”.

Lo que ocurrió el pasado sábado en Conil fue algo parecido: “El nombre exacto es seiche, en algunas zonas lo llegan a llamar ‘seca’, y está causado por variaciones atmosféricas –explica el especialista–. Las EME mostraban que las capas altas de la atmósfera iban a mucha velocidad, treinta o cuarenta nudos. Por otro lado, la calima del norte de África hacía que la velocidad en las zonas más bajas fuera de quince nudos o así. Ahora mismo, la atmósfera está muy estratificada: con una bolsa de aire frío arriba y temperaturas elevadas abajo. Esto genera capas muy hechas que, al entrar en contacto, provocan vórtices, torbellinos, y eso se transmite a la atmósfera como una onda de bajas y altas presiones”.

“Imagina que golpeas un tambor que tiene un vaso lleno de agua”, ejemplifica Jonathan Gómez Cantero, geógrafo y presentador del tiempo en Castilla-La Mancha Media.  “La rissaga es un tsunami de origen meteorológico –desarrolla–. La UNESCO clasifica siete tipos de tsunamis:por caída de glaciares, por volcanes submarinos... y también los hay atmosféricos. Cualquier ola no provocada por el viento es un tsunami. Lo de tsunami parece algo muy tremendo pero no es más que una perturbación atmosférica: variaciones rápidas de la presión que se pueden reflejar en la superficie del océano”.

“El mareógrafo de Tarifa, por ejemplo, mostraba variaciones del nivel del mar de quince centímetros, pero muy rápidas, en minutos –apunta Javier Benavente–. El puerto de Conil es más o menos cerrado y el agua, cerca de la bajamar, tiende a salir, así que se observa como un descenso de la marea. Luego, a continuación, llega una onda de subida y vuelve a entrar. Al ser un cuerpo semicerrado, el puerto produce un efecto de ampliación del fenómeno. Fíjate que la playa estaba llena y no se notó”.

No tiene nada que ver –recalcan ambos– con el afelio de la Tierra y con que el planeta hubiera sufrido “una frenada”: “Un bulo que ha surgido de ciertos perfiles y que se ha propagado como la pólvora”, recalca Gómez Cantero.

Si hubiera existido una señal de tsunami sísmico, recalcan, la alarma habría llegado antes:“Se habría lanzado una alerta por terremoto desde algún punto que nos pudiera afectar”, explica Benavente, que recuerda que la UCA mantiene con el Algarve un proyecto para instalar un sistema de observación en el Golfo de Cádiz, que facilitaría disponer datos como estos. “O lo habríamos sentido físicamente, con vibraciones y temblores –indica Gómez Cantero–. En Chile, por ejemplo, ya hay protocolos al respecto y la población sabe que, ante algo así, tiene que adentrarse en la costa o ir a un edificio alto”.

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