Una noche animal

El Zoobotánico de Jerez tiene dos citas con los niños: una fue el 31 de julio y la otra, el 28 de agosto Dormir rodeados de animales salvajes nunca estuvo tan cerca

Una noche animal
Una noche animal
Cristina Pérez Jerez

25 de agosto 2015 - 05:01

Hoy no venimos a hablar del Zoo de Jerez como en tantos otros reportajes. Si lo que les gustan son las aventuras y las experiencias salvajes... entonces les invito a que se queden. Lamentaré no ser capaz de plasmar en el papel de forma fiel la sensación de la experiencia que a continuación voy a relatar, pero espero, al menos, acercarme.

Era 31 de julio, y el Zoobotánico de Jerez empezaba a despedir a los últimos visitantes y rayos de sol, que aún prometían acompañarnos unas horas más. En la entrada, enmarcada con el verdor de las hojas en contraste con el rosa de los flamencos, estaba Lola Cabrera, el pelo rubio recogido y con una sonrisa recibiendo a todo aquel que se aproximara. Trabaja en el Departamento de Educación del Zoo, responsable de que aquella tarde me encontrase allí. Quedaban aún algunos minutos para que la aventura diera comienzo, por lo que me indicó que podíamos dar un paseo por los rincones del parque mientras aguardábamos. "Esta actividad lleva realizándose desde hace 20 años", me decía mientras pasábamos por delante de los titís, que nos observaban a ella como a una vieja amiga y, a mí, como a una nueva extraña. Ante la atención de los grandes ojos oscuros de los cabeza dorada y los titís bigotudos, Lola seguía hablando: "Queremos que los niños disfruten de los animales cuando nadie más puede hacerlo". Eso, además, suponía que los niños entrarían en las galerías donde los animales duermen. "¿Y no tendrán miedo?", pregunté, más por mí que por ellos, a decir verdad. "No, mujer, no. Son niños. Mira, por ahí llega Rubén con ellos."

Un griterío mayor que el de cualquier manada se aproximaba por uno de los paseos del parque. Junto a ellos, se alzaba un monitor que identifiqué inmediatamente con Rubén. Cuando los niños estuvieron ya tranquilizados, era el turno de entrar en la galería donde descansan los leopardos, Sri y Lanka. "Los cuidadores les pusimos ese nombre porque esta especie es exclusiva de la Isla de Sri Lanka", cuenta Rubén, mientras los niños miran entre atemorizados y ansiosos a las dos bellas criaturas. Los cuidadores que nos acompañan preparan la visita al interior de los cubiles. "¿Hay alguien que no haya merendado? Porque los leopardos tampoco lo han hecho".

Mientras entraba el primer grupo de pequeños valientes, los cuidadores me comentaron algunas curiosidades: estos leopardos pertenecen a una de las nueve subespecies, son cazadores solitarios, a excepción de las hembras, que van con las crías. Un detalle importantísimo es que, además, se encuentran en peligro de extinción. Una de las tareas del Zoo de Jerez, consiste en la conservación, procurando mantener al máximo el comportamiento natural de los animales, ya que la finalidad última de dichos programas es la reintroducción en su propio medio natural. En la actualidad, el Zoobotánico jerezano participa en numerosos programas EEP, el programa de conservación europeo.

Empieza a salir el primer grupo de niños de las galerías. "Los felinos, al igual que los chimpancés, los obligamos a dormir dentro de las galerías, porque por su constitución, es mejor que descansen bajo techo." Rubén se encarga de describirle a los niños el proceso de alimentación y de cuidado que se les aplica a los leopardos. Dejamos a las pequeñas atrás, que nos persiguen con la mirada mientras nos alejamos. Nos dirigimos a otra galería: la de los primates.

"¡Qué colmillos!", es lo primero que escucho decir a uno de los niños que ha entrado primero. Rubén me invita, al igual que en la galería de los felinos, a entrar. Esta vez, hay que tener cuidado con los mandriles porque al ser tan territoriales, es posible que no les haga gracia ver cientos de ojos curiosos... y a una periodista. En efecto, se pone a gruñir en cuanto nos ve. Sin embargo, los lemures o los cangrejeros, hacen las delicias de los niños al saltar por las instalaciones y agarrarse a los barrotes. "Les encanta acercarse a pedir comida", comenta uno de los cuidadores, "es un refuerzo primario, lo hacen porque están acostumbrados a que la gente les dé chucherías."

Terminada esta segunda parte de la visita, llega el turno de clarificar lo que pone nervioso a los niños. "¿Qué comen los animales del Zoológico?". Nos dirigimos hacia las cocinas, donde Rubén se dispone a enseñarnos el interior de la cámara frigorífica. "¿Veis ese trozo de ahí? Es el último biólogo que tuvimos en el Zoo", bromea mientras señala un trozo de carne. Aunque los niños, lejos de asustarse, incluso se atreven a tocar un corazón de vaca. "Carne rica en proteína y 0% grasa". Pero es la carne de caballo la verdadera protagonista de la dieta de los animales carnívoros. "Es carne roja, con poca grasa y rica en fibra. Tienen una dieta muy estricta para ayudarles a conservar la forma". Me enseñan también un libro de recetas en el que figura la nutrición que corresponde a cada animal del Zoo.

A las ocho de la tarde, los niños disfrutan correteando por el parque guiados por un grupo de scouts, que prestan apoyo a los monitores del Zoo. "¿Habéis venido más veces a esta actividad?", les pregunto. "¡Qué va! Es la primera vez que dormimos en el Zoo por la noche". Estamos todos en igualdad de condiciones: la aventura nos va a coger por sorpresa a todos.

Comienzan a descender los grados, para dar paso a una noche fresca coronada por una inmensa luna llena. Llega el momento que estaban esperando todos los niños: montar las tiendas de campaña. Contiguo a las instalaciones de los pequeños pandas rojo, un claro es el elegido para preparar el campamento.

De repente, a lo lejos, el rugido del león provoca que los niños escudriñen a Rubén en busca de una mirada tranquilizadora. "No pasa nada, solo está hablando con la leona". Un nuevo rugido corrobora lo que dice el monitor. "¡Pues vaya charla!".

Cae la noche. Paseamos por el recinto antes de que los niños caigan rendidos. Durante el trayecto, siguen contándome curiosidades del Zoo: "¿Sabías que en este Zoo hubo osos polares? ¿Y leones marinos?". El paseo nocturno desemboca en los nidos de los nóctulos gigantes, los murciélagos más grandes de Europa. "En el último censo, contamos 243 ejemplares". Son las diez de la noche, y salen a cazar.

Pero la aventura acaba, y llega la hora de irse a dormir. Me voy con el recuerdo de que el 28 de agosto se vuelve a repetir la experiencia, para todos los que se atrevan a dar las buenas noches a un león.

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