Provincia de Cádiz

Una de espías

  • La Operación Ládano, que implicó en 'narcovuelos' desde Huelva y Cádiz a un personaje clave en la captura de Luis Roldán, espera aún juicio dos años y medio después

Junio de 2008. Cuando la Guardia Civil da el alto al coche de alta gama en la autopista entre Sevilla y Cádiz, a la altura de Los Palacios, y de allí sale un hombre impecablemente vestido los agentes podían haber escuchado aquella frase de 'usted no sabe quién soy yo'. No lo dijo, es cierto, pero podía haberlo dicho, se lo había ganado. La Guardia Civil acababa de detener a uno de los grandes conocedores de los secretos de Estado de este país. La Guardia Civil acababa de detener al hombre que organizó el 'teatro' de la entrega del prófugo Luis Roldán en Bangkok. La Guardia Civil acababa de detener a un experimentado piloto de Iberia, a la mano derecha de un espía novelesco que fingió su propia muerte, Francisco Paesa. Acababa de detener a Jesús Guimerá. Un secundario de una historia de leyenda.

La causa de la detención en la autopista es detallada en la nota de prensa que la Guardia Civil remite con motivo de la Operación Ládano, bautizada así en honor a la flor de la jara, que da nombre al aeródromo de Gibraleón (Huelva) en el que detectan 'narcovuelos' para transportar hachís de Marruecos a la península con destino final a Francia. Detienen a media docena de contrabandistas e interceptan un cargamento. Esa evidencia permite escuchas telefónicas que llevan a Guimerá, que, pese a su lenguaje en clave con un venezolano apodado El Loco, a juicio de los investigadores, demuestra que era el jefe de una red con proyectos más ambiciosos. En estos ambientes, proyectos más ambiciosos tienen un nombre: cocaína. Un par de meses antes el acompañante de Guimerá, José María Ramírez, "un hombre tosco, como de campo, que no tenía ni idea de aviones", había contratado unos hangares en el aeródromo de Trebujena (Cádiz). El objetivo, al parecer, era trasladar a cazadores a safaris en África y para ello colocaron allí una avioneta King Air -con un valor de un millón de euros-, un avión Pipper Navajo y un Cessna 206. La operación tuvo un amplio seguimiento en la prensa. Un gran éxito policial. Nunca más se supo.

¿Qué hacía Guimerá en ese negocio? Nada concluyente hasta el momento. Fuentes de la investigación temen que su principal soporte para la implicación de Guimerá en la trama, las escuchas, sean anuladas -"si no lo han sido ya"-, tal y como pidieron los abogados. "No se ha señalado fecha de juicio, pero en casos de este tipo dos años y medio no es alarmante". Otra cosa es el arsenal de "armas de guerra" que encontraron en registros de una casa de Madrid y de un chalé de la urbanización Novo Sancti Petri, de Chiclana, ambos de Guimerá: dos fusiles de asalto (uno Kalashnikov y otro de fabricación suiza), tres subfusiles ametralladores, seis pistolas con silenciadores, dos revólveres, tres escopetas del calibre 12, dos rifles de diversos calibres, tres armas de avancarga y cargadores y abundante munición.Ni por una ni por otra cosa se inmutó el supuesto jefe de la red. Sobre lo primero, sus conversaciones con lo que parecían capos sudamericanos que operabancon droga, se limitó a decir que conocía a mucha gente en Sudamérica por su trabajo (piloto comercial desde 1973) y que, de vez en cuando, hablaba con ellos. Sobre lo segundo, eran armas "de colección". Todas estaban, indican desde la Guardia Civil, en perfecto estado de revista.

Un ex policía se encontró hace unas semanas con uno de los periodistas que siguió la pista Paesa durante mucho tiempo después de que hubiera aparecido su esquela en el diario El País, en 1998. "Me han dicho que Guimerá se ha quedado limpio", le dijo. Las noticias corren rápido en determinados círculos. Porque en esos círculos nadie entendió muy bien ese regreso tan chusco a la actualidad del que había sido el 'hombre de Paesa'. Incluso los propios agentes de la Guardia Civil que tuvieron contacto con él, y que no esperaban una presa de semejante calibre, se sorprendieron: "Era un hombre de maneras exquisitas, un poco sobrado. Descubrimos que tenía un poder grandísimo, con muchísimas relaciones. Se había codeado con generales y dirigentes de África y Sudamérica. Venezuela, Colombia, Guinea... lo controlaba todo. No se creía que le pasara esto".

"Jesús fue un colaborador, nunca fue un amigo. Mientras estuvo cobrando se mantuvo callado.- Dejó de trabajar conmigo unos meses antes de mi desaparición. Después, se presentó en el despacho de Garzón y me traicionó (...) es un fabulador y un cahpucero". Eso dijo Paesa a Manuel Cerdán, director de la revista Interviu en 2005, cuando le localizó en París, en una de las mayores exclusivas periodísticas de este país desde que otro grupo de periodistas descubrió el patrimonio oculto del ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán. Y todo ello estaba estrechamente relacionado.

Paesa fue el testaferro del 'botín de Roldán', pero también fue el que hizo creer una huida a Asia cuando Roldán jamás se movió de París y el que le entregó, con engaños y, al parecer, a cambio de dinero de los fondos reservados, en Bangkok. Durante buena parte de ese tiempo Guimerá fue una pieza clave, según se recoge en el libro de Cerdán Las mil caras del espía sobre el que el cineasta Enrique Urbizu rueda en la actualidad una película con Enrique Noriega en el papel de Paesa. Guimerá era el hombre puente entre Interior y Paesa, el hombre que llega a sacar a Paesa de España en su propio coche, el hombre que se hace correo del espía pero que nunca deja de prestar sus servicios a la policía española. En una de las muchas leyendas que salpican esta historia se dice que Paesa se movía con libertad como sobrecargo en los vuelos comerciales gracias a la ayuda de Guimerá. "Es un piloto de Iberia, podía tener una vida desahogada, está enamorado de Cádiz. Me pregunto que qué ganas de complicarse la vida", reflexiona Daniel Montero, autor del reportaje Cae el hombre de confianza de Paesa en el número de julio de 2008 de la revista Interviu.

Según se narra en el filme de Urbizu, Guimerá conoce en un café de París a un experto en arte marciales y lo transforma en policía laosiano al que le pone el nombre de capitán Khan. El capitán Khan será el que entregue en el aeropuerto de Bangkok a los enviados del Ministerio del Interior a Luis Roldán. Indudablemente, una gran escena de película y, mientras nadie diga lo contrario, la historia extraoficial, pero ya tantas veces repetida que podría calificarse de oficial, de la captura de Roldán.

Por eso Guimerá pensaría 'usted no sabe quién soy yo' en el arcén de la autopista entre Cádiz y Sevilla cuando es detenido su vehículo por dos agentes de la Guardia Civil. En los pinchazos telefónicos recurridos por los abogados de Guimerá, éste es impreciso en lo esencial. Pero en su viejo círculo, el del mundo de los espías, aún se preguntan qué estaría pensando Guimerá para seguir 'jugando' con amigos del otro filo de la ley.

A día de hoy, los aviones de la Operación Ládano siguen en Trebujena. Tienen todos los papeles en regla para volar.

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