El empate al Senado del año 1979, un precedente a tener en cuenta
Si las previsiones se cumplen y la provincia vive un escrutinio ajustado, se abriría la puerta a un reparto equitativo de los cuatro escaños.
El partido que gana unas elecciones generales en la provincia de Cadiz se lleva tres de los cuatro escaños al Senado que están en juego; la plaza restante será para el segundo partido más votado. Esta premisa, que no está amparada por ningún precepto legal, se encuentra sin embargo fuertemente arraigada en el conjunto de las formaciones políticas y en esa parte de la sociedad gaditana que se siente atraída por los diferentes procesos electorales. Y es lógico que sea así porque, no en vano, este reparto de 3-1 ha sido el predominante en la práctica totalidad de las elecciones generales celebradas. Pero, ojo, no ha sido así siempre.
1979. Ese es el año a tener en cuenta. En aquellas elecciones generales, las que permitieron abrir la primera legislatura en las Cortes tras el periodo constituyente que se extendió durante los dos años anteriores, se vivió el único precedente hasta ahora en el que dos partidos se repartieron como buenos hermanos los cuatro escaños al Senado que estaban en juego. Y no son pocas las miradas que en las últimas semanas se han dirigido hacia aquellos resultados electorales. Porque si las previsiones se cumplen y el escrutinio del 20 de diciembre termina siendo tan apretado como se presume, no habría que descartar la opción de que hubiera un nuevo empate (2-2) en el reparto de los escaños gaditanos a la Cámara Alta o, incluso, que tres o puede que hasta cuatro formaciones pudieran probar a la vez de este mismo pastel. Es algo muy difícil, casi imposible, cierto es, pero puede darse.
Conviene recordar que en las otras elecciones del 20-D, las del Senado, no hay Ley D´Hondt que valga. Ese escutrinio es el más fácil que hay. En esta provincia hay 27 aspirantes al Senado -si la Junta Electoral confirma en el BOE del próximo martes que ha validado todas las candidaturas presentadas- y cada elector podrá elegir a tres de esos aspirantes. El procedimiento es de listas abiertas, es decir, que ese elector podrá elegir a candidatos de partidos diferentes. Y el escrutinio no tiene dobleces: los cuatro que obtengan más votos tendrán escaño en la Cámara Alta.
Aquí la política confluye con las matemáticas. Porque las probabilidades vienen a confirmar que es el partido que gana unas elecciones generales en la provincia el que tiene más opciones de llevarse tres de los cuatro escaños al Senado. Es más, tradicionalmente el primero de los tres aspirantes de cada opción política suele llevarse más votos que sus compañeros. Es decir, que, pese a tratarse de unas votaciones que se rigen mediante el procedimiento de las listas abiertas, muy pocos suelen aprovecharlo. O sea, que la mayoría de los electores que votan a un partido al Congreso suele después respaldar a los tres candidatos de esas mismas siglas al Senado. Y si deja de votar a alguno de ellos, el menos perjudicado suele ser siempre el cabeza de lista.
Esta premisa sólo se rompió en 1979. En aquellas generales el PSOE ganó las elecciones al Congreso en la provincia por un estrechísimo margen de 0,7 puntos porcentuales sobre la UCD, pero el partido de Adolfo Suárez logró arrebatarle un escaño al de Felipe González por apenas 83 votos de diferencia y forzar un empate a dos. Pedro Valdecantos (UCD) fue el beneficiado y Jerónimo Sánchez Blanco (PSOE), el damnificado.
El segundo resultado más apretado se vivió en el año 2000, cuando el PP ganó por 1,8 puntos al PSOE. Pero aquí la historia fue la de casi siempre: el PP consiguió amarrar tres escaños, quedándose los socialistas a menos de 5.000 votos de la igualada. Eso sí, José Carracao, que tiene el récord de votos conseguidos por un aspirante al Senado en esta provincia (los 314.817 de 2008) logró superar en esas generales del 2000 a dos de los tres candidatos del PP.
Para el 20-D el Partido Popular cuenta con José Ignacio Landaluce, María José de Alba y José Ortiz como candidatos al Senado, mientras que el PSOE ha apostado por Francisco González Cabaña, María Naval y Francisco Lara. Cuatro de ellos tendrán escaño, salvo que lo impidan Podemos, Ciudadanos o Unidad Popular en Común.
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