servicio a la comunidad

Dos décadas con las personas sin hogar

  • Las Hijas de la Caridad dejan a finales de septiembre de gestionar el albergue Federico Ozanam tras 20 años de "amor al próximo y entrega casi extrema"

Sor Carmen, sor Ángeles y sor Inés posan en el patio de entrada del albergue para personas sin hogar Federico Ozanam de San Fernando.

Sor Carmen, sor Ángeles y sor Inés posan en el patio de entrada del albergue para personas sin hogar Federico Ozanam de San Fernando. / román ríos

Las Hijas de la Caridad dejarán en unas semanas de gestionar el Hogar Federico Ozanam. La crisis de vocación, sin nuevas hermanas que tomen el relevo de las religiosas ya mayores, ha motivado esta decisión de la compañía, cerrando dos décadas de servicio a la comunidad en San Fernando con la asistencia en el albergue a personas necesitadas. Ahora, sor Inés, sor Ángeles y sor Carmen partirán a nuevos destinos para continuar con su labor caritativa.

Sor Inés se queda en Cádiz, mientras que Sor Ángeles -que lleva 20 años en el albergue isleño- se marcha a Sevilla, al igual que Sor Carmen, que estará en un comedor. Irán a otros centros con "menos responsabilidad" de la que asumen en el Hogar de la calle Lope de Vega: aquí sor Inés es la encargada de la cocina y el tratamiento de alimentos, sor Ángeles es responsable de logística y sor Carmen lleva la dirección.

El consejo de zona de Cádiz de la Sociedad San Vicente de Paúl trabaja en la configuración de un nuevo equipo asistencial para cuando las Hijas de la Caridad se vayan. Será duro, reconoce Manuel Pinedo, el responsable de conferencia Nuestra Señora de los Desamparados, que colabora en la gestión del Hogar. Ya antes lo ha sido, añade, por la partida de otras hermanas en estos 20 años: sor Florencia, sor Rosario, sor Natividad, sor Refugio, sor Aurora o sor Ana. "Oficialmente las Hijas de la Caridad empezaron el 26 de septiembre de 1998, pero ya antes estaban en las instalaciones provisionales que había cerca de la plaza de toros", recuerda Pinedo.

Esa labor de atención a transeúntes, describe el representante de la Conferencia de los Desamparados, "es una enseñanza del amor hacia el prójimo. Muestra su entrega casi al límite". La experiencia, asegura sor Carmen, la superiora, "es positiva" porque se trata de "ayudar a los demás". "Es gratificante, porque aquí llegan personas que están en la calle y les damos comida, los alojamos, les damos ropa y se duchan", explica sobre su gestión en el centro donde procuran que haya "armonía". Hay, afirma, épocas más tranquilas que otras, situaciones en las que deben calmar a acogidos más conflictivos.

El viernes Manuel Pinedo les dedicó palabras de homenaje en la misa del día de Federico Ozanam que se celebró en San Francisco: "Es que son para nosotros como una segunda familia".

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