Cuando éramos alcaldes
Un buen número de los regidores municipales de la provincia elegidos democráticamente en el año 79 acudieron al homenaje rendido por la Diputación "como una reunión de antiguos alumnos"
Un hombre se acerca a Jesús Ruiz, alcalde de Arcos en 1979 y presidente de Diputación durante algo más de una legislatura, le da la mano y a Ruiz le suena la cara, pero no consigue ubicarla en su sitio: "¿Te acuerdas cuando pusimos en marcha El Convento, en Vejer, todo lo que pasamos?". Y Jesús Ruiz rápidamente ubica, se le ilumina el rostro y se le viene todo, El Convento y muchas otras cosas. "Estamos un poco como en esas reuniones de antiguos alumnos. La mayoría no nos veíamos desde hacía mucho tiempo y mira que en aquella época estábamos todo el día juntos y bien que nos tirábamos los trastos... pero no sé, yo creo que era otra época, que sabíamos que nos teníamos que entender".
Los problemas, entonces, eran enormes y Ruiz de lo que se acuerda es, por tanto, de eso, de lo muy enorme, de sus desvelos por los alcantarillados y asfaltado de las calles... "Todo aquello era nuestro sinvivir, cómo sacaríamos dinero para dar lo básico. Hay que situarse. Nuestras localidades entonces no eran como las de ahora. ¿Quién iba a pensar que ahora tendríamos depuradoras, servicios de internet? Impensable, impensable..." Su reflexión es interrumpida por el personal de Diputación, que se acerca a saludar y que, luego, en un aparte, hablan de él como "una persona muy cercana, muy sencilla".
Diógenes Valle, primer alcalde democrático de Algodonales, un hombre que venía del exilio, voluntario pero exilio, y Juan Ramírez, de El Bosque, se saludan después de cerca de ocho años sin verse. La Sierra, como hoy, era la gran olvidada de la provincia e hicieron lo imposible por hacerse oír. De hecho, cuando se le pregunta a Diógenes por el primer día que se sentó en el despacho de alcalde, que qué pensó que tendría que hacer, prefiere que le asalte un ataque de amnesia. "Eran tantas cosas... la verdad es que no sabíamos muy bien por dónde empezar de todo lo que había que hacer". Ramírez asiente, pero la que toma la palabra es Antonia, la mujer de Diógenes, menuda y vivaracha, a la que se le nota a la legua su carácter, el carácter de una mujer orgullosa de sus marido. "Lo primero que había que cambiar era quella sociedad. Nosotros volvíamos del extranjero a un lugar en el que la mujer era considerada vieja a los 40 años, que la mujer paseaba por las calles con el pañuelo en la cabeza". Confirman Diógenes y Juan que enfrentarse a las mentalidades era el primer objetivo, pero que lo inmediato era proporcionar los servicios básicos, para lo que había que acudir a Diputación para conseguir los fondos necesarios en pueblos encerrados en sí mismos, con una economía muy limitada al sector primario. "¿Y de qué hablaban en casa, Antonia?" "De muchas cosas, pero de lo que no hablábamos era de política, estaba prohibido".
La ideología estaba muy presente en aquellos municipios, como demuestra el coloquio informal que protagonizan Francisco Esteban, que fue alcalde comunista de Algeciras, y Juan Manuel de Cózar, que fue alcalde socialista de La Línea, dos pueblos vecinos que se conjuraron con el resto de la comarca del Campo de Gibraltar para no quedar en tierra de nadie. "Funcionábamos como una Mancomunidad sin que se hubiera inventado aún la palabra, así que no te digo ya la institución. Si a Paco le hacían falta unos bomberos, para allá iban los bomberos y viceversa. Y así con todo. Los siete alcaldes del Campo de Gibraltar éramos entonces como hermanos y nos daba igual quién era de qué partido. Allí había comunistas, socialistas, de UCD. La ideología era tan importante que nos veíamos obligados a ponernos de acuerdo. Éramos un poco el espíritu del consenso que se vivía en el país a pequeña escala".
Tanto es así que Esteban no duda en calificar aquellos tiempos como "buenos, muy buenos, porque con todas nuestras carencias vivíamos de la ilusión, del servicio a nuestros vecinos. Nos creíamos lo que hacíamos". "Y entiendo que no había problemas para confeccionar las listas, no había codazos". En eso Francisco Esteban es muy claro, y ya tiene a su lado al que fue su primer teniente de alcalde para dar testimonio: "¿Codazos por ir en las listas? En todo caso lo contrario. Tampoco estaban entonces las cosas tan claras y no sabías muy bien a lo que te exponías si todo volvía a cambiar. Los que querían trabajar estaban dispuestos a hacerlo desde dentro o desde fuera, se fuera de un partido o de otro. Lo del gobierno y la oposición estaba mucho más difuminado porque de lo que se trataba era de conseguir acuerdos para lograr aquello en lo que todos estábamos de acuerdo".
Fugazmente se pudo ver ayer a Antonio Morillo, el alcalde de Vejer que en la noche del 23-F, como diputado que era de UCD, se echó al suelo cuando dijo Tejero "porque eso era lo que nos habían enseñado en la mili, cuerpo a tierra". Morillo también rememora aquellos primeros años con la ilusión de todos los demás que desfilan por el documental, de Pedro Pacheco a Carlos Díaz.
Menor era la representación de los alcaldes actuales en el Salón Regio de Diputación. Manuel Cárdenas, de Trebujena, era uno de ellos, que no dudaba en elogiar "la hombrada" de aquellos políticos que se estrenaban en la gestión. Y lo de 'hombrada' tiene sentido porque no había ninguna alcaldesa después de aquellas elecciones, algo que otro alcalde, el alcalde de un pueblo que entonces no existía, Benalup, Francisco González Cabaña, quiso reseñar como un cambio de los tiempos. Tres décadas que han dado para hacer de la provincia de Cádiz algo tan distinto a lo que se encontraron los pioneros de nuestra democracia.
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