Predicciones sobre los efectos del cambio climático en la provincia

Cuando las aguas suban

  • La acción del hombre y el cambio del clima abocan a playas de la Costa Noroeste a su desaparición.

El clima es un péndulo caótico. Sabemos una cosa. Los temporales o se forman en Islandia y al norte de las Islas Británicas o lo hacen en el Golfo de Cádiz. Si vienen de arriba, el levante se adueña de las playas atlánticas del sur y la lluvia es escasa. Si es al contrario, es el momento del poniente y anuncia temporadas lluviosas. ¿Quién gobierna esta dinámica? El Atlántico. ¿Por qué sistema se rige? Ni idea, nadie lo sabe. No hay patrones. De hecho, sabemos otra cosa: el Atlántico es caprichoso. Incluso sabemos una tercera cosa. El ser humano lleva décadas lanzando CO2 a la atmósfera y ha creado un inmenso invernadero que, en lo que al Atlántico concierne, hace más impredecible al impredecible clima que nos espera. Los científicos llevan treinta años y varias cumbres prediciendo que todo esto no traerá nada bueno. De momento, lo que es seguro es que el cambio climático es causante de un sin número de películas de catástrofes. Pero ¿qué va a ser de nosotros?

La Universidad de Cantabria ha realizado un exhaustivo estudio dirigido por Íñigo Losada y financiado por el Ministerio de Medio Ambiente sobre el efecto del cambio climático en las costas españolas y la conclusión es que el nivel del mar subirá no menos de 70 centímetros antes de que acabe el siglo, lo que afectará de manera directa al turismo, a las actividades portuarias y al comportamiento de los temporales. 70 centímetros de mar son, así, a ojo, diez metros menos de playa, de costa. Aumentará la temperatura del agua y su acidificación y en su vertiente más apocalíptica nuestros hijos verán la autodestrucción de ecosistemas. Si nos ponemos así, demos por buenas las predicciones del estudio de la Universidad de Huelva firmadas por el catedrático de Geodinámica Joaquín rodríguez Vidal. Pasará esto: "Incremento energético de la dinámica marina y formación de un estuario dominado por las olas; dramático retroceso costero con ruptura y desaparición de flechas y barreras litorales en las desembocaduras; inundación marina permanente de la marisma con formación de playas y flechas arenosas en su interior; marcado retroceso de los acantilados al oeste de Doñana, con tasas de 5 a 10 m/años; migración acelerada hacia el continente de frentes dunares... el paisaje se transformará en una amplia planicie costera desecada, sin marismas, la desembocadura del Guadalquivir será toda fluvial, con escasa influencia mareal, y avanzará hacia el mar, creando una punta deltaica que se desplazará lentamente hacia el suroeste, adosada a poniente a la actual Punta de Malandar y al litoral entre Sanlúcar y Chipiona a levante, transformando el aspecto actual del territorio". Esas son las malas noticias. Si nos ponemos localistas vienen las buenas noticias: el Golfo de Cádiz, pese a todo, no se va a llevar la peor parte.

El estudio de Losada para el Ministerio ha detectado una reducción importante del número de temporales en el Golfo de Cádiz y "una tendencia negativa muy clara en la energía del oleaje, lo que confirma un clima marítimo más suave". Esto tiene, como todo en la vida, su parte buena y su parte mala. Una de las malas ya la detectó Fernando Valladares, profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y presidente del comité del Programa Internacional de Estudio de Cambio Global en la Biosfera y Geosfera: "La proliferación de medusas, o los continuos cambios en los bancos de pesca son el resultado complejo de más de una cosa cambiando a la vez y, por supuesto, de la acción del hombre como telón de fondo".

Hay más. Las cosas están pasando y no lo percibimos. El Plan Nacional de Adaptaciçón al Cambio Climático ha detectado algunas de ellas: la uva, por ejemplo. "En los últimos años, se vienen observando ciertos cambios en el proceso de maduración de la uva. Existe una tendencia a que se produzca un desfase entre la madurez en el contenido en azúcares, más temprana y la madurez de aromas, más tardía". De manera que tenemos el grado probable adecuado cuando todavía no se ha alcanzado la máxima intensidad aromática y los taninos todavía son verdes. Eso es malo para el negocio y para la vid, que se vuelve loca y ya no sabe cuándo tiene que florecer. Un problema de menopausia vegetal.

Más preocupante es otra advertencia. La aparición en vuelo del lepidóptero pieris rapae, un insecto que devora coles, se ha adelantado 11,4 días, lo que hace suponer que está avisando de que las larvas de los invertebrados que habitan nuestra provincia se desarrollarán y alcanzarán el estado adulto con anterioridad. Y eso qué importancia tiene, dirán. Pues la tiene. Si los insectos van por un lado y las plantas que polinizan van por otro el desbarajuste trófico, de un modo u otro, acaba afectando a los precios o recibiendo la visita de algún indeseable como el aedes aegypti, que no es otro que el mosquito de la fiebre amarilla y que hasta ahora encontraba barreras climáticas para establecerse en España y que muy bien, según los estudiosos del Plan Nacional, podría llegar por el sur. Y el aedes aegypti es un mal bicho: trae el dengue y la enfermedad del hombre retorcido, que es como popularmente se conoce una modalidad de artritis llamada científicamente chikunguña. Así que sí es importante los 11,4 días de adelanto del insecto que devora coles si usted no quiere sufrir la chikunguña.

Javier Gracia lleva años investigando cuadernos de bitacora de barcos que navegaron por estas aguas hace más de 200 años. Él, entre otras cosas, aborda la meteorología histórica. En esos cuadernos de bitácora encontramos datos científicos de enorme importancia porque los capitanes de aquellos barcos describían cómo eran los temporales a los que se enfrentaban y la altura de las olas. Gracias a ellos, sabemos cómo eran temporales muy lejanos, cuando no había boyas ni radares. Gracia está al frente de uno de los grupos de investigación de la UCA, en la Facultad de Ciencias del Mar, que contempla el cambio climático. Y él no es de los del apocalipsis. "Lo que sabemos, siguiendo una tendencia estadística que tiene algo de caótica, es que los temporales del Golfo de Cádiz son menos energéticos, sus olas tienen menor tamaño, son menos virulentos. Hasta ahí bien. Pero también notamos que cada vez los temporales son menos violentos, pero cada año hay más temporales. Más suaves, sí, pero al ser más constantes hacen más daño en la costa".

El poder erosionador de los minitemporales actúa ern colaboración con la mano del hombre. Pocas cuencas tienen más embalses que las del Guadalquivir o el Guadalete. Los temporales arrancan la arena de las playas y los ríos se las devuelven. Esos sedimentos se quedan en los embalses, no regresan al mar. Para Gracia, si añadimos el incremento del nivel del mar, que en el sur va a ser menos traumático, y los diques fabricados por el hombre, tendremos como resultado la desaparición de algunas de las playas de la costa Noroeste. "Ya lo estamos viendo en varios lugares, como la playa de Montijo, entre Sanlúcar y Chipiona, un lugar precioso que poca gente conoce y que está abocado a la desaparición. Sólo quedarán guijarros a pie del acantilado". Otras, como la de Costa Ballena, se podrán mantener artificialmente sólo si existe un continuo trabajo de regeneración para sostener la actividad turística. Según prevé el equipo de investigación de la UCA, todas las playas relacionadas con desembocaduras de los ríos tienen como destino una lenta degradación. Pero esto no es una tónica general. En la playa de la Victoria los investigadores han colocado cámaras de baja resolución en lo alto de los bloques de pisos. Observan dónde rompen las olas. Allí se encuentran los bancos de arena sumergidos que tienen que servir como regenadores. Victoria, la playa urbana más larga de Europa, tiene arena desde tiempos arcaicos y nada hace pensar que la vaya a perder si se cuida. "El verano ofrecerá oleajes constructivos y los temporales rebajarán la arena. Es una dinámica que se va a mantener y que las variaciones del clima no van a cambiar". Ocurre lo mismo con Camposoto y otras como La Puntilla son paisajes dunares que van creciendo. No nos vamos a quedar sin playas, el mar no nos va a invadir a medio plazo. No hay apocalipsis, aunque el efecto invernadero no ayude mucho. Y el planeta, tarde o temprano, se enfriará, aunque el hombre se empeñe en calentarlo. Y llegará una glaciación, como tiene que ser, como siempre ha sido. Pero eso, ni usted ni yo, lo vamos a ver.

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