Tribuna de opinión

El Vaporcito: Esperando la incineración

  • El vapor de El Puerto, además de formar parte de la memoria común de los habitantes de la Bahía, es un elemento del patrimonio cultural y merece su protección y conservación

Imagen del ‘Adriano III’ tomada el pasado mes de febrero. Imagen del ‘Adriano III’ tomada el pasado mes de febrero.

Imagen del ‘Adriano III’ tomada el pasado mes de febrero. / Andrés Mora

Así es, como si se tratara de un organismo que tuvo vida, los despojos que muestran la imagen sólo aguardan una chispa, como siempre fortuita, para que se conviertan en una pira que ilumine la Avenida de Bajamar en El Puerto de Santa María por unos momentos, ya que sería breve dado lo seca que está la madera.

Las referencias de prensa que se inician desde el mismo momento del naufragio el 30 agosto de 2011, dan cuenta del cúmulo de infortunios que se han ido sucediendo hasta la situación actual. No obstante, la valoración de los acontecimientos y como se han gestionado no es el objeto de éstas líneas.La relación con el pasado a escala pública suele designarse como memoria colectiva y está constituida por sucesos de carácter material como la arquitectura heredada entre otros, o por episodios de naturaleza inmaterial como es el caso de la música popular.

Lamentablemente el fenómeno vapor del puerto que ya forma parte del recuerdo no es una situación única. Muy cerca, en un punto singular del Marco de Jerez se pueden contemplar también a cielo abierto los despojos, aunque por motivos bien diferentes, de lo que fue un magnífico ejemplo de casa de viña, la casa Lacave, que coronaba un paisaje de tierras albarizas alomadas y configuraba una sabia adecuación del territorio a un modo producción.

El debate que sugiere la contemplación de los restos citados no es el que se corresponde con el romanticismo del s.XIX sobre la ruina como argumento para la exaltación sentimental. Es un debate acerca del valor que en las sociedades cultivadas se atribuye a lo heredado y que, por tanto pertenece a todos. De ahí que se considere como patrimonio en la medida que su conservación supone un enriquecimiento colectivo, no por razones estéticas.

El vapor del Puerto además de formar parte de la memoria común de los habitantes de la Bahía de Cádiz, entre otros, es un elemento del patrimonio cultural y por tanto merecedor de las dos acciones principales de nuestra legislación: la protección y la conservación. En este caso el bien de interés cultural nos ha llegado en unas determinadas condiciones a las que se debería aplicar el mismo proceso metodológico que a los restos de una fortaleza o a la propia casa de viña citada.

En primer lugar, para valorar la situación constructiva hay que disponer de estudios previos realizados por profesionales externos. En este caso desconozco la calidad de diseño y soluciones técnicas que tuvo como embarcación en el ámbito estrictamente naval. Pero el estudio tiene un referente sustancial que en este caso son los carpinteros navales. A ellos corresponde como especialistas independientes evaluar el estado del maderamen de manera que a modo de consejo de médicos propongan un repertorio de posibilidades, no la solución.

En segundo lugar y en cuanto a la funcionalidad, no parece viable su vuelta al trasporte público de pasajeros. No obstante debería poder volver a navegar de forma autónoma como única forma de mantener su integridad cultural evitando que se denigre y pase a decorar una rotonda de la red viaria. Alguna máquina de vapor para el ferrocarril del tipo MIKADO, que marcaron la infancia de muchos, sigue disponible para hacer breves recorridos o por su propio valor didáctico gracias a que mantienen aunque limitada, su funcionalidad y con ella su capacidad de evocación.

En tercer lugar, una vez que se haya establecido el valor patrimonial de la pieza y de que se conozcan las diferentes alternativas constructivas para su rehabilitación, procede establecer el debate más difícil en el campo del patrimonio material: simplificando, se realiza tal como era o aplicando nuevas tecnologías y materiales. En el caso del vapor habría que evaluar los límites del grado de autenticidad aplicable bien entendido que si la pátina no se recupera si es posible hacer ventanas de guillotina de madera como las originales.

En resumen, llegados al punto que muestran las imágenes, es más que urgente proteger el bien para que no desaparezca, es decir que no arda. Después vendrá el estudio de los carpinteros navales, y en la Bahía no faltan, con cuyas opiniones será posible establecer diferentes opciones en la ejecución del otro mandato legal, conservar.

En el caso de alcanzar este momento sería necesario completar el proceso mediante la adecuación del entorno de la Fuente de las Galeras y el todavía designado como Muelle del Vapor mediante un concurso que valorara el borde fluvial como un paisaje urbano histórico en los términos que establece actualmente UNESCO y del que el Adriano III es aún memoria viva. Se constata el aprecio de la población a su imagen tanto fondeado como navegando. En ese contexto de El Puerto de Santa María es el que debería establecerse el papel asignado al barco una vez rehabilitado aunque ya sin capacidad como medio de trasporte regular.

En relación con las vicisitudes sufridas durante los últimos ocho años las actitudes enfáticas y emocionales de aquellos que enjuician y proponen con ligereza no favorecen el rigor y la calidad de la intervención en el patrimonio. Se deben evitar las ocurrencias voluntaristas y dejar paso a una forma de proceder que sin dejar de ser pública y trasparente, atienda mas a procedimientos reglados y al buen hacer de los especialistas.

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