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enología El negocio de los guías de los sibaritas

¿Tongo en las catas?

  • El escándalo de los catadores del gurú del vino Robert Parker en España amenaza con salpicar el prestigio de los emergentes tintos andaluces en el mercado americano

"Si yo dirijo una cata, con todo su rito, y te digo que este vino huele a banana, tú dirás que el vino huele a banana. El vino es algo muy subjetivo y el consumidor español es inseguro. Saber de vino da un plus social. El consumidor español quiere saber y quiere saber muy pronto. Entonces, tú le guías, das dos trazos y el tío se va encantado con el vino de banana". Me lo cuenta un maestro de catas entre risas. No da su nombre porque en breve saca un nuevo vino y necesita puntos Parker que le abran el mercado americano. No importa que haya trabajado duro durante años por conseguir el vino cuyo paladar tenía en el cerebro. Sin puntos Parker no eres nadie. ¿Qué son los puntos Parker?

Robert Parker era un abogado de Baltimore que en 1975 inició una cruzada contra la tiranía de los críticos de vinos en una guía que llamó Wine Advocate. Era el 'abogado' del consumidor, un 'abogado' con pocos clientes. Su gúía tenía poco más de 500 suscriptores. Hasta que en 1982 detectó una soberbia cosecha de Burdeos donde el resto de los críticos paladeaban un bluf. Lo que había hecho Parker era abrir una nueva tendencia. El vino tiene que saber a fruta. Ese es el nuevo canon, ese fue el canon del 82 y ese es el origen de los puntos Parker. Hoy, Parker es el crítico de vino más influyente del mundo.

Esta posición de privilegio da poder y mueve mucho dinero. Parker pudo abandonar el bufete en el que trabajaba para vivir de Winde Advocate. Carlos Delgado, crítico de vinos y alma mater de la principal muestra de vinos generosos del mundo, Vinoble, que se celebra como bienal en Jerez, considera a Parker como "uno de los pocos críticos que es el medio. Habitualmente, los aficionados al vino se fían del criterio de una publicación. En el mundo del vino esas publicaciones influyen directamente en el mercado porque generan una curiosidad en el consumidor. Pero al final es el mercado, el consumidor, el que juzga. Por eso el principal activo de un crítico es ser fiable".

¿Lo es Parker con los vinos españoles? No es probable que Robert Parker, según los expertos consultados, sepa mucho, por ejemplo, de los nuevos tintos andaluces que están cambiando la idea de que el sur no es para los tintos. "Yo creo que Parker no ha probado ninguno o los ha probado puntualmente. El es experto en Burdeos. Pero no se le puede negar su importancia en los mercados porque él no habla a los consumidores como hacen los críticos de los medios: él habla a las grandes distribuidoras. Parker abre el mercado americano, el asiático, el australiano... todos los mercados que tienen una escasa tradición", relata Delgado.

Vicente Taberner es un empresario valenciano que apostó por hacer vinos tintos en Andalucía, en la sierra de Cádiz, en Arcos. Su bodega, Huerta de Albalá, tiene excelentes vinos. Consiguió 95 puntos Parker y fue el primero en en situar el tinto andaluz en el mundo. Esta consideración sorprendió. Los puntos Parker no son una puntuación local ni regional ni nacional. Son una puntuación mundial. 95 puntos sobre cien sitúan un vino, supuestamente, entre los mejores del mundo, a la altura de los grandes vinos franceses, italianos o alemanes. Para Taberner, con el tiempo, los puntos Parker, según ha declarado son algo "a lo que le hay que dar una importancia justa. El que decide es el consumidor por muchos puntos que den a tu vino".

Pese a esta opinión de Taberner, Parker no ha parado de recibir llamadas de productores españoles para que cate sus vinos. Fue el caso de una cooperativa gallega que hacía vino un escalón por encima del tetra brik, vino para cocinar, vaya. Consiguió tal puntuación, por encima de los 90 puntos, que pudo pasar de vender su vino, que costaba euro y medio, a siete euros. Aquello levantó sospechas. Pero el gran escándalo en los blogs especializados fue el llamado jumillagate. Por primera vez un vino español, un jumilla, alcanzaba cien puntos Parker. Todo aficionado al vino sabe que puede haber buenos jumillas, pero que un jumilla alcance la consideración del mejor vino del mundo es improbable.

Como dijimos, Parker no suele catar vinos españoles. Puso la región en manos de alguien de su confianza, Jay Miller, Big Jay, que posee, con su aspecto desaliñado a lo Michael Moore, una de las mejores narices del planeta. O eso decían. Con Jay Miller los vinos españoles encontraron un filón. Desde que él llegó, Wine Advocate publica maravillosas puntuaciones de los vinos españoles. Miller suele ir acompañado de Pancho Campos, un Master of Wine. Pancho, nacido en Perú, pero nacionalizado español, es un conseguidor. Consigue que Big Jay cate tus vinos. En Jerez se le conoció fugazmente por ser contratado por el anterior gobierno local socialista para organizar Vinoble, sustituyendo a Carlos Delgado. Pancho, rodeado de la polémica, no organizará el próximo salón. Un comisariado fugaz. Este 'master of wine' era el que organizaba las visitas de Big Jay para que éste dijera siempre cosas muy parecidas y halagadoras.

El jerez es uno de los mejores vinos del mundo, pero se encuentra en horas bajas, entre otras cosas, porque esta fuera del 'canon de la fruta'. Sabe, como ha sabido siempre, a madera, a oxidación, a añejo. Jay Miller estuvo en Jerez el pasado mes de noviembre. Sorprendió su escaso conocimiento del que es, junto a oporto y burdeos, uno de los vinos históricos. Declaró: "Es tan desconocido el vino de Jerez entre los americanos que sólo puede crecer y creo que hay una oportunidad muy buena en los canales de alimentación. Todo dependerá de la cantidad de dinero que se invierta en promoción y en llegar a estos canales contactando con distribuidores, chefs, restaurantes...". A estos canales se llega a través de los puntos Parker, es decir, a través de Big Jay y Pancho Campos.

Sólo unas semanas después de esta visita saltó el escándalo, un hecho que hizo tambalear el imperio Parker. Salieron a la luz los correos electrónicos cruzados entre el consejo regulador de los vinos de Murcia y bodegas de Madrid con la empresa de Pancho Campo, Wine Academy. En ellos se revelaban las tarifas de la visita del hombre de Parker en España: entre 20.000 y 40.000 euros. Jerez se apresuró a afirmar que no pagó ni un euro para lograr la visita de Miller, pero la sombra de la sospecha se extendía sobre todo un negocio, el de los 'abogados' de los consumidores. Parker siempre se ha jactado de la pureza de sus valoraciones. Estos correos parecían desdecirle. ¿Se cobra por decir que un vino es bueno? ¿Cuánto cuestan los puntos Parker?

Parker, a los pocos días, agradecía sus servicios a Miller y anunciaba que Big Jay dejaba de escribir en Wine Advocate. Jay Miller se defendió: "Algunos pueden creer que mi dimisión es una respuesta a mis críticos. Dejo Wine Advocate con la conciencia tranquila. Nunca cobré por visitar bodegas".

El escándalo supone un revés a los emergentes vinos andaluces que hubieran contado con un aliado (¿previo pago?) para situar caldos en el mercado americano. El nuevo emisario de Parker, Neal Martin, hasta ahora dedicado a Oceanía, ha sido cuidadosamente seleccionado para disipar dudas. Escribió hace cinco años tras una cata de riojas en el mercado de Old Billingsgate: "La verdad, nunca he podido entender el vino español". El maestro de catas que me hablaba de la subjetividad en este negocio es pesimista sobre la relación de su nuevo vino con los puntos Parker: "Con Martin, que Dios nos pille confesados".

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