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Juan Bouza. Ex delegado provincial de Empleo de la Junta de Andalucía en Cádiz

"Sabía lo que firmaba; ni los funcionarios ni yo hemos cometido delito"

  • Confía en su inocencia y cree que la formación para el empleo tenía dos ejemplos a seguir hoy cerrados: el CTI de San Fernando y la Escuela de Hostelería de Cádiz

Fue delegado provincial de Empleo durante ocho años. Hoy es trabajador del Ayuntamiento de Cádiz, en el Museo de las Artes. Pero la investigación judicial de los cursos de formación llevó a su detención hace año y medio. Hoy sigue imputado en dos juzgados: el número 6 de Sevilla, por el caso de los cursos de formación, y el número 3 de Cádiz. Hoy cuenta a Diario de Cádiz cómo ha vivido este proceso.

-¿Cómo se encuentra?

-Bien. Me encuentro animado, prudentemente contento, porque da la impresión, aunque son informaciones periodísticas y no están consolidadas, de que los procedimientos van a acelerarse y esperamos que se resuelva con el archivo de las causas. Lo que ocurre es que hay que ser prudente porque la administración de Justicia habla con autos y resoluciones. Hasta que eso no pase, sigo estando imputado.

-Habrá quien piense que si un juez imputa a Juan Bouza, es porque algo mal habrá hecho...

-Es muy respetable que la gente piense eso, es lógico. Desde el punto de vista de mi abogado, no hay ningún ilícito penal. Poco puedo decir yo, salvo que no se ha cometido ningún delito en la Delegación de Empleo mientras he sido delegado, ni yo ni los funcionarios que estaban a mi cargo. Me da mucha rabia, me ha ocasionado mucho sufrimiento a mí y a mucha gente, pero el mero anuncio de la posibilidad de que se archive me da cierto alivio.

-También se dirá que está donde está por firmar sin leer...

-Vamos a ver, yo no firmaba cientos, firmaba miles de papeles al cabo de la semana. Pero sé lo que he firmado. Todo lo que firmé había que firmarlo y si no se firmaba sí que habría cometido algún delito. La cuestión es que cuando los interventores han revisado los papeles han visto que había irregularidades, pero la culpa no la tendrá el interventor, los funcionarios o yo ¿no? La tendrá quien ha cometido una irregularidad diciendo en un papel que las cosas estaban bien cuando no lo estaban. Es el quid de la cuestión.

-¿Cómo fue su detención?

-Yo me voy a trabajar al Museo de las Cortes todos los días a las 7:30. Ese día esperaba el autobús y se me acercan dos chavales, me llaman y se vienen para mí. Yo me asusto un poco porque creí que me iban a hacer algo. Se identifican como guardias civiles y me meten en un coche. De ahí a un calabozo y yo estoy como en una nube porque no sabía qué pasaba. En ese momento mi única preocupación era que mi hija menor de edad estaba en mi casa. Pensaba que iba a ser rápido. Incluso se lo dije a la Guardia Civil y me dijeron que esto iba para largo. Después la foto típica, las huellas y te meten en una estancia que es como un cuarto de baño pequeño, donde tenías que llamar para que te acompañaran a hacer tus necesidades, toda la noche con la luz encendida, te quitan las gafas. Fue muy duro. Era una irrealidad, lo que pasa es que llevas tanto tiempo allí dentro...

-¿Cuánto tiempo?

-Me detienen a las siete y media de la mañana y me sueltan al día siguiente sobre las once de la noche. Testifiqué delante de la juez Alaya. Ejercí mi derecho a no declarar porque después de 40 horas estaba destrozado física y anímicamente. Eso fue lo más duro. Me puso en libertad, con cargos lógicamente. ¿Los motivos por los que estuve detenido 40 horas? Habría que preguntarlos. En Cádiz me conoce todo el mundo y si hubieran preguntado por mí hubiera ido encantado al Juzgado.

-¿Cómo rehace su camino?

-Pues ya te serenas. Pasas el calvario de donde te sitúan. Te das cuenta durante un año y pico de que esto no es una muerte civil, no lo es. Mi situación es más, si se me permite, como un zombi que no necesita comerse a nadie. Te das cuenta de que eres una persona sospechosa de ser mala. Lo vas asimilando.

-¿Las mayores decepciones le han llegado desde su partido?

-El PSOE sigue siendo mi partido pero desde el día que me detuvieron nadie de la dirección me ha llamado oficialmente para preguntarme por qué. Vale. Posiblemente no hiciera falta. Doy un paso atrás por no ser un estorbo; sigo siendo afiliado, pero estoy imputado.

-Recurriendo a los clásicos, ¿deja de sonar mucho el teléfono?

-Muchísimo. Lo que pasa es que de eso no hago sangre. Me fijo más en los que han llamado cuando me detuvieron y ahora cuando se publicaron estas noticias positivas. Me han llamado muchos dirigentes del partido, sobre todo gente histórica que me conocen desde que era un niño. Y me han llamado de toda España, sí. Incluso amigos que han hecho esfuerzos económicos para ayudarme y con eso me quedo. Si ahora no me han llamado los dirigentes del partido es porque estaban en campaña y este es un tema menor. No guardo rencor a nadie, de verdad.

-Cuando echa la vista atrás, ¿qué piensa de la sombra de duda que tiene la Consejería de Empleo?

-Creo que la Junta tiene los instrumentos documentales suficientes como para que se demuestre que no había precisamente una trama. A partir de ahora, lo mejor es que esas nuevas normativas de formación para el empleo estén lo suficientemente bien armadas para que esto no vuelva a pasar, que le sea muy difícil a nadie engañar a la Administración para quedarse con el dinero. Y para eso hay que dotarla de medios humanos y materiales, porque si no es muy difícil. La UCO tarda seis o siete meses para analizar un documento y ver si tiene una irregularidad; un funcionario tiene que tardar minutos. A lo mejor me hubiera gustado tener a personal de la UCO para tramitar los expedientes. Es evidente que hubo cuestiones que no funcionaron bien, pero aquí no se ha tirado el dinero por una alcantarilla. Teníamos unos ejemplos magníficos como el CTI de San Fernando o la Escuela de Hostelería de Cádiz. Los dos están cerrados, no sé los motivos, pero ese es el modelo.

-¿Ha podido hablar con, por ejemplo, Antonio Fernández, Agustín Barberá...?

-La verdad es que con Antonio no. Hace tiempo que no hablo con él pero tiene mi cariño y le deseo lo mejor. También mi recuerdo y mis mejores deseos para Manuel Brenes. Con Agustín Barberá me cruzo muchos días camino del trabajo, y tengo casi las mismas ganas de verlo salir de este asunto como a mí mismo. Con todo el respeto a las decisiones judiciales, ojalá pronto podamos volver a sonreír un poquito.

-¿Volverá a la política?

-Tiempo al tiempo, pero de entrada tendrían que cumplirse dos requisitos. Uno, que se me quite el miedo. Y dos, pedir permiso a mis dos hijas.

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