Provincia de Cádiz

Radares que no son fiables

  • Un ingeniero de caminos descubre que los aparatos móviles que miden la velocidad en las carretera cuentan con un elevado margen de error.

Las multas por exceso de velocidad son una importante fuente de ingresos para la hacienda pública. Ese afán recaudatorio también tiene consecuencias penales para los conductores que son cazados a más de 200 kilómetros por hora y que incurren en un delito que va más allá de la simple pérdida de puntos o el coste económico. Sin embargo, no todos los radares con los que la DGT vigila nuestras carreteras tienen las mismas características y algunos, los denominados móviles, cuentan con un elevado margen de error. Esto quiere decir que muchas de las multas que los conductores reciben son recurribles si estos demuestran que los radares móviles no fueron colocados correctamente, algo que es bastante más habitual de lo que debiera.

Agustín Falcón, doctor en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, así como perito judicial, está dedicando su tiempo a demostrar como estos radares móviles no son infalibles. Su incursión en este mundo fue casual pero ahora se ha convertido en el mejor aliado que tiene el Defensor del Pueblo en su lucha contra la Fiscalía General del Estado en este tipo de causas. "Recientemente actué como perito en un juicio penal por una supuesta circulación a más de 200 km/h de un vehículo y he tenido la oportunidad de conocer la normativa y los criterios de las diversas partes intervinientes, desde al agente instructor a la Fiscalía General".

Para que tengan una idea general hay que explicar que la normativa del Ministerio de Industria es la que aplica la Dirección General de Tráfico. Las sanciones dependen del Ministerio del Interior y quien se encarga de controlar el buen funcionamiento de los radares de velocidad es el Centro Español de Meteorología (CEM) a través del Ministerio de Industria. Si se detecta una infracción a más de 200 km/h es cuando entran en escena los jueces.

Agustín Falcón explica que los radares fijos son más fiables pero que los problemas y las dudas surgen cuando las mediciones se realizan desde un vehículo equipado con un radar denominado Cinemómetro 6FMR. "El 60% de los radares que portan los coches camuflados son de este tipo. Funcionan por efecto Doppter. Es decir, envía ondas electromagnéticas que se reflejan en el vehículo al que quieren medir y que al volver calcula una velocidad gracias a una fórmula matemática".

El problema, continúa explicando Falcón, "es que el haz de honda tiene que darle al vehículo desde un ángulo de 22º, tiene que estar orientado con esa trayectoria, porque con cada grado de desviación el fallo aumenta más menos 0,7% de la medición".

La situación es complicada porque la acertada colocación de los radares móviles sólo está controlada por los agentes, "a los que no se les da una formación adecuada".

Los radares situados en los pórticos o las cabinas son revisados periódicamente por el CEM, "pero es en los demás, los que se sitúan en trípodes o en vehículos estáticos, donde nos encontramos el problema. Porque, ¿son los agentes competentes para colocar estos aparatos siguiendo las instrucciones del fabricante?", se pregunta en voz alta Agustín. Pero va más allá e incluso propone una auditoría sobre la forma en que se colocan los radares móviles en nuestras vías. "Yo llegué a reunirme con personal de la Guardia Civil, incluso un capitán, y me reconocían que estas mediciones son una chapuza más de las muchas que tenemos a nuestro alrededor".

Por todo ello, Agustín Falcón aconseja "recurrir" todas las multas impuestas con estos radares móviles y "exigir a la Guardia Civil que nos demuestre que el radar estaba colocado correctamente, algo que es muy complicado porque la prueba de que la antena estaba bien colocada se destruye en el momento en que el vehículo de la Guardia Civil sale persiguiendo al infractor".

Uno de los problemas añadidos, a su entender, es que en el año 2010, la Fiscalía considera a los cinemómetros radares fijos, "cuando en realidad son móviles. Esto ha provocado un aumento de las multas, también por el afán recaudatorio del Gobierno", y recordó que de ese margen de error, esos 8 ó 10 kilómetros, "puede acarrear que un exceso de velocidad se convierta en un delito penal en vez de en una falta que acarree tener antecedentes penales".

Lo cierto es que muchas personas no recurren por desconocimiento de todo lo anteriormente dicho o simplemente por no meterse en trámites judiciales.

Agustín Falcón critica también la "soberbia" de la Fiscalía General del Estado, "que ni siquiera ha contestado al escrito enviado por el Defensor del Pueblo". Y repite que lo ideal sería que se hiciera un auditoría para ver la formación de los agentes y que se les obligue a firmar un compromiso de que los radares móviles, los cinemómetros, están a 22º.

El informe realizado por Agustín Falcón es tan concienzudo que incluso el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha quedado en repartirlo entre sus jueces para que lo tengan presente a la hora de valorar algunos casos. "Porque se están haciendo las cosas mal y hay más infracciones de las que debiera".

Destacó también Falcón que todos los ensayos con los cinemómetros se realizan en laboratorios a 20º y que esas condiciones varían en las carreteras. "Los radares fijos sí están controlados por el CEM, pero las mediciones de los radares móviles no tienen ningún valor si no se colocan bien".

Por último, y a modo de consejo, Agustín Falcón aclara que "lo primero para poder recurrir es saber qué tipo de cinemómetro es el que ha hecho nuestra medición y cómo estaba colocado, que obtengamos una prueba de que estaba bien colocado. Incluso los agentes de la Guardia Civil pueden reconocer sin problemas que no están instruidos para situar correctamente estos aparatos de medición".

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