Provincia de Cádiz

Navantia afronta la etapa final con Venezuela pendiente del octavo patrullero

  • Puerto Real celebra la séptima y última puesta a flote, ya que el buque restante debe fabricarse en el Caribe · El embajador anima al sector a que pida a Chávez la ampliación del acuerdo

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Kariña es el último nombre que se inscribirá, por ahora, en la historia del astillero de Puerto Real. Es como se ha bautizado al cuarto patrullero del tipo PVZEE (para la vigilancia de la Zona de Exclusión Económica) y el séptimo de los ocho encargados por la Armada bolivariana de Venezuela a la empresa Navantia, que ayer celebró la puesta a flote del buque con una amplia representación militar y diplomática.

Tras este hito naval, comienza una cuenta atrás en la que la compañía irá concluyendo todos los programas en marcha, sin nuevas contrataciones inminentes aunque con muchos frentes abiertos por distintas latitudes. "Ahora mismo estamos ofertando a muchos países barcos de estas características, como a Malasia, Argelia, India, Australia... Estamos trabajando muy duramente para tratar de consolidar algunos contratos este año que permitan continuar con carga de trabajo". Es el mensaje alentador del director de la unidad de producción San Fernando-Puerto Real, Fernando Miguélez, que se muestra optimista pero también es realista con la situación actual y la próxima a corto plazo. "Hay diez barcos pendientes de entregar y tenemos trabajo para año y medio. Lo que sí es verdad es que hay muchas partes de la actividad productiva, de personal especializado en otras tareas que no es la puesta en marcha de buques que se han quedado en desempleo y no hay otra forma de darles trabajo que con nuevas contrataciones".

Este vacío laboral es el que más preocupa y será irá ampliando en los próximos meses conforme vayan terminando las obras de construcción y los barcos entren en la fase final de pruebas de mar. Miguélez hizo un balance preliminar, ya que la misión se extenderá aún un año más, y destacó que "entender y dar respuesta a las exigencias de la Armada ha supuesto un reto".

Y el siguiente reto será cerrar este contrato porque, según el convenio firmado en 2005, el octavo y último patrullero debería ser construido en el astillero Dianca de Puerto Cabello, en Venezuela.

Esta obra in situ forma parte del acuerdo bilateral de transferencia industrial y tecnológica suscrito entre ambos países y que contemplaba no sólo esta construcción, sino también la formación de personal. Este apartado se ha desarollado en los últimos años y, según Miguélez, los astilleros gaditanos han capacitado a más de 500 profesionales que han cubierto 3.850 plazas de formación. "Esto debe permitir una autonomía suficiente en la defensa y un impulso industrializador" para su sector naval.

Pero la fase final de esta transferencia está aún pendiente de que Venezuela culmine la adaptación de Dianca (Diques y Astilleros Nacionales), donde debería fabricarse íntegramente la cuarta unidad de la otra serie, la de Buques de Vigilancia del Litoral (BVL), estos dotados de menor armamento y concebidos para labores de guardacostas. El director de la unidad de producción admitió estas complicaciones surgidas en la última fase del programa y aseguró que, hasta ahora, se mantiene el objetivo de que el barco se fabrique allí y negó la posibilidad de que se haga en la Bahía. La única alternativa sobre la mesa actualmente es que se opte por la construcción de otra embarcación, según explicó Miguélez.

Además, en este periodo de actividad para Venezuela, los astilleros de la Bahía han alcanzado varios hitos, como simultanear la botadura de dos barcos o las pruebas de mar de tres. Esta "gran capacidad de producción" ha sido posible, según ensalzó el director de la unidad de producción, gracias a la colaboración de la industria auxiliar, eje de la reconversión del modelo industrial de la empresa naval hacia una mayor externalización. Tanto es así que las subcontratas de Navantia facturan ya anualmente una media de 200 millones de euros y junto a la matriz, forman un sector con 6.780 trabajadores.

Una de las vías futuras para recuperar este ritmo de actividad o, al menos, parte de él, es, claramente, Venezuela, gracias a la relación comercial, industrial y profesional generada en los cuatro años de actividad conjunta con el país caribeño. "Españoles y venezolanos estamos cortados casi por la misma tijera". Así lo describió el embajador de Venezuela en España, Julián Isaías Rodríguez Díaz, que abrió la ceremonia de bautismo: "Estamos empezando a entregar, no sólo el compromiso contraído con Venezuela, sino los futuros compromisos que esperamos tener". Además explicó que Venezuela tiene proyectos bastante ambiciosos para la construcción de buques de gran tonelaje con la finalidad de exportar petróleo y gas. De hecho, ya están realizando encargos a China, pero Rodríguez señaló que es posible que alguno de estos pudiera ser construidos en España, especialmente aquéllos de mayor complejidad técnica. "La respuesta oportuna y eficaz que nos han dado aquí vale tanto como el capital", agregó en alusión al menor coste que oferta la industria china.

El diplomático animó también a los trabajadores y al sector naval de la Bahía a dar un paso adelante con la organización de "una gran asamblea" en la que se formule una petición directa al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para que dé continuidad a los encargos a los astilleros españoles.

En lo referente al contrato de los patrulleros, defendió su carácter no bélico, devolviendo a la memoria el conflicto abierto por Estados Unidos cuando España cerró en 2005 el acuerdo con Chávez. "Venezuela nunca ha sido una región para agredir, sino para liberar y tender la mano, y nuestras flotas son flotas de paz que buscan la defensa de nuestro país sin provocar conflictos que serían completamente innecesarios".

Su homólogo a la inversa, el embajador de España en Venezuela, Dámaso de Larios Ramírez, también calificó como "muy importante" la colaboración entre ambas naciones y expresó su deseo de que materialice esta ampliación de la actual relación comercial.

El Vicealmirante Alcibiades Jesús Paz, Inspector General de la Armada Bolivariana, comenzó su discurso defendiendo "la construcción del socialismo del siglo XXI" y valoró la jornada como "un día histórico". Tras explicar el significado de Kariña, que hace honor a una etnia ancestral que luchó "contra la invasión", el vicealmirante enumeró las labores que cumplirá el patrullero, desde la lucha contra el tráfico de drogas o la inmigración hasta la asistencia a la población.

El AB Kariña PC-24, que tuvo como madrina a Petra Elena Medina de Paz, posee una eslora de 98,9 metros, una velocidad máxima de 24 nudos, una autonomía de 3.500 millas y contará con una dotación de unas noventa personas. Es, además, una de las mejores bazas para romper la ausencia de nuevas contrataciones, que se alarga desde 2006. "Estos patrulleros son muy versátiles, flexibles, y destacan a nivel mundial por su alto nivel tecnológico y automatización", lo que hace que sólo sea necesaria una cuarta parte de la dotación habitual.

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