Provincia de Cádiz

Mil dudas frente a Punta Camarinal

  • El pecio del 'Nuevo Pepita Aurora' yace todavía sobre el fondo marino a pocas millas de la costa mientras muchas familias barbateñas siguen llorando a los suyos sin hallar las respuestas y las ayudas prometidas

Hace hoy un año 16 marineros profesionales con muchos quinquenios de experiencia en sus espaldas partían de Barbate a bordo del Nuevo Pepita Aurora. Iban a ganarse el jornal frente a las costas de Larache. Como tantas veces. Ni el más pesimista podía imaginar entonces que al día siguiente, apenas unas horas después, la mitad de ellos se quedaría a mitad de camino, sin poder abrazarse de nuevo a los suyos.

Hoy Barbate vuelve a quedar en silencio, recordando, llorando y hasta maldiciendo, pero sin ganas de hablar en público de lo que pasó. Ya no merece la pena, piensan muchos. No hay nada que celebrar, lamenta el alcalde.

El consuelo, si lo hay, es acercarse a la cercana Punta Camarinal, camino de Tarifa, y arrojar alguna flor a ese mar que hoy, paradojas de la vida, luce como un plato. Porque allí en frente, tan cerca, yace aún sumergido aquel barco que fuera el orgullo de los Vega y de la flota barbateña entera pero que ese maldito día no pudo salir victorioso en su enésima batalla contra el Levante traicionero. Y todo por 80 míseras cajas de boquerones que no volvieron a pisar la lonja de Barbate.

La lonja. Morgue improvisada. Carreras sin destino, gritos al aire. Consuelo sin palabras. Angustia primero y dolor y alivio después a partes iguales. "Juan, ¿dónde está mi padre?". La pregunta que aquel chaval, con el rostro desencajado, planteaba entre sollozos a un superviviente retumba aún entre esas paredes enormes y, también, en el oído de quien esto escribe. Unos volvieron destrozados pero vivos; otros volvieron tapados con una sábana; y otros ni siquiera volvieron. Hasta ocho, que se dice pronto, perecieron hace hoy 365 días.

Todos ellos, sus caras, sus vivencias y sus alegrías, recorrerán mañana la mente de quienes asistan a la misa en memoria de la última bofetada propinada a Barbate. Será a las 19:30 horas en la parroquia de San Paulino, ante la mirada de la Virgen del Carmen, la patrona de los que se ganan la vida a duras penas tragando salitre. Terminada la ceremonia religiosa, una corona de flores que se depositará en el monumento a los marineros desaparecidos que preside la entrada del puerto pondrá el colofón a otro día para olvidar. Como el de hace un año ya.

Y una vez que pase el día de mañana, al igual que hoy, o como hace un mes, o como seguirá pasando en un futuro muy cercano, las preguntas sin respuesta seguirán golpeando como un martillo pilón las mentes de quienes no paran de repetir que todo se pudo evitar, que eso de que el destino de cada uno está escrito de antemano es mentira. Y de que tiene haber algún culpable.

Pero, ¿de quién? ¿Fue culpa del astillero que construyó el Nuevo Pepita Aurora, con una estructura idéntica al de otro pesquero que también naufragó antes frente a las costas gallegas? ¿O fue de quien decidió que el barco podía cruzar el Estrecho sin problemas en medio del temporal? ¿Fueron los aparejos y las redes depositadas en cubierta las que imposibilitaron que el barco mantuviera la verticalidad tras los primeros golpes de mar? ¿O acaso hubo responsabilidad de Salvamento Marítimo, que tardó en personarse en el lugar cuando el barco ya había volcado?

Mil dudas flotan aún en el Barbate triste de hoy. Ese Barbate que ha visto cómo ni una de las promesas planteadas tras la tragedia se han visto cumplidas. Un Barbate que sigue siendo el de siempre, el que continúa mirando a su mar con devoción pero con la esperanza de crecer de otra manera.

Y esas dudas, por qué no, puede que aún permanezcan escondidas frente a Punta Camarinal, en el interior de aquel pesquero al que ni siquiera pudo reflotar la tecnología tan avanzada que Fomento desplazó hasta Barbate. ¿Ya todo da igual? No. Barbate dice que no, que quiere recordar, sí, pero que quiere también respuestas. De las autoridades, de los expertos, de los jueces... Da igual de quien sea. Pero que sea ya.

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