EL SEXTANTE DEL COMANDANTE

¿Jerez o fondillón? El vino de la discordia

  • Dilema resuelto. Pruebas documentales atestiguan que el vino que embarcó en la expedición de Magallanes que dio la primera vuelta al mundo fue el elaborado en Jerez y no el de Alicante

Una botella del vino fondillón tan característico de la provincia de Alicante. Una botella del vino fondillón tan característico de la provincia de Alicante.

Una botella del vino fondillón tan característico de la provincia de Alicante.

Con ocasión de una conferencia que impartí meses atrás en el Consejo Regulador del vino de Jerez, llegamos a la conclusión, comprobada documentalmente, que el vino embarcado en las naos de la Flota de Magallanes fue jerez, al que corresponde, por tanto, el orgullo y la fama de haber dado la primera vuelta al mundo, hecho inédito que convenimos en llamar "la primera circunvinación".

Días atrás un compañero me hacía llegar un correo de otro colega incluyendo una serie de enlaces a Internet en los que se sostiene que el caldo que embarcó Magallanes no fue jerez, sino fondillón, un vino dulce elaborado en la provincia de Alicante. Semejante aserto viene avalado por don Julio Guillé Tato, almirante de la Armada fallecido en 1972 y hombre de enorme prestigio al que acreditan sendos nombramientos, en su tiempo, como miembro de las Reales Academias Españolas de la Lengua y de la Historia.

El fondillón es un vino elaborado exclusivamente con uvas de la variedad monastrell. Se caracteriza por una alta graduación que, a diferencia de los vinos fortificados jerezanos, procede exclusivamente del azúcar de la uva. Este vino alcanzó fama a partir del siglo XV y estuvo a punto de desaparecer a mediados del XX debido a la plaga de filoxera y a la explosión demográfica y turística que sufrió la ciudad de Alicante. Hoy vuelve a recuperar el prestigio perdido, principalmente en los mercados escandinavos y en Rusia, donde es considerado una delicia enológica. Para su elaboración se deja sobremadurar la uva en la vid antes de la recolección para luego pasificarla durante un par de semanas. Tras esto se inicia la fermentación, en la cual el hollejo está en contacto con el vino entre veinte y treinta días. Finalizado el proceso se introduce en toneles de roble de 2.000 litros; si el vino obtenido es de buena calidad se llenan barriles vacíos con su contenido y en caso contrario se utiliza para rellenar barriles con vinos de otras añadas. El proceso de crianza debe durar de 20 a 25 años, período tras el cual sale al mercado. El producto es un vino con una tonalidad que va del violáceo al ámbar. Es abocado o ligeramente dulce con aromas de pasa y madera noble. La graduación alcohólica es alta, variando entre 16º y 18º. Por sus características está especialmente recomendado como vino de postre o para aperitivos. Al igual que el jerez, el fondillón fue ponderado por William Shakeaspeare y otros personajes ilustres como Alejandro Dumas, Emilio Salgari o Fiódor Dostoyevski. En definitiva, el fondillón es otro más de los magníficos caldos españoles que vivió una época de especial relevancia en el siglo XVI, pero, al césar lo que es del césar, el vino al que le cabe la honra de haber sido el primero en dar la vuelta al mundo es el de Jerez, lo que trataré de justificar en las siguientes líneas.

El aval de una persona tan prestigiosa como Julio Guillén Tato es una buena acreditación, pero, en realidad, las múltiples páginas de Internet en que se sostiene que el fondillón fue el vino que embarcó en las naos magallánicas no son más que repeticiones sistemáticas a modo de bucle en las que se asegura reiteradamente que es el almirante alicantino quien lo certifica, pero no he encontrado ninguna página en la que sea el propio Julio Guillén quien lo sostenga y mucho menos un documento fehaciente.

En 1518 Carlos I mandó armar la expedición de Magallanes con idea de ir a buscar por mar y por el occidente las especias que dejaron de llegar por tierra desde el oriente a partir de la toma de Constantinopla por los otomanos en 1453. El rey no andaba sobrado de caudales, es más, necesitaba dinero urgentemente para consolidar su nombramiento como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, por lo que la Casa de Contratación fue especialmente meticulosa en los gastos de la expedición, incluyendo el correspondiente al vino, que con 590.000 maravedís supuso el capítulo más oneroso, superior, incluso, al relativo al armamento (cañones, bombardas, falconetes, versos, arcabuces, ballestas con sus flechas, espingardas y picas), armaduras (espadas, mallas, cascos, escudos, coseletes…) y 5.000 libras de pólvora, todo lo cual no superó los 561.000 maravedís. Teniendo en cuenta el precio del fondillón en la época, cuatro veces superior al del jerez, a lo que habría que sumar los gastos del transporte desde Alicante, resulta impensable que el vino elegido hubiera sido otro diferente al del marco de Jerez.

Pero por encima de otras razones sobre las que se podría discutir sin fin, existe la certeza documental. En el libro de bastimentos que se conserva en el Archivo de Indias se recoge escrupulosamente cuanto se embarcó a bordo de las cinco naos, y en el capítulo relativo a la alimentación aparece el precio pagado por la corona por 253 botas y 417 odres de "bino de Xerez", una cantidad importante, pero adecuada al consumo reglamentado de "media de azumbre por marinero y día", es decir, aproximadamente un litro repartido en cuatro cuartillos a lo largo de la singladura (día de navegación contado desde el mediodía al mediodía siguiente). Mientras no aparezca una mención semejante al vino alicantino, la fama de la primera "circunvinación" corresponde y debe seguir correspondiendo al "Xerez". Otra cosa es el marketing y esa propiedad de Internet de la viralidad, capaz de hacer parecer cierto lo que no lo es, y a esos efectos hay que reconocer que el fondillón ha sabido hacer viral un concepto que nunca se ha demostrado, mientras que el Jerez se ha dado menos maña en universalizar lo que es un hecho incontestable.

Otra historia diferente es que realmente el vino completara la vuelta al mundo, a tenor de las calamidades que nos cuenta Pigafetta que pasó la tripulación en términos de hambre y sed, pero justo es decir que el escribano no menciona el vino en su crónica en ningún momento, ni siquiera a la salida de España. En cualquier caso, es un hecho que si hubo un vino que completó o pudo completar la vuelta al mundo no fue otro que el de Jerez, que se embarcó en Sanlúcar en las cantidades y precios probados documentalmente.

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